Para su cuarto capítulo, Ms. Marvel toma un riesgo creativo que podría haber salido muy mal. En especial, en una historia corta de un personaje desconocido que llega al streaming para profundizar en una dimensión nueva del superhéroe. Pero Marvel toma el riesgo desde el asombro. La mirada inquieta y poderosa del visitante, del extranjero y el desconocido. Y, de ese modo, explora a todo nivel que tanta influencia ejerce el origen étnico de Kamala sobre sus portentosas capacidades. Una salvedad que argumento abarca con ingenio, elegancia y sensibilidad.

De la misma manera que en su momento ocurrió con Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos, en Ms. Marvel lo cultural es relevante. No solo como color local o un tránsito hacia espaciosos novedosos de una narración más universal. En realidad, la serie brinda a Kamala un lugar inesperado en su originalidad. También una mirada elocuente y bien construida sobre lo que le rodea como caja de resonancia. El resultado es un capítulo que profundiza en Kamala como parte de algo más grande — ya sea por el origen de lo extraordinario — y la identidad del personaje. 

Si algo ha distinguido el papel de esta heroína adolescente es su marcada personalidad cultural. La forma en que combina con acierto el peso de la religión, los pormenores sociales que la integran y el poder que muestra. Su llegada a la multipantalla tiene la misma fuerza, la misma integridad y sobre todo, la misma sinceridad.

La vida es más fácil con superpoderes, ¿verdad?

El cuarto capítulo de Ms. Marvel, con su viaje a Karachi y el encuentro con una Pakistan desconocida, sorprende por su buen hacer. A la vez, por la amabilidad de su recorrido a través de lo fundamental de este personaje que atraviesa aguas distintas y lugares desconocidos. Si Moon Knight (Caballero Luna) mostró la cultura musulmana en la periferia, Ms. Marvel la integra y conforma como un eco de la bondad. Una travesía hacia el misterio y al final, un tipo de autodescubrimiento que, rara vez, disfruta un personaje superheroico.

En busca de sentido de la pertenencia en Ms. Marvel

Kamala, de la misma manera de otros tantos superhéroes, regresa al origen familiar en busca de respuestas. Pero mientras la mayoría de los grandes nombres del mundo del cómic recorren planetas y dimensiones nuevas, el personaje lo hace en la historia. Y una rica en detalles, en giros espeluznantes y dolorosos. Pero más allá del reconocimiento de la cualidad de Kamala como recién llegada a parajes sorprendentes de su vida, el guion encontró cómo analizar la diferencia. Hacerlo sin que el recorrido de su personaje en busca de respuestas parezca un recorrido anecdótico o moral. No hay un juicio en este viaje de Kamala al otro lado del mundo. Hay un salto a la aventura que enlaza con la natural audacia del personaje y su inteligente uso de sus recursos intelectuales y morales. 

Pero esta es una historia de superhéroes, por más conmovedor que sea el viaje de Kamala hacia el centro de su historia familiar. Y Ms. Marvel no lo olvida. Por ese motivo, el cuarto episodio de la serie tiene la mejor escena de acción de su corta historia. Kamala encuentra a un igual, uno que no se sorprende la brillante Noor que le rodea. Y es entonces, cuando esta jovencísima superhéroe muestra esa intuitiva y bien construida evolución que la serie le ha brindado en cuatro capítulos. La lucha es rápida, sagaz. Kamala aprende rápido. Todavía hay tiempo para tropiezos, chistes de la cultura pop y tropiezos. Pero Kamala comienza a mostrar que es mucho más que el brazalete en su muñeca. Y en especial, mucho más que la idea general sobre un poder que, por ahora, tiene un origen en apariencia turbio.

Si algo se agradece en Ms. Marvel, es su resistencia a los lugares comunes, a usar el poder como excusa para el cambio. Kamala evoluciona, crece, madura. Lo hace a través del poder y no debido a él, una salvedad de considerable importancia y una audacia narrativa que Ms. Marvel aprovecha en toda su extensión. Kamala quiere respuestas y la historia debe darlas. Con dos capítulos para el final y sin mucho avance en la trama principal, es imprescindible hacerlo. 

Y para su cuarto capítulo, y de manera natural, la serie las ofrece. No se trata ya del origen místico de una joya familiar, sino la intuición de Kamala como algo más que una rareza. Finalmente, los misterios comienzan a tomar forma. También, a construir una narración más grande sobre el sentido de la responsabilidad, el poder y la inteligencia de un superhéroe en un mundo lleno de heridas.

Kamala, los enigmas y al final, las puertas abiertas a las respuestas 

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Marvel Studios | Disney+

Este ha sido uno de los capítulos con mayor duración de la serie. Y el que más tiempo dedicó al trabajo de cámara, al recorrido por lugares asombrosos. A seguir como un testigo curioso como Kamala crece a la par de su consciencia sobre lo que es. ¿Y qué es esta inmigrante de segunda generación que acepta la diferencia con una naturalidad conmovedora? Profundamente integrada al sentido de lo maravilloso, Ms. Marvel, esta vez, es un mapa general — y en más de una forma — de lo increíble. 

La serie emparenta su origen con lo más sustancioso de Marvel. De nuevo, hay menciones de grandes nombres en este mundo que sobrevivió al blip. “Si Thor hubiese aparecido en el Himalaya, sería llamado Djinn” dice un personaje. Y esa salvedad, tan inesperada como cierta, la que mueve la hoja de ruta del programa en una dirección nueva. Lo asombroso lo será según quien lo mire.

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¿Y quién contempla a Kamala, poderosa y desconcertada? A una nueva dimensión de la realidad. ¿Una posible incursión? Las nuevas lecciones que el Doctor Strange en el Multiverso de la Locura dejó a su paso, ahora son imprescindibles para comprender. ¿Es la potencia de la Noor, ese elemento desconocido que enlaza a Kamala con algo más portentoso, una forma de destrucción?

La serie no lo aclara   pero el propósito — de Kamala y de la historia — está claro. Solo resta esperar que este superhéroe inquieto, enternecedor y dolorosamente humano siga su camino. ¿Lo hará? En dos capítulos, deberá tomar la decisión.