Escuché a Tim Hunt en un congreso organizado por la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular en 2010. En la conferencia de clausura, repasaba el papel de unas proteínas esenciales para el ciclo celular (conocidas como ciclinas y quinasas dependientes de ciclinas), investigación que le valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2001.

Tim Hunt comentó que estaba a favor de "laboratorios segregados por sexos"En aquella ponencia, Hunt me pareció no sólo un excelente científico, sino también un buen divulgador. Pero hace sólo unas horas, la buena opinión que tenía de él cambió. En el marco de la World Conference of Science Journalists, Tim Hunt hizo un comentario jocoso fuera de tono. "Déjenme que les cuente cuál es mi problema con las mujeres", comenzó.

El silencio en la sala fue sepulcral, describió Connie St Louis, profesora de periodismo científico. Pero Hunt continuó con su chascarrillo. "Tres cosas ocurren cuando uno comparte el laboratorio con ellas: se enamoran de uno, uno se enamora de ellas y cuando se las critica, ellas lloran", explicó. El comentario, que según el investigador británico pretendía ser irónico, fue empeorando cuando añadió que "estaba a favor de los laboratorios segregados por sexos".

Por desgracia, éste no es el primer ni el último ejemplo de machismo en ciencia. Tampoco será el único despropósito que escuchemos a alguien con una talla intelectual como la de Tim Hunt, merecedor del máximo galardón de la comunidad investigadora. Antes de él, otros Premios Nobel fueron más conocidos por sus frases inoportunas que por sus logros científicos.

Kary Mullis y el VIH

En 1993, Kary Mullis recibía el Premio Nobel de Química por el desarrollo de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). La técnica, que ha revolucionado la investigación en biología molecular, se aplica en ámbitos tan dispares como el diagnóstico genético o los análisis forenses. La invención, según contó Mullis durante la recepción del galardón, se le ocurrió mientras conducía en California. Un verdadero momento ¡Eureka!, digno del mismísimo Arquímedes, que el científico llegó a atribuir a sus experiencias con el LSD en la década de los sesenta.

Tim Hunt

La contribución de Mullis al mundo de la biología fue inestimable. La técnica de la PCR cambió absolutamente la forma en la que se trabajaba con el ADN, y a día de hoy es utilizada en miles de laboratorios de todo el mundo. Pero tan pronto como obtuvo el reconocimiento, Kary Mullis empezó a coquetear con las corrientes pseudocientíficas que negaban la existencia del VIH, el virus que está detrás del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).Mullis apoyó las teorías negacionistas sobre el VIH

Su primera salida de tono fue por escrito. En el prólogo del libro Inventing the AIDS Virus (Regnery Publishing, INC; Washington DC, 1996), escrito por Peter H. Duesberg, el científico afirmaba "que nadie había probado la relación entre el VIH y el SIDA". La corriente negacionista del virus encontraba en Kary Mullis el altavoz perfecto para saltar a los medios de comunicación.

Las declaraciones fueron rechazadas por Luc Montagnier, codescubridor del VIH y Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2008. Irónicamente, la técnica de la PCR que inventó Mullis se emplea hoy en los laboratorios para detectar, entre otros, virus como el VIH.

Ivar Giaever contra el cambio climático

El ejemplo de Kary Mullis puede aplicarse también a otros investigadores que deciden opinar sobre temáticas de las que no son expertos, como hizo hace unos años Ivar Giaever. Este físico, galardonado con el Premio Nobel de Física de 1973 por sus trabajos sobre semiconductores y superconductores, rechazó en una conferencia en Lindau las teorías sobre el cambio climático.

