Desde el pasado 9 de julio, Philae dormita sobre el cometa 67P. Ese fue el último día en el que el módulo logró recuperar la comunicación con Rosetta, después de que un complicadísimo aterrizaje dificultara la supervivencia a bordo de 67P/Churyumov–Gerasimenko. La Agencia Espacial Europea había logrado hacer historia meses antes, consiguiendo que pisáramos por primera vez un cometa. Pero como todo desafío imposible, la operación no estaba exenta de riesgos.

El 12 de noviembre de 2014, la misión Rosetta mantenía en vilo no solo a los técnicos de la ESA, sino a medio planeta que aguardaba con expectación las noticias que llegaban del espacio. Los 510 millones de kilómetros que separaban el cometa 67P de la Tierra hacían que las señales de la nave y el módulo llegasen con 28 minutos de retraso, a causa de la distancia y el tiempo que tarda la luz en realizar ese recorrido. A las 17:02 h, los científicos de la Agencia celebraban un éxito histórico. La humanidad había conseguido, al menos de manera figurada, pisar por primera vez un cometa.

Durante el descenso, Philae había conseguido aterrizar en tres ocasiones. A los problemas experimentados durante la operación, la ESA tuvo que añadir un nuevo desafío. El módulo solo disponía de arpones y tornillos con los que sujetarse al cometa 67P, como si fuera una garrapata agarrándose a la superficie rocosa. Pero las dificultades del descenso hicieron que Philae se depositara ladeado en una posición con menos luz solar de la necesaria para funcionar correctamente. En estas circunstancias comenzó una lucha a contrarreloj para que el módulo funcionase y aprovechara las escasas horas de vida que le quedaban antes de que sus baterías se agotasen por completo.

El tiempo de espera fue finalmente de 57 horas, en las que Philae fue capaz de tomar espectaculares imágenes del cometa 67P. Según los cálculos de la Agencia Espacial Europea, el módulo completó el 80% de las actividades científicas previstas en algo más de dos días de trabajo. Así fue como Philae nos enseñó, por ejemplo, que el cometa 67P contenía moléculas orgánicas sobre su superficie. También cartografió la zona del aterrizaje, enviando datos a la ESA que mostraban un terreno fracturado y pedregoso muy afectado por procesos de erosión similares a los que ocurren en Marte o la Tierra. Por último, Philae consiguió detectar oxígeno molecular en el cometa 67P, un hallazgo que ofrece importantes novedades sobre la química en el espacio.

Stephen Ulamec, investigador de la ESA, sostiene que los datos obtenidos por Philae junto al trabajo de Rosetta, abarcan un conocimiento "revolucionario" sobre los cometas. "Y en ciertos aspectos también nos permite saber más acerca de la historia del Sistema Solar", comenta. Las expectativas depositadas sobre la sonda y el módulo eran enormes, dado que se trataba del primer estudio in situ de un cuerpo rocoso como este. Y el trabajo no ha defraudado. Por este motivo, la propia Agencia Espacial Europea decidió extender la misión hasta septiembre de 2016. Un tiempo en el que Rosetta seguirá aportándonos información realmente valiosa sobre la historia y la evolución de los cometas.

Por desgracia, Philae parece que no volverá a despertar de su hibernación. En agosto de 2015, cuando el cometa 67P pasó por el perihelio solar, los científicos esperaron que el módulo pudiera recargar sus baterías con la luz procedente de nuestra estrella. Una cercanía al Sol que produjo también un incremento de la actividad cometaria, reflejada en la emisión de gas y polvo en forma de "fuegos artificiales". Pero Philae jamás despertó. A pesar de este contratiempo, Patrick Martin, director de la misión, califica el trabajo del módulo como "histórico". Sus resultados ofrecen pistas importantes para futuros proyectos que permitan extraer muestras de los cometas y traerlas de regreso a la Tierra. "El éxito está ahí y queda para la posteridad", afirma el científico.

A comienzos de 2016, la ESA anunció que intentaría comunicarse con Philae por última vez. Las repetidas tentativas han fracasado y hoy mismo la Agencia ha comunicado el estado de hibernación final del módulo. Parece que no despertará de su sueño eterno sobre el cometa 67P, el lugar donde aterrizó y desde el que ha enviado valiosa información para comprender un poco mejor estos objetos rocosos. La noticia, a pesar de suponer el final de Philae, también permite realizar una retrospectiva del trabajo a contrarreloj del módulo mientras estuvo despierto.

La hibernación, según la ESA, no se debe solo a no haber podido recargar sus baterías. Probablemente los paneles solares estén recubiertos de polvo, lo que complica aún más los intentos de que el módulo llegue a despertar algún día. A pesar del sueño eterno en el que se encuentra Philae, la nave Rosetta seguirá intentando mapear su localización exacta, con el objetivo de entender un poco mejor el contexto en el que se tomaron los datos y análisis del cometa 67P. La sonda seguirá manteniendo sus canales de comunicación abiertos mientras sea posible, con el fin de percibir cualquier mínima señal que el módulo pudiera enviar. Se escribe así el réquiem por Philae, un recuerdo imborrable de una misión que ha marcado un punto de inflexión en la historia de la exploración espacial.

This is Major Tom to Ground Control, I'm stepping through the door. And I'm floating in a most peculiar way and the stars look very different today. For here am I sitting in a tin can. Far above the world, planet Earth is blue and there's nothing I can do

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