No somos pocos los que desde hacía mucho considerábamos que Teddy Bautista, expresidente de la Sociedad General de Autores y Editores de España e insultador profesional, era un impresentable. Había diversos indicios y también hechos, como los mentados insultos, para sustentarlo al que se sumó otro el pasado 1 de julio en forma de detención por consentir e impulsar -según el auto del juez instructor de la causa- la trama empresarial de desviación de fondos relacionada con la mentada entidad de gestión.

"Eres un exagerado, estás prejuzgando ya que aún no hay ninguna sentencia firme contra el tío Teddy y sus insultos son producto de calentones puntuales provocados a su vez por la edad", dirá alguno. Pues para todos ellos, ahí va la última de Bautista, otro hecho más que justifica tacharle de impresentable: ha demandado a la SGAE por despido improcedente y le solicita a la gestora 1.200.000 euros de indemnización.

Sí, aquí no hay ni trampa ni cartón. Resulta que Teddy Bautista, después de haber renunciado a la presidencia de la SGAE como consecuencia de la presión ejercida desde la junta de la entidad para que lo hiciera ante el escándalo de la trama de corrupción en la que los indicios indican que participó directamente, ahora va con toda su cara y le pide indemnización de 1.200.000 euros a la sociedad. ¿Merece o no merece el apelativo de “el hombre de los huevos de oro”?

Porque es que hay que tener muchas narices para reclamar una indemnización estando por un lado metido en un proceso judicial por malversar fondos de la misma entidad a la le exige 1.200.000 euros (insisto tanto en la cantidad con toda la intención), y por el otro hacerlo argumentando “despido improcedente” cuando fue él mismo quien renunció al puesto. Además, en el hipotético caso de que la junta le hubiera cesado directamente y no renunciado él, la decisión habría estado igualmente justificada y el pedir indemnización sería igual de insultante.

Todo esto demuestra, además de que Teddy Bautista carece de vergüenza, en qué se han convertido las entidades de gestión de derechos de autor; son ni más ni menos que sociedades blindadas con un tremendo e ilógico poder que funcionan de espaldas a la ciudadanía y convierten a quienes las dirigen en semidioses que por lo tanto no quieren abandonar sus cargos bajo ningún concepto. Y si les presionan para hacerlo justificadamente, como en el caso que nos ocupa, patalean porque a nadie le gusta abandonar un trono como es el de la presidencia de la SGAE.

Dicho lo cual, dejar claro que no sé si Bautista robó o no robó, eso lo dirá el señor juez que lleva el caso SAGA, pero lo que sí tengo claro es que tras haber insultado durante años, menospreciado, hecho mucho mal a la cultura española -al por ejemplo instaurar en la SGAE sus políticas de recaudación desmesurada- y ahora estando involucrado directamente también en un proceso judicial, lo mínimo que debería hacer por respeto a los ciudadanos -quienes pagarían esos 1.200.000 euros- y a los cientos de socios respetables de la entidad que presidió durante años, es mantenerse en la sombra sin hacer ruido para no seguir ahondando en la herida.

Cuando el juez le absuelva, que es lo que estoy seguro ocurrirá ya que Bautista no tiene nada de tonto, tendrá tiempo de resarcirse. Y servidor junto a muchos de continuar retratándole como el impresentable que es según los hechos irrefutables, eso sí.