Aunque no lo creas, es bastante improbable que seas capaz de provocarte cosquillas a ti mismo. No hablamos de la sensación agradable de acariciar suavemente la piel sino de las cosquillas genuinas, entre molestas y divertidas.

Esto, que puede parecer una anécdota graciosa, es la base de algunas de las investigaciones neurocientíficas más interesantes del momento. ¿Por qué la pluma en una mano ajena es capaz de generar cosquillas en nuestros pies mientras que nosotros mismos no somos capaces de provocarlas? A día de hoy no tenemos una respuesta clara, al menos tan clara como nos gustaría; aunque todo apuntaba a la propiocepción, la capacidad de detectar nuestro propio cuerpo. Las últimas pruebas nos hacen pensar en cómo funciona éste mecanismo y qué se esconde detrás de las cosquillas.

¿Cómo se producen las cosquillas?

Las cosquillas son una sensación placentera, súbita, que se produce especialmente en ciertas partes del cuerpo al ser tocadas con suavidad de manera "inesperada". Sabemos que cuando éstas se producen se activa la corteza somatosensorial, una parte de nuestro cerebro que se encarga de procesar las sensaciones como la del tacto. Por otra parte, la propiocepción es un complejo mecanismo que nos permite saber Cuando se producen las cosquillas se activa la corteza somatosensorialcuando un movimiento o sensación es nuestra, en qué posición estamos, o cómo tenemos colocada una parte del cuerpo.

Este sistema es increíblemente sutil e importante; tanto que ni nos damos cuenta de que existe normalmente. Pero saber si eres tu el que te estás tocando la cara o qué pie tienes levantado es un proceso bastante complicado que necesita de todo el esfuerzo de nuestro sistema nervioso. Hasta hace poco pensábamos que el secreto de las cosquillas se encontraba en la corteza somatosensorial, encargada de señalar que algo no iba del todo bien; que nos estaban tocando y no éramos nosotros mismos, produciendo las cosquillas. Sin embargo a la luz de los últimos resultados parece que necesitamos una explicación más complicada si cabe.

Tanto si somos nosotros los que producimos las cosquillas como si el estímulo lo inicia otro se enciende la corteza somatosensorial de una manera muy similar. ¿Entonces? La respuesta parece encontrarse en el cerebelo. Éste, dentro del complejo sistema de propiocepción, se encarga de anticipar al cuerpo ante nuestros propios movimientos. El circuito evalúa "lo que deberíamos sentir" con respecto a los movimientos que realizamos y calcula "el error", para que lo entendamos, como una señal. Si este es cercano a cero recibimos una sensación agradable, pero no alarmante, todo lo contrario a cuando se Los pacientes esquizofrénicos sí son capaces de sentir cosquillas cuando se las producen ellos mismosproducen las cosquillas, en cuyo caso nos sentimos incómodos ante un estímulo que no podemos controlar. Ésta es la razón por la cual no nos podemos hacer cosquillas a nosotros mismos, porque sabemos que lo estamos provocando nosotros.

El mecanismo que relaciona la propiocepción y la posibilidad de producir cosquillas es verdaderamente interesante por su complejidad y por su aplicación práctica. Sabiendo cómo funciona podríamos afrontar de una manera distinta diversos problemas en pacientes con disfunciones de diverso tipo. Por ejemplo, curiosamente, muchos afectados por la esquizofrenia sí pueden sentir cosquillas cuando se la producen ellos mismos. Esto apunta a un posible problema en el mecanismo neurológico que conecta el cerebelo con el resto del cerebro, algo que podría desvelar muchos de los misterios que aún existen en torno a nuestro sistema nervioso central.

¿Para qué sirven?

Esta pregunta también ha sido objeto de mucho interés por parte de la comunidad científica. ¿Qué tienen de especial? ¿Son un elemento defensivo ante la aparición de imprevistos? Lo cierto es que si un arácnido se nos colara sin que nos diésemos cuenta por el cuello de la camisa probablemente sentiríamos unas cosquillas desagradables y la despacharíamos de un manotazo sin si quiera pensarlo, antes de darnos cuenta de lo que está pasando. Además, varios neurólogos señalan la característica presencia de cosquillas en lugares vitales y delicados como el cuello, las orejas o las costillas. Sin embargo, también tenemos cosquillas en la planta de los pies, especialmente en la planta derecha.

Evolutivamente hablando las cosquillas no parecen aportarnos muchas ventajas. ¿O sí? Los biólogos y expertos en el comportamiento creen que la respuesta es más bien de carácter social. Desde los años 20 del siglo pasado numerosos investigadores han dedicado especial atención a tratar de enlazar las cosquillas y la risa con la manera que tienen las personas de relacionarse y aprender. Provocar cosquillas es algo que parece inherente entre los parentales y los hijos en animales superiores, taxonómicamente hablando, especialmente en primates (como nosotros). Y Las cosquillas podrían tener como finalidad el estrechar lazos emocionales entre miembros familiaresreír por las cosquillas también. La risa es algo que nos afecta positivamente y se cuenta entre una de las necesidades dentro del aprendizaje y la relación con los demás.

¿Han evolucionado las cosquillas como un medio para estimular la risa? Podrían servir, además, para acercar los lazos entre los miembros familiares. A día de hoy, provocar cosquillas y risas es un comportamiento que solo se da entre miembros más familiares o con cierta confianza. Como de costumbre, es muy difícil atribuir una causa y una consecuencia concreta a algo tan complicado como el comportamiento humano. Pero al menos ya sabemos un poquito más sobre el tema. Y poco a poco iremos desentrañando los misterios neurológicos y la razón de ser las cosquillas. Es solo cuestión de tiempo.