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Sólo ha pasado un mes desde que Dong Nguyen, creador de Flappy Bird, decidiera retirar este exitoso juego de las principales tiendas de aplicaciones. Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo y a la vez lo lejanos que parecen ciertos acontecimientos. Lo que nos ha quedado claro es que este pequeño juego ha ocasionado algo que no veíamos desde hace mucho tiempo, inundando el mercado de clones y más clones.

Si nos ponemos a enumerar la lista de copias que han surgido tras la "muerte" de Flappy Bird, ocuparíamos decenas de renglones de aplicaciones con el apellido "Flappy". En estos momentos existen más de 1.000 copias del juego original, llegando la mayoría de ellas a ocupar el top 100 de las principales App Stores.

Tomemos como ejemplo Flappy Wings, este juego está por encima de títulos tan grandes como Clash of Clans, Los Sims o Angry Birds Go!. Es algo completamente insólito (o que no recordamos desde hace mucho tiempo), ya que no es tan sencillo colocarse en una posición tan privilegiada y menos con una copia de otro juego.

Copia de copia de copia

La parte irónica es que Flappy Bird fue acusado desde un primer momento de copiar el arte de Super Mario Bros., detalle que pasó a un segundo plano rápidamente al empezar a generar millones de descargas y tener una legión de jugadores compulsivos. Lo cierto es que el personaje principal se parece a los extraños peces que aparecen en el juego de Nintendo y el entorno, tuberías, etc. son un claro "guiño" a dicho juego.

Flappy Bird ya casi se puede considerar un género ¿Cuál es el detonante para que de un juego salgan miles de copias? Existen duplicados de otros títulos, pero ninguno llegó a este nivel de imitación, ya que Flappy Bird ha conseguido crear una especie de género. Me pregunto si el motivo fue haberlo retirado o si realmente vino por ser acusado de ser un subproducto de Mario Bros.

Curiosamente, miles de desarrolladores se lanzaron a copiar esta "copia" cuando fue retirada de las tiendas de aplicaciones. Muchos podrían pensar que Dong Nguyen debería denunciar a aquellos que se aprovecharon de su creación, mientras que muchos otros entonarán el clásico: "quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón".