El dióxido de carbono, comúnmente mencionado como CO2 en numerosos artículos, es el principal causante de uno de los fenómenos más terribles que vivimos a día de hoy: el cambio climático. Pero también es una sustancia natural que se produce cuando respiramos, en muchas operaciones cotidianas de nuestra vida y como residuo de la industria. Pero el CO2 también puede emplearse como materia prima. Sí, las moléculas de dióxido de carbono pueden "fijarse" mediante diversos procesos para convertirse en materiales útiles. Los procedimientos para hacerlo son variados y van en aumento. Pero ¿cuáles son sus implicaciones? La técnica promete ayudar a crear una industria más limpia y mejor, que convierta un residuo muy peligroso en una materia prima barata y eficiente. Por suerte, ya hay empresas que están llevando a cabo iniciativas pioneras que demuestran su utilidad.

Haciendo muebles a partir de CO2

Esto es precisamente lo que mostraba recientemente Covestro, una de las principales productoras de polímeros del mundo. Los polímeros son moléculas gigantes formadas por la unión de muchísimas otras moléculas más pequeñas, como si fueran piezas o ladrillos, todas iguales y que se denominan monómeros. La compañía, antes conocida como Bayer MaterialScience, tiene una larga carrera y experiencia creando polímeros útiles para construir materiales. Así, lo que hacen con el CO2 es fijar su molécula convirtíendola en otra llamada poliol o polialcohol. Para ello cogen el gas y lo "fijan" en estos polioles, moléculas alcohólicas muy hidratadas que emplearán como monómeros, esas unidades básicas, en la construcción de un polímero: el poliuretano.

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Espuma de poliuretano

El poliuretano es una de las sustancias plásticas más empleadas y útiles que conocemos. Los poliuretanos se emplean en construcción como espumas aislantes, como pegamentos selladores, como material textil, moldes, embalajes, piezas mecánicas e incluso muebles. De hecho, estos últimos constituyen el primer ejemplo comercial de la venta de un producto obtenido a partir del CO2. Efectivamente, el dióxido de carbono empleado en el proceso termina convirtiéndose en un bonito colchón. O en el relleno para un sofá. Aunque pueda parecer baladí, esto no es ninguna tontería, pues supone el primer ejemplo comercial (y viable) de un material puesto a la venta y obtenido a partir de CO2.

De residuo a materia prima

La fijación de CO2 no es una técnica nueva. Aunque la metodología es particular, como la usada por Covestro, varios laboratorios la conocen desde tiempo atrás. La promesa de esta técnica es clara: convertir un residuo problemático en una materia prima. El proceso es terriblemente interesante por varias cuestiones. En primer lugar, el CO2, como ya hemos dicho, es un contaminante producido en enormes cantidades por la industria. Aunque todos los seres vivos producimos CO2, las enormes cantidades arrojadas a la atmósfera por la maquinaria, los vehículos y los procesos industriales elevan a cantidades insostenibles su concentración. Por ello, uno de los objetivos del pasado COP21 fue comprometer a los países a que redujesen la cantidad de dióxido de carbono producido.

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Planta de Covestro en Dormagen. Fuente: Covestro.

El dióxido de carbono, al ser uno de los principales protagonistas del calentamiento global y el cambio climático, está en el punto de mira de organizaciones y gobiernos. Combatirlo es de interés general y una muestra de prácticas "verdes" dentro de la empresa, lo que se premia de diversas maneras. Por otro lado, la técnica para fijar el dióxido de carbono es bastante eficiente. Superando algunas barreras propias de la naturaleza química del CO2, lo cierto es que es un proceso eficiente y limpio. Y, además, nos permite independizarnos de los combustibles fósiles, principal materia prima hasta la fecha para la obtención de polímeros plásticos.

Con el uso del CO2, la industria pretende reducir drásticamente las emisiones, tanto por la reutilización como por dejar de usar combustibles perniciososCon el uso del CO2, la industria pretende reducir drásticamente las emisiones, tanto por la reutilización como por dejar de usar combustibles perniciosos. De esta manera en concreto, Covestro pretende reducir su huella de carbono, es decir, la impronta de CO2 vertido al medio, en un 50% para 2025. El proceso requiere menos energía para producirse y no produce residuos lo que lo convierte en ecológicamente sostenible. Además, con su línea comercial de materiales obtenidos del CO2, está demostrando que la tecnología ya es viable y rentable. Sólo hay que saber cómo enfocarla.

El primer paso de un cambio

Me gustaría insistir en ello: lo importante de este proceso no recae, probablemente, en la técnica. Sino en el hecho de comercializar por primera vez un producto procedente del CO2. Con el nombre comercial Cardyon, Covestro presentó recientemente una línea completa de colchones. Una iniciativa que podría disparar el pistoletazo de salida para una tecnología que lleva "cociéndose" varios años. ¿Estaremos ante el boom de los productos sacados a partir del CO2? Bueno, tal vez parezca exagerado decirlo. Pero está claro que este es un primer paso y muy importante. Especialmente, como decíamos, por provenir de una de las compañías más grandes e importantes a nivel mundial.

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Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Hay que tener en cuenta que el proceso, aunque comercialmente viable, todavía no aprovecha cualquier tipo de emisión. La obtención de CO2 proviene principalmente de la biomasa, es decir, de la quema de madera y carbón. Aunque no se especifica el foco del recurso, hay un aspecto claro en esta técnica y es que debe evolucionar para poder emplear todo tipo de emisión de dióxido de carbono contaminante. Si alcanzáramos este punto nos encontraríamos ante una situación completamente diferente, si no invertida, en cuanto a la emisión de gases contaminantes. Para ello todavía queda mucho camino, pero al menos ya hemos dado el primer paso.