Es triste comprobar que, cuando los líderes de Europa se refieren a los atentados que el Daesh perpetró en Bruselas el pasado marzo como un ataque a los valores europeos, a uno se le tuerce el gesto al recordar qué valores exhibe la Unión Europea cuando, no sólo sus miembros no cumplen con el compromiso de acoger a los refugiados sirios que se les ha encomendado, sino que además se libran de ellos en conjuntos endilgándoselos a Turquía a cambio de vil metal y concesiones inapropiadas. Sobre todo siendo que estas personas no son refugiados por gusto, sino que huyen del horror de la guerra, y que varias ONG, como Amnistía Internacional, aseguran que este estado anatólico no respeta las garantías de buen trato que establece la legislación internacional ni, así, los derechos humanos.Europa ha caído en una hipocresía histórica: decenas de miles de europeos se refugiaron en Siria durante la Segunda Guerra Mundial

Pero la perspectiva empeora cuando uno es consciente de que se puede caer más bajo con una hipocresía histórica: decenas de miles de europeos se refugiaron en Siria, bajo el control francés, y en otros países de Oriente Medio, Egipto y Palestina, durante la Segunda Guerra Mundial, y escapaban de las mismas atrocidades que los sirios en estos últimos años. Así que, sabiéndolo, resulta muy difícil no percatarse de que los valores humanistas europeos que nuestros políticos enarbolan cuando les conviene están hoy en entredicho.

El campo de refugiados europeos que se alzó en Siria durante la Segunda Guerra Mundial

El drama de los sirios que cruzan tierra y mar en dirección a Europa en la actualidad es idéntico al de los europeos que recorrieron el mismo camino, pero a la inversa, hace más de setenta años. La Administración de Refugiados y Alivio de Oriente Medio, conocida por las siglas inglesas MERRA, construyeron campamentos para refugiados de toda Europa no muy lejos de las localidades egipcias de Alejandría, El Cairo y Suez y el desierto del Sinaí, de la palestina Deir al-Balah y, sí, a las afueras de la hoy tristemente conocida Alepo, que ha sufrido la Guerra de Siria y la destrucción del Daesh como pocas.A las afueras de Alepo, hoy destruida por la guerra y el Daesh, había un campo de refugiados europeos hace más de 70 años

Buena parte de estos refugiados procedían de Grecia, Bulgaria, Croacia, Yugoslavia y la misma Turquía, pero los había de todas las nacionalidades europeas de los países afectados por la guerra. Los informes sobre los campos redactados en 1944 explican con detalle cómo se organizaban y cuáles eran las condiciones de vida en los mismos: el registro y la obtención de tarjetas indentificativas, la meticulosa inspección médica, el aseo y la desinfección a que eran sometidos al llegar por prudencia necesaria, y periódicamente, la distribución en viviendas familiares, infantiles, masculinas y femeninas, que eran tiendas de campaña, o la mitad de las raciones del ejército que podían ofrecerles a diario, complementadas a veces con su propia comida tradicional.

refugiados sirios
El general estadounidense Allen Gullion y Fred Hoehler, de Naciones Unidas, ante un mapa del movimiento de refugiados de la 2ª Guerra Mundial - Pri.org

En el campo de refugiados de Alepo, por ejemplo, las mujeres preparaban macarrones con la harina que les proporcionaban los funcionarios y, como en los otros, durante las salidas a la ciudad que en ocasiones podían realizar bajo la supervisión de estos, aprovechaban para asistir a las proyecciones del cine local y distraerse, y adquirían suministros básicos como aceitunas, legumbres, fruta, aceite, té o café para los comedores o jabones y artículos para el afeitado y la escritura.El espectáculo lamentable de Europa con los refugiados sirios contrasta con el gran esfuerzo colaborativo por los que huían del horror en la Segunda Guerra Mundial

Se les pidió a los refugiados que trabajaran para el mantenimiento del campo, y muchos se ofrecieron para ser limpiadores, cocineros, carpinteros y zapateros remendones. Los niños disponían de zonas de juegos con columpios y demás y recibían educación elemental en aulas habilitadas para esta función, e incluso se formaba a los adultos en enfermería, primeros auxilios y rutina militar; y se practicaban deportes como el fútbol y el baloncesto y hasta se organizaban bailes. Todo para que la vida en los campos fuera digna y sus moradores volviesen a sentir la normalidad humana.

Así, el espectáculo lamentable que está dando ahora Europa con los refugiados sirios contrasta vivamente con el gran esfuerzo colaborativo que llevaron a cabo entonces los distintos gobiernos implicados, las instituciones militares, los organismos de ayuda nacional e internacional y agrupaciones como la Cruz Roja, el Servicio de Migración Internacional o las fundaciones Salvemos a los Niños y Cercano Oriente para colaborar con MERRA y, luego, con las Naciones Unidas en favor de los campos en los que, como hoy, habiéndose alejado de la brutalidad que sufrieron, montones de personas sólo aspiraban a estar a salvo y sobrevivir. Qué pena de Europa.