El uso de células madre en medicina ha dejado de ser una mera promesa científica para convertirse en una realidad clínica. Su elevado potencial terapéutico las ha convertido en la gran esperanza de la medicina regenerativa de los próximos años.

Y es que a las incipientes investigaciones sobre fabricación de órganos artificiales a partir de células madre, se deben sumar los proyectos científicos que tratan de aplicar terapias basadas en estas herramientas celulares para sanar en vivo y en directo órganos o tejidos dañados.

Hasta el momento, varios de los grandes éxitos de las células madre se habían dado en cardiología, un área clínica de gran relevancia dada la importancia sanitaria y económica de las enfermedades cardiovasculares, superior a la que provoca el cáncer, pero aún por debajo de los problemas mentales, como comentábamos ayer mismo en ALT1040.Los problemas del corazón tienen una gran importancia sanitaria y económica

En particular, uno de los usos médicos de las células madre para tratar trastornos relacionados con el corazón, ha sido el de aplicarlas tras un infarto de miocardio. Con el objetivo de regenerar la zona afectada, el uso de, bien células de la médula ósea o bien directamente de células madre, ha tenido buenos resultados.

La eficiencia de la terapia celular, sin embargo, podría ser mejorada. Y es que según los investigadores, el 90% de estas células se pierden a la hora de tratamiento. Por este motivo, el rendimiento de estas terapias no es óptimo, ya que no contamos con suficientes factores de crecimiento y hormonas el tiempo necesario.

Para superar este obstáculo, investigadores de la Emory University, en Estados Unidos, han probado una interesante alternativa: encapsular estas células madre antes de introducirlas en los pacientes, como si de fármacos se tratara. Con esta aproximación, han conseguido mejorar la eficiencia de los tratamientos, según los resultados publicados en Journal of the American Heart Association.Consiguieron mejorar el rendimiento de las terapias celulares

Gracias al uso de alginato como gel encapsulante de las células madre, los investigadores norteamericanos lograron mejorar el proceso de cicatrización del tejido cardíaco, así como un aumento de la densidad microvascular, dos puntos clave para curar el corazón tras un infarto.

Estos resultados apuntan a que la encapsulación jugará un importante papel en las nuevas terapias celulares. Y es que "proteger" de algún modo a las células madre para que puedan actuar con la máxima eficiencia antes de que sean destruidas, es un hito importante en el ámbito biomédico.