Las bacterias son microorganismos unicelulares que ostentan el título de ser los seres vivos más abundantes del planeta, encontrándose en todos los hábitats terrestres y acuáticos (en todo tipo de condiciones), siendo los seres vivos más resistentes a las condiciones más extremas (incluso las del espacio) y, a su vez, imprescindibles para muchos procesos bioquímicos. Aunque, con el paso de los años, las bacterias se están haciendo resistentes a los antibióticos, las infecciones bacterianas se suelen contrarrestar con dosis de antibióticos (como la penicilina), sin embargo, un equipo de investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia) se ha topado con unas bacterias en las aguas de la Antártida que resisten a varios antibióticos que incluyen la penicilina.

Estas bacterias inmunes han sido descubiertas por Björn Olsen y su equipo al tomar muestras de agua del océano a distancias de entre 10 y 300 metros de las estaciones antárticas de investigación de Chile (Base General Bernardo O’Higgins, Base Naval Capitán Arturo Prat y Base Profesor Julio Escudero) y encontrar, en un 25% de las muestras tomadas, una variedad de la bacteria *Escherichia coli* (o *E. Coli*) portadora de genes que producían la enzima ESBL capaz de destruir la penicilina, la cefalosporina y antibióticos similares.

Una bacteria resistente a los tratamientos habituales es un hallazgo fascinante pero, a la vez, bastante preocupante puesto que es una muestra de que las bacterias son cada vez más resistentes a los antibióticos y, en caso de infección, podrían provocar una crisis sanitaria (como la acontecida en Alemania este verano con una supuesta partida de pepinos contaminados con E. Coli que, al final, el foco resultó estar en una partida de brotes de soja).

> Si hemos encontrado estas bacterias en la Antártida es una señal de lo grave que es este problema

¿Y cómo se han desarrollado estas bacterias? Según el trabajo de los investigadores de la Universidad Uppsala, la mayor concentración de estas bacterias inmunes a los antibióticos se daba en las zonas próximas a las tuberías de saneamiento ya que, aunque otras estaciones científicas incineran los residuos orgánicos o los tratan antes de evacuarlos al mar, las estaciones de Chile no realizaban tratamiento alguno por lo que el origen de estas bacterias resistentes proviene de la presencia humana en la zona.

Una curiosa forma de advertir que, aunque sea con fines científicos, la actividad del hombre puede alterar un ecosistema tan protegido como el de la Antártida.

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