En el listado de aviones de guerra que pasarán a la historia, hay opciones para todos los gustos. Unos por rápidos, otros por letales, algunos por ser protagonistas de acontecimientos e historias de todo tipo y, algunos, por ser los más caros que el mundo ha visto –y no literalmente–. Este puesto lo ocupa el Northrop Grumman B-2 Spirit, Stealth Bomber o simplemente B-2 Spirit para los amigos. Un bombardero subsónico norteamericano con tecnología de sigilo que costó el moderado precio de 2.100 millones de euros en su ajuste desde su creación. Su coste ha sido, y sigue siendo, el problema más grande del B-2 Spirit.

Su creación responde a los años de la Guerra Fría que enfrentaba a Estados Unidos y la, por entonces, Unión Soviética. Nacido bajo un secretismo absoluto, que no le sirvió para ser víctima de intentos de robo por parte de China y Rusia, la vocación del B-2 Spirit era la de ser rápido, capaz de soportar armamento pesado y, por supuesto, ser invisible al enemigo. Esta característica, junto a su desorbitado precio y su espectacular forma alada, pasaron a la historia junto a la nave.

Era tal la magnitud del coste del B-2 Spirit, que el interés de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos por adquirir unidades se desinfló con el paso de los años. Con un primer vuelo en verano de 1989 y plenamente operativo a finales de los 90, Estados Unidos comenzó a disponer del avión diseñado para la Guerra Fría después de que el Telón de Acero hubiese caído (1991) y la Unión Soviética se disolviese. Con todo, sí se ha podido ver en acción a los B-2 Spirit en varias ocasiones. Durante la Guerra de Kosovo, Afganistán, la Guerra de Irak o, su última actuación en 2017 en Libia contra un campamento del ISIS.

B-2 Spirit, un avión creado para no ser visto

B-2 Spirit
Foto: U.S. Air Force photo/Master Sgt. Val Gempis, vía Flickr (Creative Commons BY-NC).

De las peculiaridades que más destacan del B-2 Spirit es, sin duda, su forma de ala volante. A diferencia de otros bombarderos del momento, este modelo carece de cola. No era el primero de su clase, ya los YB-35 y los YB-49 se diseñaban con este aspecto, pero sí fue pionero en lograr pasar a la historia. Con sus 52 metros de envergadura, y su coraza de carbono y grafito, el B-2 Spirit ya es eterno.

El B-2 Spirit tenía que ser invisible, al menos para la tecnología de la época. Se lo considera un avión furtivo, ya que su tecnología permite entrar en territorio enemigo sin ser detectado. Con un sistema de resonancias acústicas, infrarrojos, sistemas visuales y de radar, puede evadir casi todos los ataques. ¿Cómo? El primer mecanismo parte de pintura antirreflectante del Spirit B-2, casi imperceptible a determinadas alturas, puesto que se confunde con el color del cielo.

De hecho, esta pintura es uno de los elementos más sensibles del bombardero. Para mantener este recubrimiento, las unidades en tierra no pueden permanecer en el exterior. Deben guardarse en naves refrigeradas –otro punto que solo aumenta el coste de mantenimiento a unos 5 millones de dólares anuales–. De hecho, existen indicios de que los B-2 Spirit no son buenos para volar con lluvia intensa, ya que esta perjudica gravemente a su cara y sensible pintura de invisibilidad.

Sumado a esto, y partiendo de ciertos rumores, el B-2 Spirit podría estar dotado de un sistema de detección de luces. O lo que es lo mismo, avisar al piloto de que la iluminación del ambiente ha cambiado, con lo que tendrá que modificar la altura del vuelo para que la pintura reflectante haga su magia.

Junto a su pintura, su sistema para evitar los radares infrarrojos del enemigo. La fricción del aire, así como la combustión de los motores, aumentan la temperatura del fuselaje del B-2 Spirit. El diseño aerodinámico de la carcasa, sumado a que los motores se encuentran enterrados en la misma, hace que sea casi imposible de detectar por algunos infrarrojos. ¿Y qué ocurre con los radares? Tanto lo mismo. Su peculiar forma refleja los radares haciéndole "invisible". Algo que solo lograron con el descubrimiento de la dinámica de fluidos computacional.

Capaz de guardar armas de todo tipo

Un avión pensado para la Guerra Fría debía tener sí o sí un sistema armamentístico pensado para ataques nucleares. De esta manera, su interior puede almacenar la friolera de 18.000 kilogramos de artillería, entre los que se incluyen cabezas nucleares y misiles de crucero.

