La historia de la ciencia está repleta de historias curiosas. Existen a veces dudas sobre cómo trabajan los investigadores, y preguntarse, por ejemplo, cuál ha sido el experimento más largo del mundo, supone fascinarse sobre lo increíble que puede llegar a ser la ciencia.

Thomas Parnell fue un investigador nacido en 1881 en Inglaterra, aunque su carrera profesional se desarrollaría en Australia. Tras terminar sus estudios universitarios en el St. John's College de la Universidad de Cambridge, Parnell se convertiría en el primer profesor de física de la Universidad de Queensland, donde trabajaría hasta su fallecimiento en 1948.

Los planteamientos de Parnell son cuanto menos curiosos. Enseñando física a sus estudiantes, se puso como objetivo demostrarles que existen líquidos altamente viscosos con apariencia sólida. No lo sabía, pero aquel sería el pistoletazo de salida del experimento más largo del mundo.

Lo que hizo el físico británico fue situar brea en un embudo de vidrio, para así comprobar que un material tan 'ordinario' como este podía poseer cualidades ciertamente extraordinarias. ¿Y en qué consiste el experimento más largo del mundo? Parnell calentó este producto y lo vertió en el embudo, para ver la velocidad con la que goteaba desde el recipiente de vidrio.

Efectivamente, el experimento más largo del mundo tiene como único objetivo esperar. Y no una espera cualquiera, precisamente, sino que desde 1927 tan solo han caído ocho gotas. En 1938 se observó la primera gota, y las siguientes cayeron en 1947, 1954, 1962, 1970, 1979, 1988 y 2000.

Parnell falleció antes de que pudiera ver finalizado el experimento más largo del mundo. Por este motivo, otro profesor de la universidad australiana (John Mainstone) tomó el testigo de custodiar el embudo situado en el vestíbulo de la Facultad de Física y Matemáticas. Está considerado como la observación científica más extensa, según el récord Guinness. No sería este el único reconocimiento, ya que en 2005 fue galardonado con el conocido Ig Nobel en física, diplomas que se entregan a trabajos que en un principio pueden parecernos "absurdos", pero que tiempo después pueden lograr hacernos pensar.

Ahora la novena gota está a punto de caer, y el mundo no quiere perderse este acontecimiento, por ello junto al experimento (conocido en inglés como the pitch drop experiment), hay una cámara digital que graba minuto a minuto el lento pero constante avance de la brea por las paredes de vidrio del embudo. Mainstone, que tiene ya 78 años, espera no perderse la caída de la siguiente gota de brea, a pesar de unos problemas técnicos que hubo en los últimos días con el sistema de vídeo.

Sin duda, un experimento curioso que no hace sino demostrarnos que saber y aprender más son las bases fundamentales sobre las que se asienta la investigación. Aunque sean con demostraciones que duran casi un siglo.