La salida de Mike Lazaridis es el fin de una era pero no es algo necesariamente malo. Para entender por qué hay que entender la naturaleza misma de la compañía y su profunda necesidad de cambio. BlackBerry desde sus inicios fue una empresa que, más que venta de dispositivos, se dedicaba a comercializar un servicio, el cual consistía en un grupo de aplicaciones de mensajería.

Nació de la idea de Lazaridis de tener un beeper desde el cual no solo puedas recibir mensajes, sino también enviarlos usando internet (el primer BlackBerry no era un teléfono). Todas estas aplicaciones dependían de los servidores de la compañía para poder funcionar, sincronizar emails, ofrecer seguridad y dar el nivel de confiabilidad requerido por grandes empresas y gobiernos. Los dispositivos, más que otra cosa, eran "soportes físicos" para interactuar con este gran servicio. Las BlackBerry siempre se centraron en el email, el messenger, la sincronización de calendario y contactos. Las demás apps realmente estaban un segundo plano.

Hay que entender que hasta antes de 2007, este era la estrategia a seguir y prácticamente todos los esfuerzos de los grandes jugadores en dispositivos móviles seguían este camino. Cuando BlackBerry se llamaba RIM ofrecía una solución llamada BlackBerry Connect que permitía que teléfonos como los Nokia E Series, Palm Treo y algunos Sony Ericsson con Symbian tengan acceso a este set de servicios. La razón por la cual los smartphones de la época se centraban en un número pequeño de servicios tiene relación con el bajo poder de procesamiento y la relativamente poca sofisticación del sistema operativo.

Pero llegó el iPhone y todo cambió. Los smartphones pasaron de ser receptáculos de servicios particulares a plataformas completas que pueden ejecutar prácticamente cualquier cosa. Mientras la industria completa se movía hacia esa estrategia pero BlackBerry continuó con su plan original y a medida que los usuarios buscaron más funciones y flexibilidad, su cuota de mercado fue descendiendo hasta puntos preocupantes.

BlackBerry necesitaba un cambio profundo que implicaba mover el pensamiento de toda la empresa hacia la producción de dispositivos que no ofrezcan un enfoque úunidireccional de un pequeño grupo de herramientas sino una plataforma orientada al consumidor que le permita hacer cualquier cosa que se le ocurra en un móvil. Sí, Mike Lazaridis y Jim Balsillie entendieron que su dirección los estaba hundiendo, pero sobre todo lo que necesitaban hacer era "quitarse del medio" y ceder la dirección a alguien que tenga un pensamiento diferente que les permita hacer ese cambio. Esa historia ya la conocemos: Thorsten Heins tomó las riendas y meses más tarde lanzaron BlackBerry 10 junto al Z10 hace unas semanas.

BlackBerry 10 es una completa transformación, un cambio profundo que solo puede generar admiración por mi parte. Como director de una empresa entiendo la dificultad de hacer cambios radicales (e Hipertextual puede ser calificada como "pequeña"). No puedo imaginar lo difícil que debe ser cambiarle la mentalidad a una compañía tan grande como BlackBerry.

Entonces hay que entender que la salida de Lazaridis es simplemente un paso más en ese gran y largo proceso de transición por el cual la empresa está pasando. De ahora en adelante se centrará en Quantum Valley Investment, una compañía de inversiones enfocada a aplicaciones comerciales en ciencia de información cuántica.

¿El cambio está funcionando?

Sí, definitivamente. En los resultados del cuarto trimestre anunciados hoy demuestran una mejora en la salud financiera de la empresa y una revitalización en su espíritu innovador. Se han vendido 1 millón de unidades con BlackBerry 10, ingresos de 2700 millones de dólares y beneficios de 94 millones de dólares, una gran noticia comparada con las pérdidas de 114 millones de dólares del trimestre anterior.

Los resultados son particularmente interesantes considerando que BlackBerry 10 fue lanzado hace muy poco tiempo pero marca un camino brillante hacia una compañía que vuelve a innovar, vuelve a proponer y sobre todo, vuelve a arriesgarse.