En algún punto de próximo mes de abril, India logrará el puesto del país más poblado del planeta. En una carrera de varios años de duración, y con una dudosa relación respecto a los derechos humanos, la región conseguirá algo que parecía imposible: superar a China. Con 1.380 millones de habitantes, y ocupando el 17,76 % del total de la población mundial, lo logrará además con un decrecimiento de su ritmo de natalidad. Una que sigue siendo un imperio de Asia. Por cada 1.000 niños nacidos, casi 200 son de India y otros tantos de China.

Pese a todo, China, que históricamente ha sido el principal foco de población del planeta con 1.412 millones de personas en sus fronteras, aún ostenta el primer puesto. Junto con India, representa más de un tercio de la población del planeta, que alcanza los casi 8.000 millones de habitantes.

Pero el hito de India tiene un punto añadido más: la superficie de tierra. China es uno de los países más grandes el planeta, después de Rusia y Estados Unidos. Con 9.597 millones de km² duplica por mucho la superficie de India, de 3.287 millones de km². Esto quiere decir que el nuevo líder en población mundial concentrará más habitantes en la mitad de espacio.

El problema de la natalidad también está en Asia y próximamente en India

India

El mundo occidental, con Europa a la cabeza, se enfrenta a un problema de natalidad. Tras varias crisis económicas a cuestas, la plena integración de la mujer en el entorno laboral y las nueva concepción de la sociedad, el Viejo Continente no logra encontrar salida del problema. Nacen menos personas de las que mueren –aun sin tener la pandemia de Coronavirus por medio–. Lo que indica que no hay nueva población. Es el fenómeno conocido como pirámide invertida.

China, y por supuesto India, aún no tienen esta casuística. En 2022, China aún registraba más nacimientos que muertes. En total, nacieron 10,6 millones de niños. Una cifra que, sin embargo, ha decaído. Al igual que occidente, el país asiático ha registrado una caída masiva de las tasas de natalidad. De esta manera, si en los años 50 registraban 5,7 nacimientos por mujer, ahora la cifra se ha quedado en 2 y bajando.

Con políticas de un solo hijo –de dudoso respeto por los derechos humanos– y la implantación de matrimonios más tardíos–, China logró reducir el crecimiento demográfico en las zonas rurales. Pero ha sido el cambio de paradigma social el que ha tenido más peso. China ya no es el país pobre de hace 50 años. Como la ya primera potencia mundial, el país está empezando a acoger las costumbres de su nuevo estatus. A más riqueza, menos nacimientos.

De forma paralela, India, también conocida por su gran masa de población, logró crecer a un 2 % anual en la segunda parte del siglo XX. La mejora de las condiciones sanitarias y educativas, aunque no mucho, redujeron las tasas de mortalidad: las migraciones masivas del campo a la ciudad con sistemas de alcantarillado y agua potable ayudaron a una mejora sanitaria de la población. Lo que se tradujo en un aumento de la esperanza de vida y natalidad.

Al igual que China, India lanzó polémicos programas de control de la natalidad. A diferencia del país vecino, con su política del hijo único, India optó por la fuerza con la esterilización forzada de millones de personas. Con un éxito bajo, el país no logró lo que otros países cercanos consiguieron con educación y mejora de la riqueza de la población.

La población de India, cuna de talento y mano de obra para el mundo

India cuenta con varios factores a su favor y uno de ellos pasa por el idioma. La mayor parte de la población habla o domina el idioma del planeta: el inglés. Su condición como antigua colonia británica, y su tardía independencia, hace que gran parte de la población domine la lengua. Su migración a Reino Unido y Estados Unidos también ha colocado a esta población en puestos relevantes. Y la calidad de la educación tecnológica en el país ha supuesto que un gran número de CEOs sean indios. Esto ha puesto al país en el epicentro del talento. Una de cada cinco personas menores de 25 años en el mundo es de India y el 47 % de los indios tienen menos de 25 años. En términos de talento y oportunidades laborales, India tiene la cantera perfecta de aquí a unos años.

Además, su condición demográfica ayuda. A diferencia de Europa, o incluso China, donde la población tiende a ser mayor en edad. Esto, que en términos de talento es una ventaja, coloca a India en una tesitura compleja: necesitan crear puestos de trabajo. Especialmente para el colectivo femenino, que solo ocupa un 10 % del total de trabajadores.

De nuevo, el cambio sociodemográfico se hace presente. A menos hijos nacidos, mayor riqueza de la población y mejoras sociales, la natalidad desciende y hay más mujeres para trabajar.

Y, al igual que en occidente, la idea irrefrenable de que, tarde o temprano, la población irá envejeciendo. Si en los años 50, la población tenía una edad media de 21 años y solo un 5 % tenía más de 60, en la actualidad la media se sitúa en los 28 años y el 10 % de la población supera los 60. Si bien es cierto que es una buena noticia para la esperanza de vida, India se tendrá que enfrentar a los problemas asociados al envejecimiento de la población. Pasando por la cobertura sanitaria, así como los nuevos modelos de familia o atención a las personas mayores.

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