Polémica como ninguna, Margaret Thatcher, la que fuera primera ministra del Reino Unido ha dividido a todo el mundo, incluso en su muerte. Fallecía el pasado lunes a causa de un derrame cerebral y a los 87 años de edad la que fuera denominada comúnmente como "la dama de hierro". Abanderada del neoliberalismo más radical, la hija del tendero se ha labrado tantos admiradores como detractores. hay que tener en cuenta que estoy hablando de una mujer que denominara terrorista a Nelson Mandela, pero saliera en defensa del general Pinochet cuando el juez Baltasar Garzón solicitara su extradición para juzgarle por violación de derechos humanos en Chile. Toda una conservadora por convicción cuyo funeral el próximo miércoles, 17 de abril, se presume tan tenso como protocolario y cuya ceremonia ha sido bautizada como "True Blue". Que no es que sea porque a Margaret le gustara mucho Madonna, sino porque es el color asociado ese conservadurismo acérrimo que defendía tan "entrañable" señora.

Margaret Thatcher en el cine

Polémica en vida, no iba a dejar de serlo en muerte, y si fuera objeto de un discutible biopic reciente, que tan sólo se recordará por la capacidad de Meryl Streep para mimetizarse con el personaje, porque no alumbraba luz alguna ni por el personaje ni por sus ideas políticas, ni mucho menos por las acciones que tan (anti)popular le hicieron en todo el mundo, que no sólo en el Reino Unido. No es de extrañar que su influencia se dejara notar en diversos ámbitos culturales, que siempre se aprovechan para la reivindicación. Tiernas y preciosas canciones le dedicaron en vida cantantes como Morrissey, Paul McCartney, Pink Floyd o Elvis Costello en temas como Margaret on the guillotine, All my trials, The Fletcher Memorial* o Tramp the dirt down, respectivamente, así como incluso protagonizó algunas portadas de discos de Iron Maiden, convenientemente censuradas en su pueblo. Pero quizás haya sido el cine donde más se ha extendido la larga sombra de su cardado. Démonos un paseo por el legado de Margaret Thatcher por el cine de su tiempo y el que vino después.

The Time of Your Her Life

No creo que haga falta explicar a estas alturas que el principal cineasta que hiciera frente a Margaret Thatcher fuera el prolífico Ken Loach. Prolífico después, porque durante ella hizo todo lo posible porque no pudiera desarrollar su carrera en el cine. Y es que poco después de que sus tacones pisaran el número 10 de Downing Street, Ken Loach estrenaba Looks & Smiles (1981), una película que fuera prohibida en Gran Bretaña -en tiempos en los que ni en España había ya censura. Tras un largo período relegado a la televisión, el cineasta volvía a la carga con una película como Hidden Agenda (Agenda oculta, 1990), que coincidía con el retiro de la Thatcher y que cuestionaba seriamente la manera en la que había conseguido convertirse en la primera mujer que proclamada primera ministra en el Reino Unido. Películas posteriores como Riff, Raff (1991), Raining Stones (1993) o Ladybird, ladybird (1994), continuarían arremetiendo contra las medidas sociales de un gobierno conservador que seguiría al frente del país hasta 1997. Me encanta su carta solicitando que se privatice su funeral alegando que es lo que ella hubiera querido.

Independientemente del origen del conflicto, y el plebiscito reciente mediante el cual los habitantes de las islas Malvinas declaran preferir seguir viviendo bajo la tutela británica, la guerra de las Malvinas y la actitud de la primera ministra contra el gobierno argentino, marcarían un episodio por el que se le criticaría tanto fuera como dentro de su país. Todavía con las heridas recientes, Jonathan Pryce, Tim Curry y Rosemary Harris protagonizaban una película dirigida por Richard Eyre, The Ploughman's Lunch (1983), que criticaba la postura de se gobierno ante una guerra que quizás se podría haber evitado.

