Cualquier parte de nuestra vida diaria puede ser analizada desde una perspectiva científica. También los videojuegos. Y en el caso de The Last of Us, la ciencia aparece como la columna vertebral del guión de uno de los videojuegos más exitosos de los últimos tiempos.

Y es que la fama de este juego de acción y sigilo, como bien analizó Javier Valle en este post, no se debe únicamente a la temática zombi, tan de moda últimamente, con películas como World War Z en la cartelera de nuestros cines.

Como bien decía Javier, The Last of Us se guía por "una narrativa profesional digna de un largometraje de cine". Y es que desde la perspectiva científica, el videojuego más exitoso de los últimos tiempos tiene un argumento científico de película. Nunca mejor dicho.

El ataque de las hormigas zombis

¿Se basa The Last of Us en un hecho científico demostrable? La respuesta es afirmativa. En la realidad, el hongo que ataca a las hormigas zombi, que originan la pandemia famosa del videojuego, se llama Cordyceps unilateralis. Tras este nombre en latín se esconde un parásito que es capaz de modificar la conducta de las hormigas a las que infecta. De este modo, el hongo se asegura que la hormiga cumpla sus expectativas en beneficio propio. Todo un objetivo clásico en el fascinante mundo de los parásitos.

Hormigas zombis
Vipin Baliga (Flickr)

Si analizamos la ciencia que hay detrás del videojuego The Last of Us, veremos que la infección provocada por el hongo conduce a las hormigas a una conducta errante, cercana al estado zombi que plantea el juego. Y es que Cordyceps consigue que estos insectos se anclen a la parte superior de una planta, fijándose a ella antes de morir. De esta manera, el hongo se asegura la máxima distribución de sus esporas, que son la vía que utiliza para reproducirse y garantizar su supervivencia. En otras palabras, pura estrategia evolutiva.

Esta manera cooperativa de actuar de las hormigas zombi resulta en cierto modo similar a la que siguen los seres zombis que vemos en la última película de Brad Pitt, World War Z. No en vano, fue David Hugues, biólogo de la Universidad de Pennsylvania, y uno de los mayores expertos en estas hormigas zombis, el que asesoró a los guionistas de la película.

Y es que al contrario que otras obras de la temática zombi, en World War Z, además de en The Last of Us, existe una singularidad en el comportamiento de los personajes. Los seres zombis de la película, al igual que las hormigas del videojuego The Last of Us, actúan de manera cooperativa, siguiendo fielmente lo que ocurre en la realidad.

En la naturaleza, los parásitos son capaces de discernir qué hospedadores están sanos y cuáles no. De esta manera, como explica Hughes en esta entrevista, son capaces de lograr un mayor éxito. Una forma diferente de actuar del tradicional comportamiento zombi de películas y videojuegos y que, por una vez, cumple estrictamente con lo que dice la ciencia sobre ello.

Las hormigas zombis no convencen al gran público

Sin embargo, parece que la realidad de la ciencia también golpea al grupo de Hughes. Hace tiempo iniciaron una campaña en Kickstarter, con el objetivo de recaudar fondos para sus proyectos de investigación relacionados con estos insectos tan particulares.

Los dos objetivos principales del proyecto eran, por una parte, construir una exposición fotográfica open-access sobre las hormigas zombi, protagonistas de The Last of Us. Y por otro lado, promover el desarrollo de materiales educativos innovadores que enseñaran a los más pequeños esta parte tan fascinante de la ciencia. Su campaña, sin embargo, no ha tenido éxito. Cuando solo quedan 3 días para que termine, el proyecto de Hughes ha recaudado solamente un 10% del presupuesto que requerían.

Una pena, ya que la interesante historia de las hormigas zombi, protagonistas del videojuego The Last of Us, no ha conseguido el apoyo del público necesario. Los cerca de 4.000 dólares obtenidos no serán suficientes para impulsar este proyecto en el que también buscó inspiración la última película de Brad Pitt.