Convivir con una alergia puede resultar muy molesto. En algunos casos, incluso, puede resultar peligroso. Pero el caso Johana Watkins es extremo. Y es que Johanna le tiene alergia a prácticamente todo. Incluyendo a su marido, a quien no puede tocar u oler porque podría morir en el intento. Watkins padece una extraña enfermedad llamada síndrome de activación mastocitaria. Además en su caso la enfermedad resulta aún más grave, pues se manifiesta de la forma más agresiva posible. Actualmente, Johanna tiene que vivir en una burbuja, aislada prácticamente de todo. Y es que su enfermedad no tiene cura.

Un día en la vida de Johanna

La enfermedad comenzó como algo molesto en la vida de Johanna. Según explicaba para varias fuentes extranjeras, al principio cualquier cosa podía despertar un picor, molestias o malestar estomacal. Poco a poco la cosa fue agravándose. Un día, el solo contacto con su marido le producía un ataque de asma casi letal. "Lo notaba incluso cuando alguien abría la puerta. Mi cuerpo entero se ponía en modo ataque", explicaba Watkins para la FOX. Actualmente, Johanna está aislada en el hospital. Ni tan siquiera su pareja puede acercarse demasiado. Solo come dos veces al día y con los alimentos que son seguros para ella. No puede realizar ningún tipo de actividad en la que necesite dejar la habitación. "Johanna se mantiene viva solo gracias a las precauciones extremas que estamos tomando. No ha salido de la habitación del hospital en un año", contaba su marido a la prensa. La pareja está en estos momento recaudando dinero para poder construir un apartamento especial en el que Johanna pueda vivir separada de su marido y todo lo que podría acabar con su vida.

Cuando tu cuerpo se vuelve contra ti

Una alergia se produce por una reacción excesiva por parte de las defensas de nuestro propio cuerpo. Existen sistemas de control dedicados exclusivamente a que nada extraño pueda entrar en nuestro cuerpo como si nada y hacer de las suyas. Este sistema utiliza anticuerpos para detectar dichas sustancias. Los anticuerpos activan unas células llamadas mastocitos, que son muy abundantes en los ojos, la nariz o los pulmones. Los anticuerpos ante la presencia "peligrosa" provocan que los mastocitos estallen, segregando un montón de sustancias que alertan al cuerpo. De pronto ocurre una vorágines de sucesos: los tejidos se inflaman, se inundan con más anticuerpos, leucocitos y mastocitos que incrementan la reacción. De pronto, la acción que estaba destinada a contener a un cuerpo extraño se ha vuelto en nuestra contra.

En la imagen se observan las células, conocidas como mastocitos, cargadas de histamina. Fuente: Joel Mills (Wikimedia)

Además, irónicamente, la sustancia no era en realidad peligrosa, sino que era una molécula "que se parece" a algo peligroso, pero no lo es. El cuerpo, sin embargo, se ha excedido en sus funciones protectoras y ahora nos cuesta respirar. Es entonces cuando hay que recurrir a los antihistamínicos y otras sustancias para controlar la alergia. Dichos fármacos reducen la acción de los principales mediadores en esta terrible reacción: las histaminas. También se emplean otros productos, como el salbutamol, cuya función es abrir las vías respiratorias y evitar la asfixia. Una reacción alérgica muy fuerte, conocidas como shock anafiláctico, puede resultar letal ya que el cuerpo reacciona de una forma violenta y rápida, lo que puede causar daños muy graves.

El terrible síndrome de activación mastocitaria

Aunque todavía se desconoce muchísimo de esta enfermedad, ahora sabemos que es más común, por desgracia, de lo que pensábamos. Por suerte, la gran mayoría de los casos no pasa de causar molestias. En el caso de Johanna Watkins, sin embargo, se presenta la condición más extrema conocida. Esto se debe a que sus mastocitos, que, como hemos explicado antes, son los mediadores de la respuesta alérgica, se vuelven hipersensibles. Esto provoca que estén constantemente emitiendo sustancias "de aviso", activando sin parar la respuesta inmunitaria. Al comienzo de la manifestación de la enfermedad solo aparecen ciertos efectos suaves que se van agravando hasta el punto de poder llegar al shock anafiláctico.

Fuente: Shutterstock

Por desgracia, como ocurre con Watkins, su cuerpo reconoce casi cualquier sustancia como una amenaza. Esto incluye el polvo o el polen del aire, la comida, los restos de la piel de otras personas, muchas sustancias químicas... Este síndrome no tiene nada que ver con el no reconocido "síndrome de hipersensibilidad química múltiple", del cual no existe ninguna evidencia de su existencia. Al contrario, este síndrome es bastante peligroso para quién lo padece, pudiendo sucumbir en cualquier momento por una reacción agresiva del propio cuerpo. Por el momento, el síndrome de activación mastocitaria no tiene cura y lo único que se puede hacer es mantener a los pacientes aislados de los posibles peligros.

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