Cuando dentro de unas horas la sonda OSIRIS-REx sea enviada al espacio desde el Cabo Cañaveral, seguro que alguien observará con ilusión las operaciones realizadas desde el Centro John F. Kennedy de Florida. Y, posiblemente, su mirada brille más que los ojos de muchos adultos que le acompañarán. Porque él es protagonista de una historia tan entrañable como especial. A la tierna edad de nueve años, Michael Puzio fue el encargado de ponerle nombre al asteroide que tratará de "cazar" la NASA con la nave que hoy pone en órbita.

Hace tres años, la Sociedad Planetaria puso en marcha un concurso para elegir el nombre del asteroide 1999 RQ36. Este era el cuerpo rocoso elegido por la agencia norteamericana para llevar la minería al espacio. El objetivo de los científicos no era otro que llegar hasta el asteroide y tomar muestras de su superficie, con las que estudiar en detalle su composición química y así, tal vez, explicar el origen de la vida en la Tierra.

La mitología como inspiración espacial

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El comité seleccionó la idea de Michael entre las más de 8.000 propuestas recibidas. El niño, que por aquel entonces estudiaba tercer grado en una escuela de Carolina del Norte, había pensado en el nombre de Bennu por la curiosa forma que recogían las ilustraciones de OSIRIS-Rex. Según Puzio, los paneles extendidos y la "aguja" con la que tomaría muestras del asteroide le recordaban a una garza. En la mitología clásica, Bennu era precisamente el "ave Fénix griego" y representaba el símbolo de Osiris.

La elección del nombre OSIRIS-REx (Origins, Spectral Interpretation, Resource Identification, Security-Regolith Explorer, por su siglas en inglés) tampoco fue casual. En la historia egipcia, Osiris era el dios de la resurrección, encarnando además la fertilidad y la regeneración del Nilo. No en vano la misión tiene como objetivo estudiar la composición química del asteroide Bennu y, en particular, encontrar materia orgánica, es decir, los bloques básicos que sirvieron como "ladrillos" para la vida.

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NASA (Wikimedia)

En el instante que Puzio supo que había ganado el concurso, el niño respondió emocionado. "¡Qué bien, voy a ser el primero en nombrar un objeto del sistema solar!", contaban que exclamó. En el pasado, sin embargo, hubo otra joven que bautizó un mundo cercano. Venetia Phair, a la edad de once años, fue la primera en sugerir la denominación de Plutón. Michael, por tanto, no era el primer niño, pero sí el más joven.

Como curiosidad, cuando el módulo de muestreo regrese a la Tierra, dentro de siete años, el hoy adolescente se habrá ido a la universidad. Toda una vida. Por eso quizás sus deseos suenen tan utópicos como entrañables. Michael quiere volar en un millón de misiones, viajar a otras galaxias y enviar astronautas a Marte. Sueños que parecen imposibles, al menos de momento, pero el pequeño Puzio sabe que hasta lo imposible puede convertirse en realidad. Que se lo digan sino a su "yo" del pasado cuando imaginó que el asteroide al que quería viajar la NASA se llamaría Bennu.