Giaever criticaba que Al Gore, vicepresidente de Estados Unidos durante el gobierno de Clinton, y Rajendra Pachauri, director del Intergovernmental Panel on Climate Change hasta 2015, hubieran hecho famoso el incremento de la temperatura global debido al aumento de los niveles de dióxido de carbono. La evidencia científica sobre el cambio climático, sin embargo, no estaba del lado de Giaever:

Gajdusek, un Nobel empañado por los abusos

El siguiente ejemplo, por desgracia, va más allá de unas declaraciones tontas en el momento menos adecuado. En la década de los cincuenta, se describía en Papúa Nueva Guinea una enfermedad caracterizada por los temblores, que recibió el nombre de "kuria" o "kuru". El médico Carleton Gajdusek se trasladó allí para saber qué ocurría en la tribu Fore. En aquel momento no lo sabía, pero sus estudios darían lugar al descubrimiento de un nuevo tipo de enfermedades infecciosas.

Estas patologías, entre las que después se encontrarían la encefalitis espongiforme bovina (o "mal de las vacas locas"), la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob y el "scrapie" de las ovejas, no estaban causadas por una bacteria o un virus. Tal y como analizó primero Gajdusek, y propondría después Stanley B. Prusiner, el origen de estos trastornos se debía a una proteína mutada, más conocida como prión.

Tim Hunt
Carleton Gajdusek, en la imagen sin corbata y con las gafas en la mano. Fuente: National Library of Medicine

En 1976, Carleton Gajdusek compartía el Premio Nobel de Fisiología o Medicina con Baruch S. Blumberg por sus "descubrimientos sobre nuevos mecanismos para el origen y la difusión de enfermedades infecciosas". Como explica José Ramón Alonso en su libro La nariz de Charles Darwin y otras historias de la neurociencia (Editorial Almuzara, 2013), "su éxito científico quedó embarrado al final de su vida por una acusación de abusos pedófilos".

Después de varias estancias de investigación en Nueva Guinea, Gajdusek recogió a 50 niños y se los llevó a Maryland (Estados Unidos), donde muchos de ellos completaron estudios universitarios. Sin embargo, tiempo después un joven le acusó de haber abusado de él durante la infancia. En 1997, el científico fue declarado culpable y condenado a prisión. Gajdusek, lejos de arrepentirse, criticó la legislación de EEUU y se reafirmó diciendo "que sólo lo había hecho con muchachos de culturas en las que la relación sexual entre niños y adultos era habitual", como cuenta Alonso en su libro.

Watson: sexismo, racismo y homofobia

Quien fuera conocido por el descubrimiento de la doble hélice del ADN, y reconocido junto con Francis Crick y Maurice Wilkins por su trabajo científico, vive ahora sus horas más bajas (el año pasado, por ejemplo, intentó subastar la medalla del Nobel). James Watson, que ya se olvidó de mencionar a Rosalind Franklin durante la entrega del Premio Nobel en 1953, es famoso por sus comentarios sexistas, homófobos y racistas.

Cuando publicó su libro La doble hélice: relato personal del descubrimiento de la estructura del ADN (Alianza Editorial, 2011), el investigador se refería a Franklin despectivamente con el nombre de "Rosy". Añadía también que "aunque sus rasgos eran fuertes, era poco atractiva", sin mencionar en ningún momento el gran mérito que tuvo la cristalógrafa al captar la imagen 51.

Tim Hunt
James Watson (izquierda) y Francis Crick (derecha) muestran el modelo de la doble hélice. Imagen de A. Barrington Brown.

Años después, Watson volvería a las andadas al comentar que "los africanos eran menos inteligentes que los occidentales". Él mismo fue el que sugirió que "si se descubría el gen de la orientación sexual, y una mujer no quería tener un hijo homosexual, deberíamos permitírselo". Sus declaraciones fueron suficientes para que el prestigioso Cold Spring Harbor Laboratory le expulsara.

Algo que ha ocurrido también con Tim Hunt, que se ha visto obligado a disculparse y a dejar su cargo honorífico en la University College London por las críticas recibidas. Curiosamente, esta institución académica fue la primera en Inglaterra en admitir a mujeres como estudiantes. Las palabras de Hunt, como vemos, no son un caso aislado en el mundo de la ciencia, aunque por fortuna no deje de ser algo minoritario.