Las alternativas al vehículo tradicional impulsado por un motor térmico son muy justas, por un lado tenemos a los coches a hidrógeno y por el otro a los impulsados por electricidad. Cada uno con sus ventajas en inconvenientes pero el que ha golpeado primero probablemente se lleve el trofeo de ganador.

Los coches a hidrógeno llevan años rondando las cabezas de muchos directivos de fabricantes japoneses, que apuestan fuertemente por este tipo de movilidad limpia y técnicamente más interesante que la electricidad por sus mejores especificaciones en materia de autonomía y tiempos de carga. Pero llega tarde.

Cuando muchos fabricantes llevan años con vehículos eléctricos en sus catálogos, algunos con un gran éxito de ventas como el Leaf, el Model S o los i de BMW, tratar de meter con calzador algo diferente suena complicado. Y por eso hoy hemos conocido dos noticias casi opuestas entre sí. Por una parte, Toyota sigue apostando por su tecnología para impulsar coches a hidrógeno y acaba de presentar el nombre del modelo con el que debutarán en este campo: Mirai, que significa futuro. Honda sin embargo ha retrasado la puesta en producción de sus opciones a hidrógeno presentando otro prototipo y sin confirmar la fecha definitiva de llegada al mercado, ahora hablan de la presentación del coche a hidrógeno en 2016.

No siempre triunfa la mejor de las tecnologías.

Las ventajas del coche impulsado con hidrógeno son muchas, la primera es que los tiempos de carga del depósito son similares a las de un vehículo convencional, no tenemos que conectar el coche durante horas para obtener poco más de un centenar de kilómetros de autonomía. El segundo campo en el que gana el coche impulsado con hidrógeno al eléctrico es el de la autonomía, similar al de un coche convencional y es que los prototipos tienen entre 400 y 600 kilómetros, muy por encima de los escasos 200 que ofrecen las alternativas eléctricas.

El punto negativo que tienen los coches a hidrógeno es que se necesitan estaciones de recarga específicas al contrario que el coche eléctrico, que puede ser cargado en cualquier enchufe. Además, casi todos los fabricantes, exceptuando a estos dos y a Mercedes Benz, están apostando fuertemente por la electricidad, por hibridar como primer paso para que en unos años los coches eléctricos sean suficientes para el día a día sin miedo a quedarse sin energía en las baterías.

Y el último punto negativo es el coste de adquisición de los vehículos y el coste de cargarlos. Los coches a hidrógeno de momento son muy caros y solo en Japón ha tenido que ser el gobierno el que haga interesante su compra al dar a sus compradores una ayuda muy suculenta. Pero no solo es un problema para el comprador, sino también para el fabricante, que sabe que cada vehículo a hidrógeno vendido es una pérdida de dinero directa porque la tecnología es excesivamente cara. Algunos medios hablan de que se puede perder por cada coche a hidrógeno entre 60.000 y 100.000 euros, sí, has leído bien. Los coche eléctricos tampoco serían interesante sin ayudas gubernamentales, pero éstas son bastante inferiores.

El tiempo dirá cual es la tecnología que acaba por masificarse, pero tiene toda la pinta de que la electricidad se impondrá al hidrógeno pese a no ser mejor, algo que ha sucedido en otros campos a lo largo de la historia.