Las células madre han pasado de ser la gran promesa de la medicina regenerativa a convertirse en herramientas con un potencial terapéutico muy importante. De hecho, cada vez estamos más cerca de conseguir la fabricación de tejidos y órganos a la carta gracias a las células madre.

Existe un tipo de células madre, conocidas como células iPS, que presentan una relevancia añadida en el campo de la biología. La razón radica en que estas células madre pluripotentes inducidas (como se conocen en ciencia), no son obtenidas a partir de embriones, sino gracias a células adultas diferenciadas.

El trabajo que permitió al japonés Yamanaka su obtención mediante una receta molecular más o menos sencilla, le valió el Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 2012. Lo que idearon fue que, partiendo de una célula adulta, se indujera en esta la expresión de una serie de genes exógenos, tales como Oct4, Sox2, c-Myc y Klf4, que permitieran su desdiferenciación.

En otras palabras, imaginemos que las células adultas que forman nuestro cuerpo son en realidad vasijas de barro. Si consiguiéramos de algún modo externo, deshacer las piezas y volver al material inicial (la propia arcilla), podríamos construir de nuevo cualquier jarra o material que se nos ocurriera. Lo mismo pasa a nivel celular. Si podemos desdiferenciar células adultas hasta células madre (de tipo iPS), podríamos en principio obtener todo lo que quisiéramos.

Con este objetivo, el equipo del Dr. Juan Carlos Izpisúa, del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona y el Salk Institute de California, ha publicado un artículo en el que demuestran una fórmula más versátil para obtener estas células iPS. En particular, su trabajo descartó, como se creía hasta entonces, que fueran necesarios cuatro genes exógenos específicos.

Sin embargo, su trabajo ha posibilitado el descubrimiento de nuevos genes en esta receta molecular necesaria para conseguir células madre de tipo iPS. Y es que su investigación descarta que únicamente sean los genes presentes en un estadio de célula madre embrionaria los responsables de esta reprogramación celular. Por este motivo, Izpisúa y sus colaboradores dejan mucho más abiertas las posibilidades genéticas para desdiferenciar células adultas hasta llegar a células madre.

En particular, su equipo ha estudiado que más de siete genes adicionales son capaces de participar en la reprogramación de fibroblastos (un tipo de células adultas) a células iPS. El gran beneficio de este trabajo es que de los genes identificos ahora, no todos se han relacionado con la formación de tumores, como si ocurría, por contra, en los genes específicos utilizados por Yamanaka.

En palabras del propio Izpisúa, "este estudio podría posibilitar que la investigación con células iPS se acelerara para su traslado a la práctica clínica lo antes posible". Sin duda alguna, una buena noticia para la medicina, que ve como una de sus grandes promesas celulares sortea los problemas relacionados con el cáncer, que hasta ahora era uno de los inconvenientes de este tipo de terapias.