"El clima ha variado durante los últimos cuatro mil millones de años", afirma Nicolas Sarkozy en unas declaraciones recogidas por Politico. Quien fuera presidente de la República francesa ha añadido que el Sáhara se convirtió en un desierto sin que fuese culpa de la industria. Con estas palabras el ahora candidato a las presidenciales de 2017 se une a la lista de políticos que, de una u otra forma, han negado la evidencia existente sobre el cambio climático.

Los negacionistas del calentamiento global utilizan argumentos muy variopintos para defender sus posturas. "Es un mito", "no hay consenso", "está provocado por el Sol", "los animales y las plantas se pueden adaptar", "no se puede confiar en los modelos o registros de temperaturas" son sólo algunas de las frases que emplean aquellos que rechazan el cambio climático. Sin embargo, la evidencia científica es tozuda: estamos asistiendo a auténticos récords de temperaturas, el nivel del mar sigue aumentando y el hielo de los polos está desapareciendo.

Donde dije digo...

Antes de Sarkozy, otros políticos desecharon la idea de que el ser humano esté detrás del cambio climático. Algunos, por suerte, rectificaron. Otros maquillaron sus posiciones, especialmente cuando sus controvertidas palabras podrían ser usadas en campaña electoral. En el primer grupo, se encuentra Mariano Rajoy, el presidente en funciones del Gobierno español, quien en 2007 cuestionó el calentamiento global aludiendo a un primo suyo. El líder del Partido Popular señaló por aquel entonces que el cambio climático no podía convertirse en el "gran problema mundial". Casi una década después, el político gallego ha tenido que desdecirse de aquellas afirmaciones al defender en la Cumbre del Clima de París que estábamos ante el "mayor reto medioambiental".

Sin salir de España, otro famoso político ha pasado de negar el origen antropogénico del cambio climático a apoyar -no sin titubeos- la evidencia científica existente. Juan Carlos Girauta, portavoz parlamentario de Ciudadanos, se burlaba en un artículo publicado en Libertad Digital en 2007 de aquellos que alertaban sobre las consecuencias de que el clima variase. En 2009, una tribuna publicaba en el mismo medio calificaba de "brutal sectarismo" a los que le acusaban de negacionista del cambio climático. Cuatro años más tarde, en otra columna en ABC, Girauta parecía haber moderado su discurso. No se entendería de otro modo que fuera portavoz parlamentario de un partido, Ciudadanos, que apuesta decididamente por una nueva Ley contra el Cambio Climático.

Vladimir Putin es otro político que ha virado desde una posición negacionista hasta defender la lucha contra el calentamiento global. Según recogía The New York Times, el presidente ruso afirmó en 2003 que su país podría beneficiarse del cambio climático al tener que "gastar menos en abrigos de piel". Con motivo del encuentro celebrado en París, que terminó con la firma de un acuerdo histórico contra el calentamiento global, Putin dijo que "estábamos ante uno de los desafíos más graves que afrontaba la humanidad". Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, pertenece a la segunda clase de políticos, aquellos que no han rectificado su posición. La "maldita hemeroteca" en la que se ha convertido Twitter guarda alguna de sus perlas negacionistas más destacadas:

Trump señaló posteriormente que el tweet en el que aludía a China "había sido una broma". Sin embargo, los mensajes escritos después en esta red social muestran la verdadera cara de un líder político que ha "maquillado" su posición negacionista. Todo ello a pesar de que el 97% de los científicos del clima apoya el origen antropogénico del calentamiento global, según un estudio publicado en PNAS. Aquellos que defienden el rechazo al calentamiento global suelen ser hombres conservadores, según publicó El Confidencial, aunque la edad y el nivel educativo no fueran aspectos determinantes en sus posicionamientos. La conspiración acerca del cambio climático, como recuerda de nuevo Sarkozy, responde a sesgos más o menos conscientes y racionales. Cambiar este tipo de planteamientos parece de obligado cumplimiento en aquellos que se dedican a defender la res pública o que, al menos, aspiran a hacerlo.

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