Investigadores de la Universidad de Oregon han conseguido por primera vez la clonación de células madre embrionarias humanas. Un logro importantísimo para todos los apasionados de la biología, y para aquellos que depositan sus esperanzas en la medicina regenerativa.

La clonación, sin embargo, nos hace retroceder en el tiempo. Concretamente a 1996. En aquel año conocimos a la oveja Dolly, el primer animal clonado, que nació a partir de un proceso conocido como transferencia nuclear, el mismo que han realizado ahora los investigadores norteamericanos. Pero, ¿en qué consiste?

La transferencia nuclear es un método en el que se siguen varias etapas. Por una parte, se obtienen las células del donante, como fuente utilizada para la clonación posterior. Previamente, se habían eliminado los núcleos de los óvulos por un proceso parecido a una microsucción, y a continuación en ellos se busca introducir el núcleo de la célula donante.

El óvulo, como ahora cuenta con dos copias del material genético, se activa, y comienza a dividirse, como si fuera un zigoto recién fecundado. La diferencia entre este último y nuestro óvulo tras la transferencia nuclear estriba en que en el caso del óvulo, las dos copias del material genético son iguales. Mientras el óvulo comienza a dividirse, entrando en lo que conoceríamos como desarrollo embrionario, los científicos esperan pacientemente el momento adecuado.

OHSU (Flickr)
OHSU (Flickr)

Este llega cuando la división celular es tan fuerte que hemos conseguido llegar a lo que se conoce como blastocisto, o lo que es lo mismo, el desarrollo de 5-6 días que da como resultado una auténtica pelota de aproximadamente 200 células. En esa fase, los científicos destruyeron este blastocisto, para así poder extraer las células madre embrionarias humanas.

Como vimos en entradas anteriores, este tipo de células son una auténtica promesa para la medicina, ya que podrían dar lugar a casi cualquier otra células diferenciada, de la zona del organismo que se nos ocurriera. Por tanto, el avance propuesto por los investigadores de Oregon confirma que sería posible conseguir células madre embrionarias humanas mediante esta metodología.

A diferencia de lo que ocurre con las iPS, gracias a este trabajo no deberíamos preocuparnos (al menos en principio) en que se dieran problemas de células aberrantes o desarrollo de tumores. Sin embargo, es importante aclarar que la clonación de células madre embrionarias humanas no significa que vaya a darse la clonación en humanos, ni que el blastocisto obtenido vaya a seguir desarrollándose hasta dar un embrión, y quizás luego un ser humano completo. Esto a día de hoy es técnicamente imposible, y moralmente muy cuestionable, por lo que las grandes esperanzas llegadas desde Oregon se centran en los nuevos frentes que se abren para la medicina regenerativa.

Este avance, publicado en Cell, ofrece nuevas esperanzas para el uso de la terapia celular en el cuidado de nuestra salud. Una investigación, sin duda apasionante, que deja abiertos nuevos desafíos y retos para los próximos años.