Primera premisa: el Papa, sea quien sea en cualquier momento, tiene una importancia política como Jefe de Estado del Vaticano y cabeza visible de la Iglesia, al margen de creencias religiosas, muy grande. Segunda premisa: la Iglesia, a lo largo del tiempo, nunca se ha caracterizado en general por una férrea defensa del medio ambiente. Aceptadas estas dos premisas, podemos continuar.

Ayer, jueves 18 de junio, el Papa Francisco publicó una encíclica titulada Laudato si en la que se pueden leer sus argumentos en torno al cambio climático. Si pensamos en la segunda premisa anterior, podríamos intuir que no vamos a encontrar nada que entusiasme a organizaciones ecologistas.

Felizmente, no ha sido así, y, de hecho, las reacciones a esta encíclica han sido bastante positivas en todo el mundo, con excepciones como la decepción de los conservadores estadounidenses. Es más, es la primera encíclica que un papa dedica al medio ambiente. A lo largo de sus 190 páginas, expone argumentos teológicos, morales y científicos para defender su postura. Algunas claves:

  • El calentamiento global es un hecho. No lo oculta, no lo edulcora, no lo relativiza. Lo trata con contundencia y asimilación como un hecho innegable.
  • El ser humano, culpable. No alude a otros factores, ni siquiera a algo imprevisto, sino directamente habla de ello como una consecuencia del comportamiento humano.
  • El consumismo, clave. Alerta sobre la sociedad de consumo llevada a un punto "inmoral" que también ha sido un factor determinante en la degradación medioambiental.
  • Los combustibles fósiles han de ser reemplazados desde ya mismo. El carbón, así como el petróleo y en menor medida el gas, han de ser sustituidos por nuevas fuentes de forma progresiva y desde ahora.
:__) (Imagen: Vincenzo Pinto / AFP / Getty Images)
  • Existe una deuda ecológica norte-sur. Entre países ricos y países pobres, de forma histórica por los hechos que han ido aconteciendo: expolios, principalmente.
  • El crecimiento económico no es la única solución. Contra la teoría de que es la herramienta que puede resolver el hambre, la pobreza y la recuperación del medio ambiente, se opuso.
  • No sólo regulaciones, sino también instituciones. Más allá de legislar para frenar el calentamiento global, es necesario crear instituciones que sancionen a quienes no cumplan las reglas. A nivel global.
  • Políticos concienciados y presionados. Y además, sacrificios individuales para que los ciudadanos contribuyan de abajo a arriba a frenar el calentamiento.

Toda la encíclica es sorprendente (aunque Benedicto XVI ya mostró síntomas de cierto ecologismo, amén) e interesante, aunque lo es especialmente el punto donde aborda las relaciones norte-sur, que ya sobrepasan los límites de lo ecológico para plantear el dilema de lo económico. Expolios, explotación de recursos del sur para alimentar al norte, crear negocio y contribuir a la sociedad de consumo a merced de pueblos expropiados.

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