Esto no quiere decir, por supuesto, que los B-2 Spirit hayan hecho uso de esta dudosa virtud. Con el final de una Guerra Fría que nunca vieron, estos aviones fueron modificados para incluir armamento convencional y de precisión.

Pocos pueden pilotar un B-2 Spirit

A día de hoy, unos 80 pilotos están dotados para volar un B-2 Spirit. Cada uno de ellos con capacidad para dos tripulantes o incluso tres si fuese necesario.

¿Son pocos los capacitados? En verdad son los suficientes para las 20 naves que se mantienen operativas –y que han existido–. Solo uno de los B-2 Spirit ha sido retirado de circulación (el número 21) por un accidente en 2008 justo después de su despegue en la Base de Guam. El avión quedó inutilizado, pero no hubo que lamentar víctimas mortales. Más tarde, en 2010, se volvió a registrar otro accidente a bordo de estas naves, igualmente sin víctimas mortales.

Pese a todo, la automatización del B-2 Spirit permite que uno de los dos pilotos pueda descansar en la cama plegable de la nave, ir al baño o preparar la comida, mientras el otro pilota. No es algo muy común en este tipo de naves, que suelen disponer de espacio justo y necesario para albergar a dos tripulantes y nada más. Pero era algo que el B-2 Spirit debía tener en cuenta si quería mejorar el rendimiento de sus pilotos en misiones de largo alcance.

Un avión histórico, pero muy caro

Solo hay 20 unidades del B-2 Spirit en circulación –una más si sumamos el que terminó desguazado tras un accidente–, de las casi 132 que fueron propuestas al inicio de su diseño durante la Guerra Fría. ¿El problema? Toda esta tecnología es realmente cara.

Ya en sus primeros años, se redujo la apuesta a 75. Para 1991, momento en el que comenzaron a operar, solo fueron 21 los que llegaron a término. Cada uno de los aviones tenía un coste de 566 millones de dólares en 1995. Pero ese fue el precio de salida. Las constantes actualizaciones y el mantenimiento que llevan a cuestas –más de 116 horas cada uno de ellos– aumentarían la factura considerablemente. Según un documento de la Oficina de Contabilidad del Gobierno de Estados Unidos, ya en 1997 se calculaba que el precio final de cada B-2 Spirit rondaría los 2.100 millones de dólares.

Y el paso del tiempo no los ha hecho más económicos. En 2010, por ejemplo, se estimaba que el costo mensual de cada avión era de 3,4 millones de dólares, y que cada hora de vuelo rozaba los 135.000 dólares, el doble que otros aviones más recientes.

Con estos precios, la fama del B-2 Spirit no ha sido del todo positiva. Ni para las arcas de Estados Unidos, ni para los contribuyentes que no estaban muy a favor de destinar esa cantidad de millones a la compra de más unidades del bombardero.

El empleado que intentó pagar su divorcio vendiendo los secretos del B-2 a los rusos

B-2 Spirit
Foto: Wikimedia Commons (Dominio público).

No hay avión histórico sin robo de patentes, planos y secretos por parte de Rusia y China. El B-2 Spirit tiene la suya particular y por partida doble.

Que haya trascendido, el bombardero fue motivo de codicia por parte de los rusos durante la Guerra Fría. Ante los rumores de que Estados Unidos estaba construyendo un bombardero invisible, la URSS inició su sistema de espionaje. Lo intentó con uno de los ingenieros que trabajaba, allá por 1984, para Northrop, la empresa que diseñó la unidad. Thomas Patrick Cavanagh, ingeniero aeronáutico, fue condenado a cadena perpetua por intentar vender los secretos del B-2 Spirit a la URSS por el equivalente de 65.000 dólares –la realidad es que se los vendió a infiltrados norteamericanos que llevaban tiempo investigándole–.

¿Por qué lo hizo? Por un motivo más que mundano. Cavanagh se estaba divorciando y no podía pagar el coste del proceso legal que, prácticamente, le había dejado en la ruina.

Años más tarde, hubo un nuevo intento, pero esta vez con la actual potencia rival de Estados Unidos. China, que lleva tiempo creando y diseñando su propia flota militar, codiciaba los secretos del B-2 Spirit. Noshir Sheriarji Gowadia fue arrestado en 2005 por vender secretos del bombardero a 7 países, entre ellos China, y condenado a 32 años de prisión.