Tras aprender los conceptos básicos de fotografía, lo normal es querer aspirar a algo más. Este cambio, en muchas ocasiones, se realiza optando por comprar una nueva lente, la cual también nos va a permitir crear una imagen diferente a la que solemos realizar con el objetivo del kit.

Elegir el tipo de objetivo suele ser un dilema presente en todos aquellos que piensan en la adquisición de una lente, pero también existe otro aspecto que preocupa a los futuros compradores: el precio.

Es difícil concebir que un accesorio pueda llegar a costarnos incluso más que nuestra propia cámara, por lo que la reacción al ver el precio de los objetivos fotográficos suele ser, como mínimo, de rechazo. Pero esto tiene una justificación.

De hecho, es casi erróneo afirmar que un objetivo es un accesorio, ya que éste es un elemento que influye de forma muy directa en la calidad de nuestra imagen, determinando aspectos tan importantes como la luz, la definición, o las aberraciones mostradas.

Por ello, podemos encontrar objetivos fotográficos que nos cuesten desde los 100€ hasta aquellos que alcanzan cifras astronómicas, difícilmente al alcance de muchos. Sin embargo, esa diferencia económica encuentra su razón de ser en múltiples elementos, los cuales configuran cómo es la imagen resultante.

Cómo funcionan

Créditos: Wikipedia Commons

Antes de adentrarnos a tratar los puntos que influyen en su precio, sería conveniente estudiar levemente cómo funcionan para comprender por qué un objetivo puede ser más caro que otro. Lo primero que debemos saber es que un objetivo se compone de diferentes lentes convergentes y divergentes, es decir, una serie de cristales que tienen como misión hacer que los rayos de luz incidan adecuadamente en el sensor.

En función de la distancia focal del objetivo, éste deberá estar integrado por un mayor número de lentes que lleven la luz desde la pupila de entrada hasta el CCD. Por ello, los teleobjetivos suelen perder luminosidad con respecto a una lente de focal fija, ya que los primeros deben hacer que los haces de luz converjan a diferentes distancias focales, lo que conlleva un número más elevado de lentes que dirijan su recorrido.

Pero no solo se trata de la cantidad de lentes que componen los objetivos fotográficos, de hecho existen algunos teleobjetivos que pueden llegar a tener más luminosidad y mejor calidad que una lente fija, pero ahí es donde reside la importancia del tratamiento que se ha realizado sobre ese cristal, y por ende, también repercute en su precio.

La calidad de construcción

Créditos: Leica

Como hemos señalado anteriormente, la calidad de la lente determinará muchos de las características de nuestras fotos. El término “calidad” es un poco abstracto, pero dentro de él podríamos incluir aspectos como la capacidad de esa lente para reducir aberraciones, los colores representados, o incluso el material con el que se encuentra construido.

Algo tan simple como variar el anillo del zoom también es consecuencia de la calidad de construcción. Poder girar el anillo de enfoque y que éste responda con suavidad y precisión es algo a lo que no se le da la importancia necesaria, lo que posteriormente lamentaremos.

La luminosidad

Créditos: digitalcameraworld

La luminosidad de un objetivo es síntoma de varios factores. Uno de ellos es, como hemos mencionado con anterioridad, la cantidad de lentes que existan dentro de ese mismo objetivo, lo cual reduce progresivamente la cantidad de luz plasmada en el sensor.

No obstante, otro de esos factores se encuentra muy relacionado con el punto de la calidad, y es que la construcción o el tipo de cristal empleado puede variar según el fabricante. Tampoco debemos considerar que un objetivo es mejor que otro simplemente porque sea más luminoso, existen otros elementos de gran importancia.

Los sistemas de enfoque

También debemos tener en cuenta si ese objetivo cuenta con un motor de enfoque. En función de esto el precio también se modificará, ya que se ha incorporado una mayor cantidad de tecnología en ese objetivo.

Asimismo, ese motor de enfoque también varía, pudiendo ser desde Motores Ultrasónicos (USM), los cuales permiten enfocar de una forma rápida y con poco consumo de batería, hasta un mero AF incorporado dentro del objetivo.

La estabilización

Además del enfoque, muchos objetivos fotográficos también incorporan sistemas de estabilización, algo pensado para compensar la trepidación cuando empleamos velocidades de obturación muy lentas.

La tecnología de estabilización, llamada IS en objetivos Canon y VR en Nikon, desplazan de un modo interno las lentes para corregir el movimiento generado. Igualmente, si tenemos estabilización en el cuerpo de nuestra cámara, las cualidades de esta tecnología se verían aumentadas (como ocurre con la Sony A7 II.