La historia de la pareja que pierde a su hijo y lo recupera de una forma inexplicable, conflicto de la serie Servant, disponible en Apple TV+, siempre fue ambiciosa. En particular, porque M. Night Shyamalan jamás pareció decidir qué explicación brindar al fenómeno. La primera temporada se reservó toda la información y dejó a la especulación el suceso. ¿Un milagro oscuro? ¿Una fantasía que encarna al duelo? No hubo explicaciones para algo semejante. 

Tampoco en su segunda entrega. En la tercera, el guion insinuó la existencia de algo peligroso. Magia, brujería y poder. Pero es la cuarta, la que, finalmente, ofrece un panorama más preciso. Por extraño que pueda parecer, no por ello más claro. De hecho, de nuevo, Servant insiste en decir muy poco para dejar entrever un estallido en el centro de su narración.

Pero, antes de eso, plantea una atmósfera densa. En varias de las secuencias del primer capítulo, la cámara se mantiene inmóvil en una habitación vacía. La luz se extiende y muestra cada objeto en relieve. Los minutos pasan en silencio. Tanto como para que la tensión se acumule hasta que la voz de un personaje pueda provocar un sobresalto.

Incluso verdadero miedo, y más cuando es evidente que la aparente placidez que se muestra está a punto de romperse. El hogar de los Turner se desploma. Como si el caos que comenzó con la muerte de Jericho se convirtiera ahora en un elemento corpóreo capaz de amenazar a todos.

Servant

Para su última temporada, Servant, de Apple TV+, dejó atrás las insinuaciones sobre la posibilidad de lo sobrenatural. Ahora, como certeza, lo que sea que acecha es una evidente presencia fatídica. Al mismo tiempo, es una amenaza con la que los personajes deben lidiar con cualquier arma a su disposición. Puertas que se cierran y se abren. Pero el vacío es el centro de la acción. También la insinuación clara de que algo misterioso aguarda y amenaza. Para cuando ataca, el argumento muestra entonces su verdadero objetivo. Profundiza sobre qué trajo de vuelta a la vida a un niño muerto, pero, a la vez, sobre el poder que actúa a su alrededor.

Puntuación: 4 de 5.

Servant revela lo que se esconde en el centro de su historia

Para su última temporada, la producción dejó atrás las insinuaciones sobre la posibilidad de lo sobrenatural. Ahora, como certeza, lo que sea que acecha es una evidente presencia fatídica. Al mismo tiempo, es una amenaza contra la que los personajes deben lidiar con cualquier arma a su disposición.

Con fuerzas turbias actuando en medio de lo que hasta ahora fueron habitaciones corrientes, el argumento juega con lo que no muestra en pantalla. Hay pequeños ruidos, risas, murmullos. Puertas que se cierran y se abren. Pero el vacío es el centro de la acción.

También está la insinuación clara de que algo misterioso aguarda y amenaza. Para cuando ataque, el argumento mostrará entonces su verdadero objetivo. Profundizar en qué trajo de vuelta a la vida a un niño muerto, pero, a la vez, en el poder que actúa a su alrededor. 

El miedo, la luz y la sombra en Servant 

La producción tiene la identidad de toda obra de M. Night Shyamalan (Sexto Sentido, El protegido, Múltiple). Desde la atmósfera aprensiva hasta los personajes que enfrentan experiencias sobrenaturales sin herramientas para comprender qué ocurre. Pero, en especial, el carácter ambiguo de su historia

Servant atravesó, a lo largo de sus tres entregas anteriores, la posibilidad de que el misterio que rodeaba a la serie fuera simplemente una fantasía. En el mejor de los casos, una escapista, fruto del dolor de la pérdida. En el más macabro, una ruptura de la realidad que convierte al piso de ladrillos rojos en centro del conflicto, en una puerta a lo desconocido.

Para su cierre, el misterio está resuelto. Al menos a medias. Servant utiliza la sensación de que la pulcritud que muestra sus secuencias iniciales oculta el caos. El que ya se avizoró cuando la niñera, Leanne (Nell Tiger Free), se convirtió en el vínculo de cultos, magia y la encarnación del mal en estado puro. Uno de los puntos esenciales fue construir un enigma que se hizo más denso y sólido con el correr del tiempo.

