En 2012, un hombre tetrapléjico fue ingresado en el Hospital Universitario de Massachusetts aquejado de dolor en el pecho y mareos. Las pruebas mostraron que tenía tanto taquicardia como arritmia. Es decir, su corazón latía más rápido de lo normal y con un ritmo irregular. Por eso, quedó ingresado mientras se le sometía a un tratamiento para normalizar sus latidos cardíacos. Durante el tiempo que duró el ingreso tuvo varios episodios nuevos, en uno de los cuales batió todos los récords conocidos, alcanzando un ritmo de 600 pulsaciones por minuto.

Si tenemos en cuenta que se considera que el máximo en un corazón humano normal son 300 pulsaciones por minuto, queda claro que este hombre estaba batiendo con creces un récord. De hecho, a día de hoy no hay ningún caso igual en la literatura científica. Sí que se había publicado previamente el estudio de una persona que había llegado a las 480 pulsaciones por minuto, pero ya está. No se había reportado ningún caso por encima. 

A pesar de alcanzar la frecuencia cardíaca de un ratón, el hombre, de 57 años y con antecedentes cardíacos, vivió para contarlo. De hecho, solo 20 segundos después volvió a un ritmo cardíaco normal, convirtiéndose en un misterio para los médicos que le trataron. Y es que en su momento hubo algunas teorías sobre su padecimiento, pero nunca llegó a estar del todo claro qué le paso.

Otros récords anteriores

El récord anterior de ritmo cardíaco publicado en un estudio científico fue de 480 pulsaciones por minuto. Sin embargo, existe otro que llegó un poco por encima, a las 500. No se publicó en la literatura científica, pero sí que fue muy mediático por las circunstancias en las que se dio.

Se trata de un hombre danés que en 1989 murió en el cine mientras veía la película Un pez llamado Wanda. Al parecer, se mantuvo tanto tiempo riendo a carcajadas que su frecuencia cardíaca se mantuvo sostenida entre las 250 y las 500 pulsaciones por minuto, hasta causarle la muerte por una fibrilación auricular. Se puede decir, literalmente, que murió de risa

El caso fue tan extremo que uno de los guionistas de la película se planteó usar la historia como reclamo de lo divertida que era la cinta. Sin embargo, acabó reconociendo que era de mal gusto y decidió no hacer publicidad con ello.

Rechazan el trasplante de corazón de un hombre por ser antivacunas
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¿Qué le pasó al hombre que llegó a las 600 pulsaciones por minuto?

Los latidos que emplea el corazón para bombear la sangre por todo el cuerpo se rigen por potenciales de acción. Este es un mecanismo por el que una descarga eléctrica viaja a través de las membranas celulares, provocando la transmisión de diversas señales. Para que esto ocurra, las células cuentan con canales iónicos, por los que los iones de calcio, sodio y potasio se mueven, generando diferencias de carga, como si de una pila se tratase. 

En el caso del corazón, a cada potencial de acción le sigue algo conocido como periodo refractario. Es decir, un periodo en el que no se puede producir otro potencial de acción. Así, al evitar nuevas descargas, se impide que el corazón lata demasiado deprisa. Generalmente, el periodo refractario en la unión auriculoventricular dura 0,2 segundos. Lo mismo que el propio potencial de acción que se produce en las células del músculo cardíaco. Así, como mucho, el corazón no debería latir a más de 300 pulsaciones por minuto. No obstante, puede ocurrir que la corriente eléctrica del potencial de acción tome un camino diferente al habitual. O que el periodo refractario sea más corto de lo normal. En esos casos, puede ser que aumenten las pulsaciones por minuto.

Finalmente, y al comprobar que su ritmo cardíaco volvía a la normalidad, se le diagnosticó con una fibrilación auricular. Es decir, un latido irregular, en el que las aurículas y los ventrículos no se contraen y se dilatan en sincronía. Este tipo de fenómenos aumentan la probabilidad de que se generen coágulos y pueda darse un accidente cerebrovascular. No hay más que ver el caso del hombre que murió viendo Un pez llamado Wanda.

Por suerte, en esta ocasión la fibrilación auricular fue muy corta y no hubo consecuencias que lamentar. Eso sí, las causas no están claras, aunque lo más probable es que el hombre, que ya tenía antecedentes de problemas de corazón, tuviese anomalías en las derivaciones cardíacas. O sea, que habría fallos en su sistema de conducción eléctrica. Esa fue la conclusión, aunque, dada la peculiaridad del caso, es imposible saberlo con seguridad.

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