Aunque es cierto que el programa del transbordador espacial tenía sus fallas somos muchos los que opinamos que la decisión de ponerle punto y final, que llegó ayer con el aterrizaje del Antlantis, es bastante triste no por la melancolía que puede producir sino porque lo consideramos algo nefasto. ¿Por qué es una decisión nefasta exactamente? Existen muchas posibles respuestas a esa pregunta y creía que la mayoría de ellas eran obvias para todos, pero tras ver algunas reacciones burlescas en relación al fin de la era de los transbordadores la conclusión es que me equivocaba y bastantes realmente no han entendido lo que supone la muerte del programa del transbordador.

El principal razonamiento para sustentar la afirmación de que hacer desaparecer los transbordadores espaciales ha sido la peor decisión que se podía tomar --más adelante ahondaré en esto ya que había otras opciones--, es el que dice que el movimiento supone un retroceso de 30 años en la exploración espacial (y por lo tanto un duro golpe para el avance de la ciencia y la tecnología y por extensión para todos); para entenderlo solamente hace falta ver todas las cosas que el hombre ha conseguido gracias a los transbordadores espaciales.

Por ejemplo tenemos que la construcción de la Estación Espacial Internacional se ha podido realizar principalmente gracias a los transbordadores, los cuales han ido llevando a lo largo de los años hasta la órbita en la que se encuentra gran parte de los elementos que la forman. A este ejemplo que muestra la capacidad para operar en el espacio que nos proporcionaban los transbordadores también podemos sumar otros como la puesta en órbita de diversos satélites de comunicación (la red satelital TDRSS fue desplegada por las naves que nos ocupan), sondas planetarias (como la Magallanes o la Galileo), telescopios tan míticos e importantes como el Hubble, observatorios espaciales como el Chandra o la multitud de misiones de recuperación y reparación que han realizado los diferentes Space Transportation System (o STS, nombre oficial de los transbordadores).

Seguramente un número importante de lectores estéis pensando que todos los hitos descritos hasta aquí se podrían haber conseguido mediante otros vehículos (completamente nuevos, con las Soyuz o la Apolo no se hubiera podido ni de broma porque no fueron diseñadas para transportar grandes cargas) y que en el futuro continuáremos avanzando en la investigación del espacio vía diversas fórmulas, afirmaciones con las que estoy de acuerdo pero solamente a medias. Lo primero es imposible averiguarlo (cuando se finiquitó el programa Apolo se barajaron varias alternativas decantándose la NASA finalmente por los transbordadores descartando el resto sin contemplaciones ni tests profundos), y en cuanto a lo segundo, confío que así sea pero la pregunta es, ¿cuánto tiempo vamos a tardar en desarrollar un sistema de lanzamiento tan potente como el transbordador?

Desgraciadamente la respuesta es mucho se mire por donde se mire --que nadie se engañe con VSS Enterprise y proyectos privados parecidos por que están muy pero que muy lejos del nivel de los transbordadores--. Al frenar por completo el programa de los transbordadores y jubilarlos antes de tener ningún proyecto sucesor preparado, la NASA ha tirado por la borda años de experiencia y puesto en peligro de olvido y por lo tanto de desaparición y evolución un gran número de tecnologías (hay muchos ejemplos a lo largo de la historia de grandes tecnologías desaparecidas después de haber sido inventadas), hecho que sirve para apuntalar el razonamiento de que el final del programa supone un retroceso.

Por otro lado además del resto de argumentos al explicado que podríamos dar para sentenciar que la muerte de los transbordadores es una mala noticia, también es importante contextualizar la situación en la que se produce la decisión y desmentir alguna creencia errónea.

Sobre lo último, no son pocos los que opinan que los transbordadores han sido un fracaso por las muertes de astronautas que se han producido en el marco del programa, pero no es cierto. Los viajes espaciales conllevan altos riesgos y aunque a lo largo de la historia de los STS han fallecido 14 astronautas, si nos fijamos en el número de misiones desarrolladas (135 en 30 años) vemos que la tasa de accidentes entra dentro de lo razonable. En cuanto al contexto, la decisión llega en un ambiente donde la mayoría piensa que la descontinuación era la única opción, pero esto tampoco es verdad; por ejemplo se podría haber dejado en circulación solamente dos de las naves y continuar trabajando en su desarrollo, con lo que por un lado los costos hubieran descendido y por el otro no se habría producido un corte tecnológico violento y probablemente en no mucho tiempo tendríamos dos naves mucho más eficientes a la par que potentes (capaces incluso de llevarnos hasta Marte) al concentrarse los esfuerzos.

Quizás no sea tan grave la cosa como yo la veo, pero lo que sí tengo muy claro es que uno, la abrupta muerte del programa augura un futuro nada halagüeño para la investigación espacial en los EE.UU --una de las piezas clave en su desarrollo--, y dos, que otra vez más nos encontramos con una decisión puramente politicoeconomica que en mayor o menor medida se traduce en un retroceso en la investigación espacial lo que supone a su vez un puñetazo a la ciencia y la tecnología en general y por lo tanto a todos nosotros (multitud de tecnologías y avances científicos que hoy disfruta una parte importante de la población se consiguieron gracias a este programa ahora extinto); o dicho de otra manera, en el campo de la ciencia y la tecnología también somos nosotros, el último pero paradójicamente más importante eslabón de la cadena, los que pagamos el precio más alto por la ineptitud y malas artes de políticos y banqueros. La decisión poco o nada ha tenido que ver con cuestionamientos científicos y tecnológicos, simple y llanamente ha llegado para cumplir con la estúpida premisa del todo por la pasta ante la que cabe preguntarse, especialmente en este caso por su importancia, si vale más gastarse cientos de miles de dólares en cosas tan absurdas como por ejemplo los sistemas de aire acondicionado de las tropas estadounidenses en Irak o en impulsar el avance del hombre como especie a través del desarrollo de la ciencia, la tecnología y el conocimiento del cosmos mediante proyectos como el del programa del transbordador espacial.

Imágenes: NASA