Antes de que se diversificara a través del cine de género en el cine estadounidense, Stephen Frears era considerado un cineasta moderno que reflejaba la actualidad en su cine con todas sus consecuencias, las buenas y las malas. Siendo así, no es de extrañar que en una trayectoria que transcurría paralela a las leyes que iban aprobando los tories, reflejara su influencia en los personajes que poblaban sus películas. O incluso lo que quedaba fuera de la influencia de ellas, es decir, aquellos que el gobierno británico no contemplaba y les volvía la espalda, como si no existieran. Así estrenaba en 1985 una película como My Beautiful laundrette, protagonizada por un jovencísimo Daniel Day-Lewis o Sammy and Rosie Get liad, un par de años después en la que se mostraba de lleno el descontento de gran parte del pueblo británico ante tales políticas.

No me cabe ninguna de que un cineasta tan peculiar como Derek Jarman formaba parte de la Inglaterra que Margaret Thatcher no quería admitir como suya. Moderno, transgresor y abiertamente homosexual, su filmografía está llena de títulos incómodos que seguro no eran de la predilección de la primera ministra, como Sebastiane, Jubilee o Caravaggio. En 1987, contando con su musa habitual, Tilda Swinton, el que fuera responsable de videoclips para bandas igualmente enfadadas o incómodas, como The Sex Pistols, The Smiths o Pet Shop Boys, firmaba una película como The Last of England en la que de una manera poética, se mostraba implacable con la influencia del tacherismo en su querido país.

Si empezamos con Ken Loach, necesariamente teníamos que terminar este bloque con Mike Leigh. Otro de los cineastas que mostraban su descontento con las políticas de los tories. Quizás su caso me parezca incluso mucho más interesante que el de otros puesto que su cine se alejaba del tono panfletario para dejar que fueran los personajes y las situaciones en las que se encontraban las que hablaran por sí mismas. Es el caso de películas como High Hopes (Grandes ambiciones, 1988) o Naked (1993), posterior incluso al período político de la señora con el cardado más famoso del mundo, pero que evidencia que es la influencia de su neoliberalismo la que ha llevado a la sociedad británica a esa desolación psicológica.

Looking Back in with Anger

A veces es difícil analizar con objetividad los sucesos que tienen lugar en el presente, por eso muchos cineastas optan por hablar del pasado, asegurándose así de que aquello que otros denunciaban, realmente había sido como habían predicho. Basada en la historia real de un soldado del IRA que había muerto en prisión a causa de una huelga de hambre. Dirigida por Terry George en 1996, Some Mother's Son quizás peque de ser una película un tanto emotiva, pero acierta al centrar su atención sobre el personaje de la madre, que sin ser una persona con ideas políticas, progresivamente se va a dentando en el nacionalismo radical, que además está interpretada por una auténtica dama de la interpretación como es Helen Mirren.

Sólo un año después Peter Cattaneo se comía el mundo con The Full Monty, una entrañable película que a través de su tono cómico dejaba entrever la tragedia de unas familias que se habían visto afectadas por las políticas antisociales de los conservadores. Robert Carlle, Tom Wilkinson o Mark Addy, mostraban lo mejor (y peor) de sí mismos, consiguiendo una notable proyección internacional. No sé hasta qué punto la intención de su director era sólo crac un producto ameno y entretenido, pero lo cierto es que el ambiente deprimido que refleja en la película, teniendo que ensayar los pasos de baile en la cola del paro, deja claro cómo estaba el patio en Gran Bretaña en aquellos años.

El cineasta chileno Patricio Guzmán, al igual que la mayoría de los mortales, debió quedarse perplejo cuando la dama de hierro se interpuso ante el juez Baltasar Garzón defendiendo al general Pinochet. Sin duda en aquel momento muchos pensamos que si lo hacía no tanto por lo que hubiera hecho Pinochet, sino por las posibles cuentas que, en un momento dado, le hubieran podido pedir a ella. El caso Pinochet (2001) es un documental que puede llevarnos a entender la manera de actuar de una fuerza política que en su momento también se opusiera del lado de otros dictadores de alcance internacional. No me extraña que Margaret Thatcher sea tan admirada por los líderes del partido Popular en España.

