Up

Up! se ha colado entre las nominadas al Óscar como Mejor Película. Sin demeritar sus logros, la ampliación a diez candidatos le ha ayudado bastante al filme de Disney. Con este nombramiento, Up! se convierte apenas en la segunda cinta animada nominada a Mejor Película por la Academia -la otra fue La Bella y la Bestia en 1991- y en la primera elaborada en CGI. Venga, que sólo le ha tomado a la animación casi dos décadas para competir nuevamente por el premio mayor.

¿Por qué le cuesta tanto trabajo a la Academia reconocer a la animación, si uno de los rubros que más peso tiene es la innovación tecnológica? ¿No supuso el CGI en su momento un avance equiparable con el 3D? Es curioso que filmes ganadores como Titanic (1997), Gladiador (2000), o El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey (2003) -y Avatar, en esta edición- hayan basado buena parte de sus posibilidades en la espectacularidad y el avance visual que supusieron en su época. Sin embargo, en la animación opera como un hándicap, como si entre más avanza la tecnología, menos mérito tiene la dirección cinematográfica. Parece que a los puristas del cine aún les cuesta comprender que los dibujitos también cuentan.

Pensemos en cintas como El viaje de Chihiro (2002) o Persépolis (2007), obras maestras de la animación que no alcanzaron la máxima categoría (porque aparte de caricaturas, ¡extranjeras!, ¡qué sacrilegio!). ¿Qué opinan de cintas como Ratatouille (2007) o Wall-E (2008)? Ambas también se quedaron con la consolación del premio a Mejor Película Animada. ¿No merecían, cualquiera de estas cuatro, por lo menos una nominación? Y si excavamos un poco más... ¿cuándo veremos a alguien como Brad Bird peleando por el galardón de Mejor Director? ¿Acaso su capacidad de narrar historias -El Gigante de Hierro, Ratatouille, Los Increíbles- es menor sólo porque trabaja con monitos y no con actores?

La candidatura de Up! queda como un pequeñísimo triunfo de la animación frente a las convenciones cinematográficas. Aún falta mucho camino por recorrer, como desterrar el mito de que la animación es exclusiva para niños, o el menosprecio a la calidad fílmica de una cinta de este tipo. Estoy cierto que Up! no tiene chances de llevarse la estatuilla como Mejor Película del 2010, y que probablemente deba conformarse con su categoría. Lejos está el día en que reconozca a la animación con el máximo galardón, pero ya se ha dado un diminito primer paso. Porque cuando llegue ese momento, será el reconocimiento de que la técnica se ha ganado un lugar como arte.