R. Gino Santa Maria | Shutterstock

La lucha contra el **ébola** no ha terminado todavía. La peor epidemia de esta enfermedad, que comenzó en marzo de 2014, ha dejado cerca de 30.000 casos y más de 11.000 muertos. Una grave crisis sanitaria provocada por un virus mortífero contra el que, hasta la fecha, sigue sin haber tratamientos ni vacunas. Las lecciones que aprendimos sobre esta peligrosa infección, que atacó especialmente a África, no se centran únicamente en comprender que la investigación contra este tipo de enfermedades es más necesaria que nunca. La crisis del ébola también deja otras enseñanzas importantes, como por ejemplo, qué medidas fueron eficaces para frenar al virus en las tres regiones más afectadas, Guinea, Sierra Leona y Liberia.

Un trabajo publicado en la revista *Proceedings of the National Academy of Sciences* se centra en evaluar las tareas realizadas en **Sierra Leona**, el país donde atacó con mayor virulencia el ébola, con casi 14.000 casos y 4.000 fallecidos, según datos de la Organización Mundial de la Salud. El estudio, que realiza un completo análisis de la distribución espaciotemporal de los casos de ébola, muestra que las medidas realizadas a partir de octubre de 2014 por Naciones Unidas fueron efectivas. A partir de octubre, cuando la estrategia fue implementada inicialmente, el número de pacientes se redujo en un 43%, mientras que este porcentaje alcanzó el 65% en el momento en el que se logró el aislamiento de los afectados y la realización de entierros seguros.

La investigación, realizada por científicos de China y Estados Unidos, sirve para valorar la dinámica de la transmisión de un **virus** que poco a poco se va «apagando». Sin embargo, la amenaza sigue ahí. De acuerdo a la OMS, todavía existen «riesgos residuales» que impiden despertar la euforia en la comunidad internacional. Recientes casos en Sierra Leona o Guinea muestran que el virus se resiste a desaparecer del continente africano. Los anuncios anteriores de control del brote epidémico se realizan si, una vez transcurridos los 42 días -el doble de tiempo del período de incubación-, no se registran nuevos pacientes afectados. Las cifras invitan al optimismo, aunque los investigadores deben seguir probando los tratamientos y vacunas que se encuentran en estudio para comprobar su eficacia y seguridad. El nuevo trabajo hoy publicado aporta además pruebas sobre la eficiencia de las medidas puestas en marcha durante la crisis del ébola, una de las peores epidemias de la historia reciente que se recuerda.

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