Que las Cataratas del Niágara son una de las maravillas naturales más conocidas y fotografiadas de todos los tiempos es una realidad, todo el mundo sabe dónde están y algo de su historia. Lo que quizás no sepan tantos es que durante unos meses estas magníficas cataratas fueron secadas parcialmente por el hombre (y en esta ocasión no fue para hacer el mal).

A día de hoy las Cataratas del Niágara están protegidas tanto en su parte canadiense como en la estadounidense, pero esto no siempre fue así. Hasta 1885 Canadá y Estados Unidos no le prestaron mucha atención a las cataratas, eso sí, a partir de ese año empezaron hacer las cosas realmente bien. Lo primero fue comprar los terrenos colindantes a las cataratas y posteriormente comenzaron los planes de preservación.

Uno de los objetivos que ambas naciones se marcaron a este respecto fue frenar, o al menos mitigar en lo posible, los efectos de la erosión para lo que se instalaron diques subacuaticos y se reforzó mecanicamente la cima de las cataratas. Pero el plan de preservación más ambicioso llegó en 1969 cuando el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos se propuso, nada más y nada menos, que desviar el cauce del río Niágara de las Cataratas Estadounidenses (uno de los tres saltos de agua que forman las Cataratas del Niágara).

Y lo hicieron. Durante seis meses mantuvieron este salto de agua de las Cataratas del Niágara “sin una gota de agua” (toda fue desviada a la parte canadiense), tiempo que ingenieros y otros expertos ocuparon en estudiar el fondo del río, limpiarlo y buscar indicios de inestabilidades estructurales. Se llegó incluso a instalar una pasarela a tan solo 20 metros del borde de la cascada para que los turistas pudieran fotografiarla como nunca antes se había visto. Y con algunas de esas fotos cierro este post y curioso capitulo de la historia natural.

Vía: io9 | Wikipedia