La muerte de un bebé, el duelo posterior y, después, el elemento indescifrable que permitió el aparente portento de su vuelta a la vida, se mezclaron en algo más profundo. Para el final de su tercera temporada, la historia enfatizó su punto central: no hay forma de escapar de lo que Jericho representa. Del niño que resucitó o el enigma que habita en su mera existencia.

De vuelta a los espacios retorcidos

Shyamalan continúa la narración unos meses después del impactante final de la temporada previa. De hecho, la premisa de esta entrega es que cada elemento y suceso —anteriores o posteriores— tienen un motivo. Después de jugar a la idea de la desintegración de la vida doméstica, la normalidad e, incluso, la cordura, Servant regresa a un punto preciso. 

Para el guion, todo lo que ocurre preserva un secreto del que cada personaje conoce solo una parte. Dorothy Turner (Lauren Ambrose) logró sobrevivir a la caída que cerró la entrega anterior. ¿Cómo lo hizo? La historia no se prodiga en explicaciones y la sensación de que su recuperación podría ser una imagen irreal persiste durante buena parte del primer capítulo.

La cárcel de la vida cotidiana en Servant  

Pero, poco a poco, es aparente que lo que el personaje vive es una reclusión forzada. No solo por la recuperación que debe continuar en la casa de ladrillos rojos y la obliga a aislarse del mundo exterior. Al mismo tiempo, porque al regresar queda bajo el dominio de Leanne.

No obstante, nada de lo anterior es evidente. Todo se sugiere en escenas cotidianas que esconden algo más sórdido. La niñera se ha convertido en el centro del mundo de Sean (Toby Kebbell) y su hermano Julian (Rupert Grint). Aparentemente, sin que ninguno lo noté, la mujer que podría ser, o no, centro de un culto es el real poder que gravita en sus relaciones.

Pero Servant tiene la suficiente solidez narrativa para no caer en la premisa de un enfrentamiento entre dos fuerzas opuestas. Tampoco hacer de Dorothy una víctima. En realidad, todas las líneas que convergen en Jerich  —el niño muerto, que misteriosamente volvió a los brazos de su madre— son de naturaleza oscura. Pero, sin respuestas acerca del origen de un suceso semejante, el relato plantea la desorientación. 

¿Es real algo de lo que se ha visto hasta ahora en la serie? ¿Podría tratarse de una alucinación, histeria colectiva, miedo convertido en imágenes irreales? La serie se niega a dar una respuesta. Pero insinúa que cualquiera de las tres posibilidades podría ser cierta. 

Lo que sucede mientras la relación pasivo-agresiva entre Leanne y Dorothy se convierte en simbólica. Hay una energía imparable a punto de estallar entre ambas. Ya sea para un enfrentamiento final o la muerte de una de ellas. Sin embargo, el argumento no brinda pistas de lo que ocurrirá. Cuando lo hace, son tan confusas como para que las posibilidades sean múltiples e, incluso, contradictorias.

Una despedida a una historia convertida en objeto de culto

Nunca ha sido sencillo describir a Servant, ni como producción obsesionada por un solo punto de vista, ni cuando engloba varios temas a la vez. De hecho, cada una de sus temporadas relata lo que parece una dimensión distinta de la misma circunstancia inexplicable. Su cierre está a la altura de ese misterio y, quizás, no sea sencillo de asumir que su final abierto es también un homenaje a sus mejores momentos

Shyamalan logró crear una serie en la que depura su perspectiva sobre el horror. Eso puede ser una ventaja, pero también el elemento más flojo de un argumento con algunas fallas de origen. Servant nunca pareció dispuesta a completar una historia, sino añadir capas de complejidad a lo singular que intentó contar. Al final, el desafío de abarcar todas las posibilidades que se insinuaron a lo largo de sus cuatro temporadas parece que le quedó grande a la producción.

Servant se despide aclarando varios de sus misterios, pero sin responder a la mayoría de sus preguntas. Es esa sensación incompleta, quizás, lo que rompe el equilibrio de un enigma peligroso que debe descubrirse. ¿Se trató de la incapacidad del cineasta para estar a la altura de su propia premisa? ¿La serie terminó por derrumbarse como partes del hogar de los Turner? La producción no ofrece nada claro. Una despedida incómoda que, sin embargo, coincide con lo planteado en la serie hasta ahora.

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