El miliciano en Siétamo (Huesca)

Hans Gutmann prácticamente se tropezó con la Guerra Civil Española. No era más que un fotoperiodista alemán que había marchado a Barcelona a mediados de 1936 para documentar la Olimpiada Popular, la respuesta de los antifascistas a los Juegos Olímpicos de una Berlín bajo la bota de Hitler y los nazis, que veían en ellos una buena oportunidad para hacerse propaganda. Pero este evento barcelonés nunca llegó a celebrarse: se había programado entre el 19 y el 26 de julio y, claro, el golpe de Estado de Franco con el que dio comienzo la guerra fue el 18, justo el día previo a la inauguración, y entonces hubo cosas más importantes de las que preocuparse.

De hecho, en vez de la solemne apertura de un acontecimiento deportivo, lo que Gutmann presenció en Barcelona fueron las luchas callejeras entre los fieles a la República y los sublevados, y el fracaso de estos últimos en la ciudad y, por extensión, en toda Cataluña. Gutmann decidió esos días incorporarse a la columna Trueba-Del Barrio de las Milicias Antifascistas, luego llamada Carlos Marx. El 25 de julio marchó con ella a Aragón, y estuvo combatiendo en el frente a lo largo de agosto y septiembre; y tomando fotografías, por supuesto.

Precisamente una de esas fotos, la más famosa que hizo Gutmann durante la guerra junto con la de la joven militante comunista Marina Ginestà, fue la de un individuo también joven, de pelo revuelto, que mira a cámara con lo que podría decirse que es una serenidad satisfecha, y según el pie de foto garabateado por el propio Gutmann que se conserva en la fototeca de la agencia Efe, “instantes antes de ser fusilado”. Pronto se le identificó como el sacerdote Martín Martínez Pascual, tristemente tiroteado el 18 de agosto de 1936 en la localidad turolense de Valdealgorfa, donde había nacido veinticinco años antes.

Material sobre el mártir Martín Martínez Pascual - Torchofthefaith.com

Como era de esperar, la fotografía se ha utilizado para ilustrar la matanza de religiosos del bando de los sublevados durante la Guerra Civil por parte de las milicias republicanas, que puede cifrarse en más de 6.800 asesinados. La Iglesia Católica, abrazada a la dictadura de Franco, los señaló como mártires al considerar que habían muerto simplemente a causa de su fe. Pero, pese a la insistencia del régimen franquista, no fue hasta el papado de Juan Pablo II que empezó el proceso de sus beatificaciones, a partir de 1987. Y para ello hubo de modificarse la norma del Código de Derecho Canónico en 1983 que establecía un mínimo de medio siglo para atender cualquier caso.

A Martínez Pascual le tocó en octubre de 1995 y, antes y después, han corrido ríos de tinta sobre su asesinato que resaltan la expresión serena que se le veía en la foto de Gutmann como aceptación de su martirio, y con otras observaciones acerca de la gracia divina involucrada y anécdotas sobre la entereza del mártir típicas de las hagiografías. Además, se han grabado y escenificado reconstrucciones de su muerte, se han repartido y vendido estampitas con su imagen y esta fue elegida por el periodista Santiago Mata para que apareciese en la portada de su libro sobre la matanza religiosa, titulado hiperbólicamente como El holocausto católico.

Pero hete aquí que, en otoño de 2013, el hijo del anglocanadiense Alec Wainman, que fue traductor, agente de prensa y hasta conductor de ambulancia en el bando republicano, se topó con las más de 1.600 fotografías que este había tomado durante la Guerra Civil y decidió publicarlas en lo que hoy es el libro Live Souls. Wainman retrató el caos en el frente de Huesca, incluyendo lo que ocurría en la zona de la columna Carlos Marx, de la que, como hemos dicho, formaba parte Gutmann, que jamás estuvo en Valdealgorfa. Y entre sus imágenes nos encontramos al individuo barbudo y desgreñado al que el alemán había fotografiado realmente en Siétamo, pero esta vez sonriente, ataviado con un traje militar y una cartuchera al cinto: no se trataba del cura turolense, sino de un miliciano comunista.

El miliciano en Huesca - Alec Wainman

Es difícil que se nos ocurra dos personajes más antagónicos que el beato Martín Martínez Pascual y este miliciano comunista en el contexto de la guerra, y el origen de la confusión, que habrá horrorizado a todos los católicos que hayan encomendado sus oraciones al beato sirviéndose de la estampita con el rostro del miliciano, es lo que el propio Gutmann había escrito al pie: “Sacerdote capturado por las fuerzas republicanas, instantes antes de ser fusilado”. Es decir, se pasó del error del fotógrafo a una beatificación con un retrato erróneo del interfecto.

Nadie es infalible. Ni siquiera Juan Pablo II lo era para los creyentes según la doctrina de la Iglesia cuando, por ejemplo, beatificó a Martín Martínez Pascual ante la imagen de un falso sacerdote; solamente cuando realizaba “una solemne definición pontificia” sobre dogmas de fe o una declaración ex cathedra como las canonizaciones. Sobre santos sí dicen que saben los Papas, pero parece que los beatos y sus fotografías son harina de otro costal.

En cualquier caso, seguro que Gutmann, quien tomó el nombre de Juan Guzmán al huir de España en los primeros meses de 1939 y se trasladó a México, nunca imaginó hasta dónde llegaría su error; y ni mucho menos su obra entera, de unas 135.000 imágenes, que fue descubierta por la investigadora alemana Renata von Hanffstengel cuando él ya había muerto. 3.000 de sus negativos fueron luego vendidos en 1987 a la agencia Efe por Teresita Miranda, la viuda del fotógrafo, y entre ellos, el del sereno miliciano comunista que fue confundido con un sacerdote fusilado en medio de la locura de la guerra.