Primero a través de su película, This is England (2006) y después con la serie de televisión homónima, Shane Medows explora y analiza la relación entre patriotismo y violencia, ligada en muchos casos a movimientos populares amparados bajo tribus urbanas típicamente británicas. De nuevo la guerra de las Malvinas como telón de fondo en una historia en la que el odio que se transmitía hacia las minorías, tanto étnicas, como de cualquier tipo, tenía su origen en el gobierno.

A pesar de que el período por el que transcurre una película como 24 Hour Party People abarque gran parte del período protagonizado por Margaret Thatcher, primero como opositora del gobierno y ya después como primera ministra, igual que sus protagonistas, Michael Winterbottom dejaba de lado la política en favor de la música y el ácido lisérgico. Lo que no quiere decir que a él mismo no le interesase lo que el thatcherismo le estaba haciendo a Gran Bretaña, lo que le llevó hasta The Shock Doctrine (2009). Un documental co-dirigido por Mat Whitercross, basado en el planteamiento de Naomi Klein sobre el capitalismo neoliberal practicado por los tories, que se alimenta de terror, guerras y desastres naturales para establecer su dominio. Seguro que, al menos en España, les suenan mucho este tipo de prácticas.

Si traumática fue para algunos la guerra de las Malvinas, seguro que a nadie como a los argentinos. Para sorpresa de muchos, la película de Sebastián Borensztein, Un cuento chino (2011), se alzaba con el Goya a la mejor película iberoamericana contra películas como Miss Bala o Violeta se fue a los cielos. Quizás los miembros de la academia del cine español, siempre más inclinado a la izquierda que a la derecha, se dejaban influir por el mensaje de fondo de la película contra la manera en la que la dama de hierro respondiera ante su intento de recuperar las islas.

The Way We She Were

Desde el mismo inicio de su mandato, Margaret Thatcher, dejaba clara cuál era su postura ante la cultura. Si hay que presidir el estreno de una película, pues se hace. Y ella se estrenó en este tipo de eventos con una película tan "prestigiosa" como Moonraker (1979, Lewis Gibert). Quizás sólo fuera que le gustaba Roger Moore, pero el caso es que Albert R. Broccoli, productor de la saga Bond, tomaba buena cuenta de ello y le incluía en la siguiente película del agente 007. De esta manera, Janet Brown se convertiría en la primera actriz en interpretar a la dama de hierro de For Your Eyes Only (1981, John Glen). La secuencia era breve, pero explícita. Si por un lado le mostraba en delantal haciendo la cena de su querido maridito (cosa bastante improbable), también tenía tiempo de hacer una llamadita a su agente secreto favorito para felicitarle por el trabajo bien hecho. Lo mejor es que James está más interesado en esos momentos en otros quehaceres y que sea un lindo lorito, quien atienda finalmente la llamada de la autoridad.

Relegada a la sombra y el ostracismo en una película como The Queen, en la que ni se le menta, la mediocre película de Phyllida Lloyd queda, actualmente, como la única vez que se ha intentado retratar la vida de Margaret Thatcher en la gran pantalla. Lástima que la directora de Mamma Mia! esté más preocupada por el movimiento de su falda y el lucimiento de los complementos de su dama, que no por los motivos que le llevaron a defender políticas tan duras. Muchos se quedarán, simplemente, con la interpretación de Meryl Streep, por la que ganó su tercer Oscar, el segundo como actriz protagonista. Yo desde luego, prefiero el momento Bond, y estoy seguro de que no será la última vez que veamos a Margaret Thatcher en la gran pantalla. Sobre todo ahora que está muerta.