Ha tenido que pasar algo más de un siglo para que la última predicción de Albert Einstein se hiciera realidad. Pero las expectativas generadas no defraudaron. Pasadas las 16:30 h de la tarde, los portavoces de Advanced LIGO anunciaban que habían sido capaces de detectar ondas gravitacionales. La onda GW150914, que fue escuchada el pasado 14 de septiembre, es el fruto de la colisión de dos agujeros negros.El hallazgo permite abrir un nuevo capítulo en la historia de la ciencia, después de que Einstein postulase su existencia hace un siglo

La noticia fue descrita por Alicia Sintes como un "momento histórico". La científica, investigadora principal del único grupo español involucrado en el proyecto Advanced LIGO, confesaba a Hipertextual que "los niveles de adrenalina y emoción de los últimos días han sido muy altos". No era para menos. Durante más de cien años la comunidad científica había perseguido estos "suaves ecos" sin éxito. El primer intento fue protagonizado por Joseph Weber, quien intentó encontrar ondas gravitacionales construyendo un detector con una barra cilíndrica de aluminio de dos metros de longitud y metro y medio de diámetro. A pesar de que el físico norteamericano creyó haber escuchado las ondas, nadie pudo confirmarlo.

Probablemente los resultados de Weber no eran más que "ruido de fondo", pero sembraron la semilla del trabajo posterior. En 1962, los rusos Mikhail Gertsenshtein y V.I. Pustovoit desarrollaron un nuevo método, conocido como detectores interferométricos de ondas gravitacionales. La técnica fue la piedra angular sobre la que se apoyan los actuales observatorios de Advanced LIGO, Virgo y GEO600. A la investigación en astrofísica gravitacional debemos añadir el segundo gran intento fallido, protagonizado por el experimento BICEP2. En 2014 anunció la detección de ondas gravitacionales primordiales, es decir, que podrían proceder de los primeros instantes tras el origen del universo. Por desgracia, los investigadores confundieron las señales de polvo galáctico con hipóteticas ondas. El revés fue duro, pero la comunidad científica siguió caminando. Y así es como llegamos a un día histórico: el 14 de septiembre a las 5:51 a.m. EDT (09:51 UTC). La fecha en la que los científicos de Advanced LIGO escucharon por primera vez el sonido de las ondas gravitacionales. Una detección que puede resumirse también en las siguientes cifras:

  • 1.006 investigadores, 15 países, 90 instituciones diferentes: los protagonistas de un acontecimiento histórico. Entre ellos, solo hay un grupo español (el de la Universitat de les Illes Balears) y dos brasileños (LSC - ICTP-SAIFR de Sao Paulo y LSC - GW INPE de Sao Jose).
  • Inversión: según publicaba Nature, el observatorio LIGO ha recibido una financiación de 500 millones de dólares en sus casi veinte años de historia.
  • 3.000: los kilómetros de distancia que separan a los observatorios estadounidenses de Hanford (Washington) y Livingston (Louisiana).
  • GW150914: el nombre de la histórica onda detectada el 14 de septiembre. Posiblemente sea el fruto de la colisión de dos agujeros negros.
  • 1.300 millones de años: el tiempo que ha pasado desde que se produjo la fusión de los dos agujeros negros.
  • 29 y 36: las cifras representan el equivalente a la masa del Sol que presentaba cada agujero negro.
  • 50: la potencia total de la onda gravitacional fue cincuenta veces mayor que todas las estrellas del universo.
  • 7: el detector de Livingston registró la onda gravitacional 7 milisegundos antes que el detector de Hanford.
  • 43: los años que han pasado desde el hallazgo de la primera evidencia indirecta de la existencia de ondas gravitacionales.
  • 23: el tiempo transcurrido desde que Russell A. Hulse y Joseph H. Taylor, Jr recibieran el Nobel de Física por el descubrimiento de un púlsar binario, primera pista indirecta de las ondas gravitacionales. Todo apunta a que los resultados hoy presentados merecerán un nuevo galardón de la Academia sueca.