Vivir en las copas de los árboles más altos del mundo debe dar bastante vértigo. Salvo que seas una salamandra. Ellas no tienen miedo porque cuentan con un truco infalible por si toca salir huyendo: un cuerpo que se convierte en paracaídas al instante.

Es la conclusión de un estudio recién publicado en Current Biology de la mano de científicos de la Universidad del Sur de Florida. En él, utilizaron un túnel de viento en el que dejaron caer algunos ejemplares de salamandras arborícolas o no arborícolas desde una altura reducida. Era bastante más ético y sencillo que empujarlas desde las copas de las secuoyas en las que viven algunas de ellas. 

Así, comprobaron que aunque las salamandras no tienen ninguna estructura que aparentemente les sirva como paracaídas, son capaces de conformar su cuerpo para planear del mismo modo que si estuviesen aferradas a uno. Es un hallazgo muy interesante, que no solo ha dado lugar a un vídeo de lo más simpático. También demuestra que los animales tienen más herramientas de las que podríamos pensar para sobrevivir a caídas desde grandes alturas. Puede que haya otros muchos para los que ni siquiera lo hemos imaginado. 

Un túnel de viento para imitar la secuoyas

Las salamandras errantes (Aneides vagrans) suelen vivir en las copas de las secuoyas de Canadá y Estados Unidos. Algunas especies de estos árboles pueden superar los 100 metros de altura, de ahí que se les conozca como los más altos del mundo. 

Aunque se encuentran cómodas estando un poquito más cerca del cielo que la mayoría de animales terrestres, a veces pueden sentirse tan amenazadas que no les queda más remedio que saltar al vacío. Si lo hiciésemos nosotros sería una muerte segura. Salvo que tuviésemos un paracaídas, claro.

Las secuoyas pueden llegar a medir más de 100 metros de altura

Con esta premisa en mente, los autores del estudio que se acaba de publicar decidieron comprobar si estas salamandras cuentan con estructuras que funcionen como paracaídas. Por eso, prepararon un túnel de viento vertical, en el que se simula la caída del dosel de árboles como las secuoyas.

Una vez preparado, metieron en él ejemplares de salamandras arborícolas y no arborícolas y las dejaron caer. Al contrario que en los árboles, la altura no era mortal, por lo que no había peligro para las salamandras. Pero pudieron ver igualmente cuál es su truco para sobrevivir a la caída desde lo más alto de las secuoyas.

El paracaídas improvisado de las salamandras

En el caso de las salamandras arborícolas, la velocidad de caída se redujo un 10% desde el momento en que sacaron su paracaídas improvisado. Básicamente, la diferencia entre sobrevivir a la caída o morir por ella.

No era ningún artilugio, sino simplemente unos movimientos muy pertinentes para la ocasión. Los anfibios estiraban sus patas y su cola de modo que pudieran planear, como hacemos los humanos cuando nos tiramos en paracaídas. Pero sin ningún elemento adicional.

Al planear, la velocidad de caída se redujo un 10%

No es la primera vez que se ha visto animales arborícolas con capacidad para planear. Por ejemplo, es habitual en algunas ardillas. No obstante, la constitución de las salamandras no llevaba a pensar que tuviesen esta capacidad. Por eso, este resultado anima a sus autores a seguir buscando. 

Al fin y al cabo, el cambio climático mermará cada vez más los ecosistemas de estos y otros animales, por lo que es vital comprender cómo se desenvuelven en su entorno. Es la mejor forma de protegerlos sin alterar su modo de vida más de lo que ya lo está haciendo el calentamiento global.