En un mundo que dificulta y, muchas veces, impide a las mujeres realizarse y desarrollar todo su potencial en actividades interesantes, siempre hay pioneras que rompen moldes y allanan el camino para las que vienen detrás. Alice Guy fue la primera mujer que dirigió películas, en Francia, y la estadounidense Lois Weber, que actuó por primera vez en el cine para un corto del marido de Guy, Herbert Blaché, fue por su parte la primera que dirigió un largometraje. Esta es su historia y la de su obra.

Una mujer religiosa e inquieta

No hay más que conocer la biografía de Lois Weber y ver sus películas para darse cuenta de que era una persona con inquietudes. Nació en el año 1879 en Pittsburgh y la suya era una devota familia cristiana de clase media, que se percató de que la niña era un prodigio y acabó revelándose como una talentosa pianista. Abandonó su hogar familiar y vivió en la pobreza, dedicándose a evangelizar por las calles de Nueva York y de su ciudad natal y al activismo social como miembro de los Church Army Workers, cantando himnos y tocando el órgano en las misiones de salvación, hasta que el grupo se disolvió en 1900. Esta experiencia le dejó una huella que se nota en su cine.

Regresó a la casa de sus padres, estudió música y, en 1903, comenzó su trayectoria como soprano y concertista de piano, que duró hasta que un accidente con una tecla rota le crispó los nervios y puso fin a sus recitales. EstaEntró en el mundo del espectáculo siguiendo su afán de hacer proselitismo religioso circunstancia y el consejo de un tío suyo de Chicago la decidió a marcharse a Nueva York para labrarse una carrera como actriz: “Como yo estaba convencida de la profesión teatral necesitaba una misionera, sugirió que la mejor manera de llegar a ellos era que me convirtiese en uno de ellos, así que fui a los escenarios llena de un gran deseo de convertir a mi prójimo”, contó. Después de una serie de decepciones evangelizadoras, actuaciones y giras por las que recibió elogios, por ejemplo, en The Boston Globe, se casó en 1904 con el actor y manager de su compañía Phillips Smalley, que codirigiría un buen número de sus películas.

En 1908, ambos comenzaron a trabajar para la histórica productora Gaumont, ella primero, grabando fonoescenas, y luego, escribiendo guiones, y se estrenó ante las cámaras en Hypocrites, el cortometraje de Herbert Blaché para el que había escrito el guion. Pero, a partir de 1911, ambos dirigieron montones de películas, no sólo para Gaumont, sino también para New York Motion Picture Co., Reliance Studio, Rex Motion Picture Company, Bosworth, la Paramount y lo que luego fue la Universal Studios. Su primer cortometraje fue A Heroine of ‘76, que codirigieron con Edwin S. Porter, autor de la importantísima Asalto y robo de un tren (1903).

Entre la polémica y el cine moralizante

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Fotograma de 'Suspense', de Lois Weber y Phillips Smalley (1913)

Según escribieron Philip C. DiMare y Daniel Eagan, Weber pensaba que el cine podía ser “un vehículo para la evangelización”, “una oportunidad de predicar a las masas”. Lo cierto es que no soy muy amigo de las ideas religiosas, y detesto la propaganda ideológica en el arte pero, al mismo tiempo, procuro separar el análisis del pensamiento que desprende una obra y el de sus valores propiamente estéticos. En el caso de las películas de Su Hypocrites contiene el primer desnudo integral femenino del cine no pornográficoWeber, no hay duda de que transmitir la moral cristiana era uno de sus objetivos, pero también sus sinceras preocupaciones sociales: contra la pena de muerte en The People vs. John Doe (1916) o sobre la drogadicción y el alcoholismo en Hop, the Devil’s Brew (1916).

De las películas de Weber en esta línea que he podido ver, Hypocrites (1915) es una nueva versión de la que había escrito para Blaché, una alegoría sobre el tortuoso camino hacia la verdad que critica la hipocresía y los deseos deshonestos de dinero, sexo y poder, que mostró el primer desnudo integral femenino del cine no pornográfico, que contiene una secuencia formidable, con un travelling asombroso, sobre enseñar “la verdad desnuda”, que causó disturbios en Nueva York y todavía sigue prohibida en Ohio. Por otra parte, Where Are My Children? (1916) es un controvertido largometraje, funcional y bastante competente, en defensa de la eugenesia y el control de la natalidad y sobre el aborto, en el que aparece un grupo de mujeres que ha tomado las riendas en las decisiones acerca de su maternidad, hecho que causaría desmayos entre los más conservadores. Pero no estoy yo tan seguro de la perspectiva proabortista que algunos han querido ver en esta película; de hecho, no me la explico porque, más bien, parece que Weber prima la anticoncepción y no el aborto, que realmente considera un asesinato como buena cristiana. Y en cuanto a The Blot (1921), que muchos estiman como su mejor obra, no es nada habitual toparse enA pesar de su religiosidad, era libertaria y estaba en contra de la censura el cine mudo con un reparto coral para una docena de personajes no estereotipados, sin extremos, que se noten tan de carne y hueso y capaces de evolucionar; y como esta etapa del cine era muy dada a caer en lo tremebundo y lo teatralizado trágicamente cuando se abordaban asuntos como la pobreza, este filme es una excepción luminosa. Y hay que decir que, no sólo las tres películas fueron un éxito de taquilla, sino que, además, Weber no se anda con chiquitas al mostrar las propuestas sociales que le interesan: a pesar de su religiosidad, era libertaria y estaba en contra de la censura, que se fijó en ella por sus polémicas películas.

