2015 dista lo suficiente de 2008 y 2009 como para que las especificaciones brutas de los smartphones hayan dejado de importar. Y sí, lo han hecho. Lo bueno ya es casi estándar, y aunque lo excelente sigue siendo un pequeño lujo, nunca estuvo tan cerca de todos, en formas más económicas. Sin embargo hay progreso en muchos aspectos del smartphone, y uno de los más relevantes de cara a consumo y desempeño es el tamaño del chip, que, por primera vez, va a llegar a 10 nanómetros en el mundo móvil, tras saber que Samsung ha comenzado a producir chips de memoria RAM con ese tamaño. Parece que la Ley de Moore se tambalea menos ahora.

Yendo al grano, ¿en qué beneficia en esto al usuario final?

Es algo muy interesante, porque a priori significa llanamente lo mismo que las reducciones de nanómetros que se han dado en los últimos años. Pero en años atrás no existía todavía el contexto que ahora ser va a convertir en tendencia y que precisa de nuevos avances: 4K en vídeo y en juegos, convergencia...

En primer lugar, vamos a conseguir dispositivos mucho más potentes. Suena a lo mismo de todos los años, y no hay demasiada diferencia en el proceso en sí. Pero sí. A partir de ahora vamos a empezar a encontrar contenido en 4K, que nuestros medios aún no reproducen en su mayoría. Para mover una pantalla 4K nativamente sin modos extraños hace falta potencia. Y esa potencia gráfica suele producir mucho calentamiento. Tampoco queremos eso.

Subir a 4K en las pantallas de la gama de este año hubiera sido contraproducente a nivel de eficiencia.
Subir a 4K en las pantallas de la gama de este año hubiera sido contraproducente a nivel de eficiencia.

Ahí entran los 10 nanómetros. El dispositivo tendrá una cantidad de transmisores y densidad muy alta. Gracias a la mayor eficiencia del chip se consigue un consumo muy bajo, con lo que puedes comenzar a plantear el consumo de contenidos 4K en un TV, pero sobre todo en dispositivos que dependen de una batería. Ahora será asumible enérgéticamente y desde el punto de vista del rendimiento. Por poner un ejemplo: aunque 4K forzará increíblemente el chip gráfico del smartphone y requerirá velocidades de reloj más altas, bajar a 10 nm posibilita eso e incluso consumir menos energía.

Por otra parte, bajar a 10 nm posibilitará mucha más potencia ahora mismo desprovechada, pero muy útil en dos años. Por ejemplo, puede acabar llegando a Android la convergencia con Chrome OS y precisar de mucha potencia para usos más profesionales. Incluso sin esto, trabajar en Android con varias apps de edición como si de un PC se tratara. Es decir, ahora mismo puede ser innecesario, pero dado que la tendencia es profesionalizar tablets y smartphones, debemos estar preparados a nivel de arquitectura para su alta demanda de recursos.

Otro asunto es el del calentamiento. El problema del Snapdragon 810 ha sido el calentamiento que sufría. Debido a quedarse en 20 nm, Qualcomm ha experimentado consumos de batería entre regular y malos durante el año, mientras que el Exynos 7420, que usa la misma arquitectura, se ha fabricado en 14 nm y ha logrado ser muy equilibrado y evitar temperaturas tan altas.

Por último, ser pionero en la producción para Samsung supone, como este año, seguir liderando la industria y que su división de semiconductores permanezca fuerte en sus cuentas. Si comienza a aceptar compras masivas como Qualcomm, puede sostener de manera muy estable a la compañía.

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