Con The Forest, primer largometraje del californiano Jason Zada después de tres cortos, nos llega la última entrega de terror estadounidense que mira en cierta forma al imaginario japonés y, además, se ambienta en el país del sol naciente.**La exitosa hornada de películas de terror japonesas que se exportó al resto del mundo durante unos años desde finales de los noventa, que provocó que otros países de Oriente se aventuraran en el género e incluso que la regurgitadora industria hollywoodiense apostara por realizar varios remakes de las más significativas con mayor o menor fortuna, se agotó hace tiempo. Pero no antes de que nos llegaran la potentísima The Ring (Gore Verbinski, 2002), con su digna secuela (Hideo Nakata, 2005), o las malogradas The Grudge (Takashi Shimizu, 2004) y Dark Water (Walter Salles, 2005), por ejemplo.

A este género se le llama j-horror o kaidan eiga, y se caracteriza por ofrecer historias de fantasmas con una buena dosis de terror psicológico y una particular estética de lo horripilante, que se aleja de los excesos sanguinolentos y se decide por limpias imágenes perturbadoras, en ocasiones de una espeluznante belleza. Y algo de esto hay en The Forest, más adecuadamente traducida como El bosque de los suicidios, en la que una joven estadounidense (Natalie Dormer) viaja a Japón en busca de su hermana gemela y se adentra para encontrarla en el siniestro bosque Aokigahara, que se encuentra a los pies del famoso e imponente Monte Fuji.

La premisa es francamente sugerente**, y uno puede dejar volar su imaginación ante las grandes posibilidades que esta puede tener para realizar una película de terror con tintes orientales. De hecho, que el Aokigahara sea un bosque al que popularmente se considera maldito, lleno de espíritus y demonios y al que muchísimas personas han acudido y acuden para suicidarse es cierto, es algo real. 'The Forest' es una corta sucesión de andanzas fantasmagóricas que se sigue sin problemas pero que no levanta un solo vello del cuerpo en ningún instante; no causa horror algunoAsí que Zada y sus tres guionistas, entre los que destaca Nick Antosca, que proviene de la exquisita y perturbadora serie de televisión Hannibal (Bryan Fuller, 2013-2015), han tenido muy buen ojo en la elección del que pudiera haber sido el gran protagonista después de Dormer, el espacio inquietante del bosque al estilo del Hotel Overlook en un hito como The Shining (Stephen King y Stanley Kubrick, 1977 y 1980) y su hijo no muy aventajado, el Hotel Cortez en la enderezada American Horror Story: Hotel (Ryan Murphy y Brad Falchuk, 2015-2016).

El equipo artístico le aporta los elementos constitutivos del j-horror, y uno los reconoce con suma facilidad, incluyendo algunos detalles estéticos breves, de observación y detenimiento en los que Zada utiliza la propia naturaleza física del bosque para provocar sensaciones desasosegantes. Pero a dichos elementos se los trata de manera superficial, no con la mirada pobre de la supuesta profundidad oriental de la que pecamos los occidentales que algunos han querido ver, sino sin inventiva sencillamente, como si en verdad la historia pudiese haber sido ambientada en cualquier otro bosque tétrico del mundo.

Y en esa superficialidad se queda durante todo el metraje, armando una corta sucesión de andanzas fantasmagóricas que se admite y se atiende sin demasiados problemas pero que, por desgracia, no levanta un solo vello del cuerpo en ningún instante; no causa horror alguno. Pese a los esfuerzos de Dormer, a la que muchos conocemos por su papel de Margaery Tyrell en Game of Thrones (David Benioff y DB Weiss, de 2011 a la actualidad), ya no se trata de sólo la falta de energía de la batuta en manos de Zada, sino que el resultado es una clarísima muestra del agotamiento de la propia fórmula del kaidan eiga.

Esto llega hasta el punto de que, en las escenas más trágicas, el espectador ni siquiera cambia el gesto porque ni le alteran ni le conmueven lo más mínimo. Y aunque se agradece que la pretensión de Zada no sea atiborrar su película de sustos baratos, como han sugerido algunos sin razón, sí debería aprender de los ejemplos más reputados del cine en temática fantasmal para empujarle a uno a que se muerda las uñas viendo un filme de esta clase, en vez de la mueca de desagrado que uno es incapaz de reprimir justo tras la última y burdísima imagen que aparece en pantalla antes de los créditos.

Conclusión

Así pues, si uno se sienta a ver la epidérmica The Forest, que lo haga abandonando toda esperanza, no ya de que le aterrorice algo como es de suponer, sino incluso que le mueva a experimentar algún tipo de emociones en su favor, en vez de la simple sensación de que sirve para pasar el rato y no mucho más.

Pros

  • La sugerente premisa.
  • Los detalles estéticos de observación desasosegante.
  • El esfuerzo de Natalie Dormer.

Contras

  • La superficialidad del j
  • horror.
  • La falta de inventiva y de energía.
  • La incapacidad para atrapar al espectador.
  • La burda imagen final.

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