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Fotograma de 'Hypocrites', de Lois Weber (1915)

Pero, entre sus docenas de filmes, de los que, por desgracia, sólo hemos conservado veinte, también los hay más ligeros, si bien no menos elaborados: he podido ver el cortometraje How Men Propose (1913), en el que destaca una pícara y socarrona protagonista que juega con tres hombres y de la que no recuerdo ninguna afín en el cine de la época y bien pocas en el rodado hasta el momento, y Suspense (1913), pionero en la utilización de la pantalla dividida para mostrar acciones simultáneas, que realmente consigue ponernos nerviosos ante el peligro de la situación que cuenta y que ha sido considerada por algunos, erróneamente, el primer ‘thriller’ de la historia, siendo que DW Griffith había estrenado Los mosqueteros de Pig Alley un año antes. Pero lo que sí se le puede atribuir a Weber es haber sido la primera mujer en dirigir un largometraje, una adaptación de El mercader de Venecia, de Una adaptación de El mercader de Venecia fue el primer largometraje dirigido por una mujer, la propia WeberShakespeare, en 1914, perdido a día de hoy, la primera directora en poseer su propio estudio de cine, Lois Weber Productions, desde 1917, y la primera, con Smalley, en realizar películas sonoras en Estados Unidos.

Era la directora mejor pagada de la Universal en 1916, y la única mujer con un puesto asegurado en la Motion Picture Directors Association. El aclamadísimo director John Ford (La diligencia, 1939, Qué verde era mi valle, 1941, El hombre tranquilo, 1952) fue ayudante de Weber antes de llevar a cabo sus propias producciones. Y en 1927, ella rodó sin que la acreditaran Topsy y Eva o La fildelidad de una esclava junto con Del Lord, uno de los responsables de Los tres chiflados (1922-1970) y el mencionado DW Griffith, autor de la capital El nacimiento de una nación (1915).

Pero empezó a irle mal en los años 20: se divorció de Smalley en 1922, perdió su productora, sufrió una crisis nerviosa en 1923, estuvo alejada de la vida pública hasta 1925 y el resto de películas que dirigió para la Universal o la United Artists no fueron demasiado relevantes. Y eso a pesar de que, durante el tiempo en que no se puso tras las cámaras, la revista Film Mercury afirmó que era un crimen que estuviese ociosa “mientras producciones de tercera inundaban las pantallas con su basura”.

Murió arruinada en 1939 a causa de una úlcera estomacal sangrante, hecho que pasó desapercibido para la mayor parte de la prensa: Variety publicó un obituario de dos párrafos, Los Angeles Examiner la mencionó brevemente; pero tuvo que ser la chismosa de Hedda Hopper quien le dedicara un tributo en Los Angeles Times. Hubo de esperar a 1960 para que le concedieran una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood Boulevard, y había escrito unasAnthony Slide: "Es la directora más importante que la industria cinematográfica americana ha conocido" memorias, El final del círculo, que no pudieron ser publicadas a pesar de los esfuerzos de su hermana Ethel, y que fueron robadas misteriosamente en la década de los 70.

El historiador del cine Anthony Slide, que la redescubrió en esos mismos años del siglo pasado, dijo de Lois Weber que es “la directora más importante que la industria cinematográfica americana ha conocido”, y que, “junto con DW Griffith, fue la primera autora genuina del cine americano, una cineasta involucrada en todos los aspectos de la producción y que utiliza una película para poner en ella sus propias ideas y filosofía”. Tanto es así que ella misma, refiriéndose al control sobre su trabajo, declaró: “Si mi mensaje no llega a alguien, solo puedo culparme a mí misma”. Así que no estaría mal que los cinéfilos del mundo empezásemos a acordarnos de Lois Weber, viésemos sus películas y reconociésemos su labor. Hora sería.