Raspberry Pi es un proyecto de hardware libre que tiene su origen en Reino Unido con el objetivo de desarrollar un computador de bajo coste que permita eliminar las barreras de entrada al mundo de la computación y desplegar, sin demasiado presupuesto, aulas tecnológicas en los colegios de todo el mundo que permitan introducir a los más jóvenes en disciplinas técnicas como la programación. Incentivar el interés en estas disciplinas entre los más jóvenes permitirá forjar, desde muy jóvenes, a la nueva generación de ingenieros que trabajen en compañías como Google o Intel; una labor que también realizan algunos docentes de Reino Unido en Bletchley Park (la cuna de los descrifradores del código Enigma) y en el National Museum of Computing y para la que han decidido buscar fondos grabando un disco de música electrónica muy singular llamado Music By Programmers.

Music By Programmers es un disco de música electrónica en el que han trabajado el grupo de programadores y docentes que imparte los talleres sobre programación y matemáticas de Bletchley Park y el National Museum of Computing a los que asisten niños en edad escolar para tomar un primer contacto con el mundo de la programación y la criptografía y las matemáticas.

El objetivo de este grupo de docentes es simple y bastante bello, poder continuar con su labor y conseguir financiación que permita seguir ofreciendo estos talleres que sirven para despertar el interés de los escolares en las materias de carácter técnico. Con esa idea, este grupo de programadores decidió desarrollar un proyecto que, aunque estuviese enfocado en la programación, tuviese impacto fuera del ámbito tecnológico y, para ello, se les ocurrió grabar un disco.

¿Grabar un disco? Efectivamente, pero no un disco con canciones al uso sino un disco de música electrónica donde los sintetizadores se han emulado mediante software. Concretamente, el equipo de desarrolladores se fijó en sintetizadores clásicos (como el Minimoog, que fue creado en 1971) y decidió emular su sonido desarrollando versiones virtuales que, además, permitían que la producción del proyecto fuese abordable puesto que no contaban con financiación para adquirir dichos instrumentos.

En términos comparativos, sintetizadores clásicos como el Minimoog o el Yamaha CS-80 pueden costar del orden de cientos de euros cada uno, sin embargo, desarrollar un emulador de 9 sintetizadores (que se pueden ejecutar a la vez) ha costado un esfuerzo equivalente a unos 400 euros que, incluso, pone sobre la mesa oportunidades de negocio o, por ejemplo, la posibilidad de liberar el código para acercar este tipo de sistemas a músicos con talento que no pueden optar a este tipo de equipos.

La idea de este equipo docente es recaudar alrededor de 6.000 euros que se dedicarán, íntegramente, a mantener el programa formativo en ambos museos; un objetivo que esperan conseguir a través de la venta del disco a través de Amazon, Google Play o iTunes y que también podemos escuchar a través de SoundCloud.

Una idea bastante curiosa para llevar el mundo de la programación y la criptografía a los niños e interesarlos por estas materias y mantener los talleres de estos dos museos británicos.

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