Greenpeace ha sido acusado de "crimen contra la humanidad" por su oposición a los transgénicos. La afirmación, dura y tajante a partes iguales, ha sido recogida en una carta firmada por 110 Premios Nobel en el momento de la publicación de este artículo. Los investigadores piden a la organización que abandone su rechazo a los organismos modificados genéticamente propiciados por la biotecnología y, en particular, al famoso arroz dorado.

Más de cien Premios Nobel han acusado a Greenpeace de "crimen contra la humanidad" por su rechazo a los transgénicos

El arroz dorado es una variedad de arroz creada por Ingo Potrykus (Institute for Plant Sciences, Swiss Federal Institute of Technology) y Peter Beyer (University of Freiburg), dos entidades de carácter público coordinadas por el Instituto Internacional de Investigación para el Arroz (IRRI). Gracias a la ingeniería genética, la producción de este arroz en el laboratorio consiguió superar uno de los máximos desafíos de la agricultura: la deficiencia de vitamina A.

Los transgénicos no son sólo Monsanto

El arroz es el alimento básico de 800 millones de personas en todo el mundo y, sin embargo, cuenta con tres problemas nutricionales importantes: presenta poco hierro biodisponible y bajas cantidades de lisina (un aminoácido esencial) y tampoco tiene Beta-caroteno, el precursor de la vitamina A. Como consecuencia, el déficit de vitamina A produce un millón de muertes infantiles al año y más de 500.000 niños padecen ceguera. Una de las posibles soluciones podría venir de la mano de la ingeniería genética, fabricando un arroz que presentase la vitamina A que de forma natural no contiene. Eso se consiguió inicialmente en un trabajo publicado en Science en el 2000, aunque sería mejorado en una investigación posterior difundida en Nature Biotechnology.

El arroz dorado está modificado para solventar la deficiencia en vitamina A de miles de niños

A pesar de los beneficios del arroz dorado, Greenpeace siempre ha mantenido que se trata de un "caballo de Troya". Según la organización ecologista, la liberación de transgénicos al medio ambiente "puede provocar daños irreversibles en la biodiversidad y los ecosistemas". La entidad afirma que "la seguridad a largo plazo de los alimentos transgénicos para los humanos y los animales sigue siendo desconocida y no existe un consenso científico sobre su seguridad", además de apuntar que "no se opone a las aplicaciones médicas" de los organismos modificados genéticamente, como la insulina recombinante.

La estrategia de Greenpeace se ha sostenido señalando que el arroz dorado abre la puerta de otros cultivos "peligrosos e inseguros" de compañías privadas como Monsanto, Syngenta o Bayer. Sin embargo, a pesar de que parte de la investigación del arroz dorado se hizo en universidades públicas, parte del desarrollo tecnológico fue realizado por científicos de Syngenta y otras empresas. Todas las compañías privadas asociadas han liberado la patente sobre el arroz dorado para que pueda ser utilizado gratuitamente con fines humanitarios. Como curiosidad, y a pesar de la creencia popular, no son sólo grandes multinacionales las que apuestan por esta tecnología: un país tan alejado del capitalismo como Cuba cultiva transgénicos desde hace años. Pero no es suficiente para Greenpeace.

No debemos caer en una falacia de autoridad

La misiva firmada por 110 Premios Nobel, a pesar de su gran impacto mediático, no debería ser tan importante. Cuando se trata de cuestiones asociadas con la investigación, es hora de analizar la evidencia científica existente. En caso contrario, caemos en una falacia de autoridad. Y aunque estos reconocidos investigadores sí cuentan en este caso con la evidencia científica de su parte, no siempre ocurre eso. Basta citar dos ejemplos: la ocasión en la que un Nobel apoyó la homeopatía y el momento en que otro científico galardonado por la Academia sueca negó la vinculación entre el VIH y el SIDA. Tener un Nobel, mal que nos pese, no vacuna contra la estupidez.

Es preferible apostar por la evidencia científica y no por argumentos que pueden ser criticados por ser una "falacia de autoridad"

En el campo de los transgénicos y en cualquier cuestión científica, debemos apostar por la evidencia. Durante más de tres décadas, la investigación ha recogido pruebas fehacientes de que los organismos modificados genéticamente son seguros y sanos. Greenpace se equivoca aquí.

A pesar de sus grandes campañas para proteger el medio ambiente, la organización ecologista usa argumentos ideológicos, económicos y sociales para rechazar la ingeniería genética. Ninguno de ellos cuenta con el respaldo de la ciencia.

La humanidad lleva miles de años modificando genéticamente las especies que selecciona en agricultura y ganadería. En los últimos años, los estudios realizados caso por caso, aplicando el principio de precaución, demuestran que los transgénicos obtenidos por la investigación biotecnológica son seguros. Es hora de que Greenpeace rectifique y atienda a la evidencia científica. Pero no porque lo digan Premios Nobel, sino porque la evidencia acumulada en los últimos años es de tal envergadura que su oposición resulta ridícula y minusvalora su labor.


Disclaimer: Ángela Bernardo es licenciada con grado en Biotecnología por la Universidad de León (2011), máster en Industria Farmacéutica y Biotecnológica por la Universitat Pompeu Fabra (2012) y realiza el doctorado a tiempo parcial en Derecho y Biotecnología en la Universidad del País Vasco. Fue presidenta de la Federación Española de Biotecnólogos (FEBiotec) desde 2010 a 2012, trabajó como redactora en el Departamento de Comunicación de la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO) desde 2013 a 2015 y es vocal de la Sociedad Española de Biotecnología (SEBiot) desde 2014.