Hace unos días hablaba con unos amigos respecto a la Ley de Videojuegos que fue aprobada en Venezuela, de una forma poco clara y sin un reglamento se han prohibido los juegos de video bélicos o violentos (sin importar la edad del jugador), no se establecieron parámetros para definir que juegos quedaban prohibidos, quedando casi todo a discreción del funcionario inspector. Yo les comentaba a mis amigos que en pleno 2010 prohibir los videojuegos es imposible, se puede crear la ley, se puede intentar hacerla cumplir, pero que más allá que muchos juegos se pueden bajar/comprar/jugar por Internet, el tema principal es que para los jóvenes y adolescentes del mundo no existe la más mínima posibilidad, que en algún momento de su crecimiento como individuos, no participen y disfruten de un juego de video.

Los juegos de video forman parte de nuestra cultura y han llegado para quedarse, no hay forma ni manera para que un chico de 15 años no se sienta inmediatamente atraído por los videojuegos. Son algo natural en nuestro proceso para convertirnos en adultos, en muchos casos son más que un libro, más que una película, más que un programa de televisión. Son todas estas cosas juntas. Cumplen una función de entretenimiento muy importante en el proceso educativo y la forma como los niños comienzan a entender el mundo. En países como Venezuela muchos padres prefieren tener a sus hijos jugando juegos "bélicos o violentos" en la seguridad de su hogar, que ser victimas de un delito violento, en la inseguridad de las calles.

Mi reflexión llegó entonces al punto que lo único que pueden hacer los gobiernos y estados contra los videojuegos es convertirse de alguna manera en fabricantes de los mismos, en creadores. Si quieres que los niños aprendan sobre la Batalla de Carabobo, la Independencia de Argentina o la Construcción del Canal de Panamá, tienes que producir un juego que sea tan interesante que cautive a los niños y jóvenes. No hay otra forma de hacerlo.

Bueno, resumiendo un poco, todo esto lo recordé al leer sobre Rebuild Chile, un videojuego creado por desarrolladores chilenos donde el jugador deberá reconstruir una zona devastada por el terremoto que sufrió Chile hace unos meses. Un juego que es muy positivo en su mensaje y en el destino que tendrán los fondos recaudados con el mismo, el juego se vende por US$ 1.99 para el iPhone en la App Store, también hay una versión web con publicidad. El dinero recaudado será administrado por del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y está destinado a ayudar a los niños de las zonas afectadas por el terremoto de 8,8 que devastó al centro-sur de Chile. La meta inicial es recaudar un millón de dólares.

Alvaro Quezada, director del proyecto indicó:

Decidimos tratar de usar el juego como una forma de entregar un mensaje de esperanza, que después del desastre que fue el terremoto viene el momento de la reconstrucción y que todos pueden trabajar

Lo importante de este tipo de iniciativas es comprender que los videojuegos pueden ser aliados en la educación de los niños y jóvenes, pueden cumplir una labor social y de gran ayuda para reconstruir un país devastado por desastres naturales. Es la imaginación de la gente, las instituciones, las empresas y los gobiernos las que pueden crear juegos que sean divertidos y que al mismo tiempo sean positivos para todos. Al final de cuentas un videojuego es una evolución de una forma de entretenimiento, así como hay libros "violentos" que nos enseñan la diferencia del bien contra el mal, así podemos tener juegos que nos enseñen lo mismo. Todo gobierno del mundo, así como tienen un canal de televisión oficial, deberían tener una institución para crear videojuegos. Pero es más fácil quejarse y prohibir, ser unos conservadores en toda la regla, que ser creativos para construir un mundo mejor.

Vía: Enter 2.0