Si pudiéramos retroceder en el tiempo dos millones de años, contemplaríamos un episodio tan brillante como inquietante. Y es que la explosión de al menos dos supernovas, situadas aproximadamente a 300 años luz de la Tierra, pudo bañar nuestro planeta de una especie de "lluvia radiactiva". Eso es al menos lo que afirma un estudio publicado en la revista Nature.

Una supernova es una explosión de una estrella, que produce una luminosidad superior al brillo de 100.000 millones de estrellas en la galaxiaUna supernova es, en términos sencillos, la explosión de una estrella. Según explica a Hipertextual el Dr. Jordi Isern, del Instituto de Ciencias del Espacio (IEEC-CSIC), "las estrellas brillan gracias a la fusión termonuclear de sus elementos". Por ejemplo, el Sol brilla porque fusiona el hidrógeno para dar helio. Estas fusiones sucesivas transforman la composición química de cualquier estrella, que va cambiando poco a poco del hidrógeno al hierro. "El hierro no puede fusionarse más, por lo que se va acumulando. Cuando llega a un valor crítico de 1,4 veces la masa del Sol, se hunde para dar lugar a una estrella de neutrones, que libera energía gravitatoria. Esa energía es capturada por la envoltura que rodeaba al corazón de hierro y es entonces cuando la estrella explota", comenta Isern.

Los efectos del "baño radiactivo"

En la historia del Sistema Solar, las supernovas han jugado un papel fundamental. "Antes había indicios de que la explosión de supernovas habían desencadenado la formación de nuestro Sistema Solar", dice el astrofísico del IEEC-CSIC. "A lo largo de la vida de la Tierra y del Sol hemos tenido que vernos afectados por alguna explosión cercana", sostiene el investigador. Esta hipótesis se planteaba desde finales de los años ochenta y el trabajo publicado en Nature, que a juicio de Isern es "realmente interesante", aporta información más precisa sobre ello. En particular, el estudio determina que hace 2,2 millones de años la explosión de al menos dos supernovas gigantes provocó efectos importantes en la Tierra. En otras palabras, nuestro planeta fue bañado por una lluvia radiactiva cuyas huellas pueden encontrarse todavía hoy en las profundidades del océano.

La explosión de supernovas hace millones de años dejó un rastro radiactivo en las profundidades del océanoCuando una supernova explota, "la cantidad de energía gravitatoria que libera es enorme", señala a Hipertextual Dieter Breitschwerdt, del Instituto de Tecnología de Berlín y primer autor del trabajo. "La luminosidad que se produce durante la explosión es equivalente a la que generan 100.000 millones de estrellas en la galaxia", comenta el investigador. Durante ese estallido cósmico, "se eyecta al espacio gran cantidad de elementos radiactivos como el aluminio-26 o el hierro-60", explica Isern. "Algunos son elementos de vida corta, pero otros tienen una vida más larga, por lo que son atrapados en granos de polvo o meteoritos para ser luego capturados por la Tierra", prosigue el científico del IEEC-CSIC.

La gran explosión de supernovas ocurrida hace 2,2 millones de años bañó a nuestro planeta de este tipo de elementos radiactivos. Pero este auténtico "bombazo" puede tener también consecuencias imprevisibles sobre el clima o sobre las extinciones masivas. "Si una supernova está muy cerca, a 25 años luz o 8 parsecs, nos puede hacer mucho daño por el material que expulsa", dice Isern. Por el contrario, si la explosión estelar ocurre más lejos, a una distancia de 100 años luz o 30 parsecs, "nos puede afectar a través de la luz ultravioleta que emite, que se come literalmente la capa de ozono, o mediante la radiación cósmica, que puede llegar a la superficie provocando mutaciones en los seres vivos y su muerte directa", cuenta el científico.

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Restos de la supernova Cassiopeia A. Imagen: NASA (Flickr)

¿Qué efectos tuvo el baño radiactivo que sufrió la Tierra? Según comenta a este medio Breitschwerdt, la cantidad de hierro-60 que cayó sobre el planeta fue aproximadamente media tonelada. "Esto podría parecer mucho, pero si lo distribuyes por la superficie completa, es realmente poco. La lluvia radiactiva fue mucho menor que la que ocurrió en el accidente de Chernóbil", explica. En opinión de Isern, el trabajo ofrece una "pauta temporal" para comparar las explosiones de supernovas con hipotéticas catástrofes ocurridas en la Tierra. Cambios en el clima o extinciones masivas, por ejemplo, podrían ser correlacionados con estos "bombazos cósmicos".

Es muy improbable que ocurran explosiones de supernovas que afecten a la Tierra en los próximos millones de añosAunque el estallido de una supernova suceda lejos de nuestro planeta, sus efectos pueden traducirse en una disminución drástica de las temperaturas, con el consiguiente impacto sobre los seres vivos, sostiene Breitschwerdt. El investigador alemán especula que quizás algunas de las glaciaciones recientes podrían explicarse por la explosión de supernovas. Ese es, precisamente, el interrogante abierto más importante que deja este trabajo, en opinión de Isern. A su juicio, la investigación debe determinar ahora el efecto de las "lluvias radiactivas" sobre el clima, un estudio que se puede aplicar al diseño de los modelos climáticos actuales.

Por lo demás, ambos científicos coinciden en que es muy improbable que ocurran explosiones de supernovas al menos en los próximos 100.000 años. "Creo que durante los siguientes millones de años estaremos seguros", bromea Breitschwerdt. El científico alemán también incide en el "lado bueno" de los estallidos estelares. "Pueden ser una amenaza para la vida, pero también generarla al fabricar elementos químicos como el carbono o el oxígeno. Y además pueden disparar la formación de nuevas estrellas como el Sol", resalta. Y es que por inquietantes que parezcan las supernovas, Isern insiste en calmarnos. "El medio interestelar es extremadamente hostil, pero vivimos en un planeta confortable. Contamos con la atmósfera y el campo magnético que nos protegen, y además nuestro Sol es un astro muy tranquilo", concluye.