No fue hasta 1986 que la ciencia entrase en la agenda política y que el sistema de investigación universitaria en España se convirtiese en algo que la sociedad del país tomase como importante; tanto para el presente como para el futuro de España.

Pese a los progresos, los cambios y el aumento de la importancia, la ciencia en el país ha sufrido los vaivenes de un sistema político que apenas ha rozado los verdaderos entresijos de un sector vital. Envejecida, pobre y superviviente; así ha sido la ciencia en España desde la primera ley ad hoc. Y sin embargo, nos quedamos con el concepto de superviviente. Pese a que desde 2008 vivimos los años de la crisis más cruel que ha visto España, el sector ha salido adelante. La biotecnología en España es fuerte tanto dentro como fuera del país; resiste pese a los recortes y se hace fuerte como un sistema económico con potencial para las bases del PIB tanto ahora como dentro de unos años. Y eso se traduce en muchos puestos de empleo e investigación.

Pero como ocurre casi siempre, han de venir de fuera para decir que algo es bueno. La Asociación Europea de Bioempresas ha anunciado los siete finalistas que optan a su ‘Premio a la empresa biotecnológica más innovadora’ en su edición de 2016. Curiosamente, tres de esos siete candidatos son compañías españolas asociadas con ASEBIO, lo cual destaca Ion Arocena, director general de ASEBIO:

“Nos sentimos muy orgullosos de que casi la mitad de los finalistas de los Biotech SME Awards sean españoles. La elección de estas empresas es un reconocimiento a la ciencia y a la biotecnología española, a su carácter innovador y disruptivo. Ya tenemos un hueco en Europa, y en todo el mundo, muy importante, con casos de éxito que demuestran que en España se hace muy buena investigación e innovación. Las últimas operaciones del sector de la biotecnología demuestran que las entidades españolas están en el punto de mira de muchas empresas e inversores internacionales que buscan tecnologías y productos."

Las tres spin-offs de investigaciones universitarias y las tres con gran importancia en sus respectivos campos de trabajo. La alineación de la universidad con el mercado laboral y empresarial nunca había tenido tanta evidencia de qué es lo que funciona.

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ErAnger (Pixabay)

Oryzon Genomics

2008 fue la fecha clave para Oryzon que dio sus primeros pasos bajo la protección de la Universidad de Barcelona y el CSIC.

Una spin-off de un estudio académico que en estos momentos se encuentra en fase de estudio clínico para la puesta en práctica de terapias basadas en epigenética o secuenciación del ADN. Su actividad comercial se centra en la fabricación de fármacos para tratamientos oncológicos o del Alzheimer.

Fundada hace ocho años por Tamara Maes y Carlos Buesa es el ejemplo de que la universidad, como centro de conocimiento, es capaz de crear algo más que estudios académicos. Con 35 empleados en la actualidad se ha convertido en una de las referencias en el sector biotecnológico en España. De hecho, a mediados de 2014 Roche se hizo con los derechos de Oryzon; lo que les posicionaba como una de las farmaceúticas más atractivas del sector.

Plant Response Biotech

El sector de la agricultura es, junto al sector farmacéutico, uno de los más relevantes a nivel mundial. La investigación de nuevas fórmulas de cultivo y mejora de las plantaciones es el objetivo de ésta biotecnológica. Que pese a las polémicas que puedan existir en el sector agrario su misión es que la producción actual sea sostenible y cumpla las necesidades del mercado agrícola. A fin de cuentas, el sector mueve casi 300 millones de euros y crece de media un 15% cada año.

Plant Response Biotech es otra spin-off de la Universidad Politécnica de Madrid fundada por Antonio Molina Fernández y Pablo Rodriguez Palenzuela.

Con cierto éxito en el sector, Plant Reponse Biotech forma parte de la familia de la internacional Monsanto a través de una inversión de 5,7 millones de euros. Sí, esa que ahora mismo está pasando a ser propiedad de Bayer por casi 66.000 millones.

celulas rojas

TiGenix

Fundada en el año 2000, justo cuando muchas voces del mundo auguraban un catastrófico efecto tecnológico a causa del cambio de siglo, nacía TiGenix. Una biotecnológica de raíz española pero que ha conquistado Bélgica, lugar donde tiene situadas sus oficinas. Fue fundada por los profesores Frank P. Luyten y Gil Beyen de la Universidad Católica de Lovaina y de Gante siendo, de nuevo, una spin-off de un ambicioso proyecto. Al poco tiempo vieron a España como un buen lugar para seguir con sus investigaciones y operaciones.

Dedicados a la fabricación de medicamentos a base de células madre derivadas de tejidos adiposos a partir de alta tecnología y con utilidad en el sector del tratamiento de enfermedades autoinmunes e inflamatoria.

Con una larga lista de éxitos, el más renombrado fue su acuerdo millonario con una empresa japonesa, Takeda, para vender su medicamento y participar de la fabricación del producto.