Jacoba Ballard tiene 94 hermanos y según el documental de Netflix Nuestro Padre el número continúa en aumento. Ballard y su madre son víctimas de uno de los casos de mala praxis médica más perturbadores en la historia de Norteamérica. Se trata del ya famoso caso de Donald Cline, un especialista en fertilidad que utilizó su propio esperma para inseminar a sus pacientes. La retorcida historia es un recorrido a través no solo del abuso de una práctica médica y los límites del consentimiento. También es una mirada preocupante a los blancos legales que permiten que Cline y otros casos similares al suyo continúen impones. 

Nuestro Padre centra su atención en el largo recorrido de las víctimas en busca de justicia, reconocimiento y validación. También la forma en que la actuación de Cline no solo pervirtió un procedimiento médico hasta convertirlo en un crimen concreto. La directora Lucie Jourdan utiliza la noción sobre el terreno resbaladizo en que se mueve los procedimientos de reproducción asistida, para contar una historia de horror. Poco a poco, la noción sobre la forma en que Cline manipuló, agredió y al final convirtió la inseminación es un arma de poder, desconcierta y aterroriza. Pero mucho más, el hecho que su actuación convirtió a sus pacientes en víctimas efectivas de una circunstancia inexplicable. 

Cline, actualmente libre, no enfrenta cargos inmediatos civiles o penales. Y mientras tanto, el conteo de sus hijos biológicos aumenta. El especialista que al principio negó los cargos y después, suplicó en corte “piedad” que aún es defendida y protegida. Mientras tanto, sus “hijos” sufre las consecuencias de un tipo de agresión inesperada y cruel que destruyó su identidad y sus vidas, tal y como la conocían. Nuestro Padre narra los pormenores de la historia de cada uno de ellos, o al menos, los que han querido participar en la producción. El secreto, el miedo y la verguenza, oculta la mayor parte de los horrores cometidos por Cline a lo largo de su carrera. Algo que Nuestro Padre muestra con un brillante guion y en especial, una atención a la percepción sobre la tragedia colectiva que provocó el caso y sus incontables consecuencias. 

Nuestro Padre, el horror a puertas cerradas 

En la década de 1970, el especialista en fertilidad Donald Cline era uno de los nombres más reconocidos de un ámbito médico pionero. Cientos de familias en Indiana (EE.UU.) acudían a su consulta en busca de ayuda para un amplio espectro de problemas de reproducción. Con el correr de los años y gracias al éxito de la mayoría de sus procedimientos, Cline se convirtió en un hombre respetado y querido. 

La mayoría de sus pacientes agradecían la intervención del médico en la posibilidad de engendrar. E incluso su, en apariencia, cariñosa intervención en sus vida años después. El experto se convirtió en un hombre reconocido y uno con el aval de cientos de éxitos en su larga hoja de vida. Hasta que Jacoba Ballard, uno de los bebés nacidos gracias a los procedimientos de fertilización asistida del Cline, se hizo adulta y comenzó a rastrear su origen genético.

Nuestro Padre muestra la lucha de Ballard por armar el turbio rompecabezas de su historia biológica. A través de una investigación informal, la víctima logró demostrar su parentesco circunstancial con al menos siete hijos de pacientes de Cline. Lo hizo sin la ayuda de la ley o ninguna institución legal, que por años, ignoraron sus alegatos. 

Un experimento siniestro de proporciones inquietantes 

De manera gradual, Ballard logró encontrar el hilo en medio de un caso confuso y demostrar sus alcances. Mucho más preocupante, el hecho que la decisión de atención reproductiva en Norteamérica, aún debe atravesar lugares legales inciertos. Con pulso firme, el documental permite a Ballard contar la historia bajo sus términos. Como si eso no fuera suficiente, explorar en las infinitas aristas de una situación hasta entonces impensable.

Cada uno de los niños Cline descubrió que su historia familiar había sido mancillada por una decisión cuestionable y brutal del experto médico. Nuestro Padre narra el caso desde el asombro turbio, pero en especial desde la consciencia de la crueldad del proceder de Cline. El enigma de su parentesco, se convirtió en un crimen a gran no reconocido por el sistema legal norteamericano. A la vez, en una tragedia doméstica que destruyó vidas y convirtió a los hijos de Cline en improbables conejillos de Indias. 

“Sé que cada vez que cuento lo ocurrido a uno de mis hermanos, destruiré su vida”, dice Ballard. Lo explica mientras detalla cada ocasión en que debió escribir e informar a un desconocido sobre lo ocurrido en el consultorio de Cline. Su rostro, pálido y serio, es el punto de encuentro entre todas las historias que le rodean. Como si se tratara de un siniestro juego de espejos, la película recorre la posibilidad que Cline usara su esperma por razones religiosas e incluso raciales. Una y otra vez, hace hincapié en el parecido de los hermanos. Todos rubios y ojos azules, con problemas autoinmunes. Todos rasgos genéticos heredados de Cline. 

Un final sin respuestas 

Quizás uno de los puntos más abrumadores de Nuestro Padre sea demostrar que las leyes no abarcan la eventualidad de los hermanos Cline. Primero ignorados por el sistema legal de Indiana, Ballard debió luchar por el reconocimiento de la fiscalía. Una vez que lo logró, el complicado camino hasta conseguir algo parecido a justicia, ha sido laborioso e ingrato. El documental cuenta paso a paso, la necesidad de reconocimiento de los llamados niños Cline. Pero más importante aún, de una circunstancia médica de extrema gravedad que la ley no contempla, castiga o comprende en su totalidad.

Para su desolador final, Nuestro Padre solo deja en claro que Jacoba Ballart seguirá luchando por obtener justicia. No que la obtendrá. Mientras tanto, el número de niños unidos por una práctica fraudulenta aumenta con rapidez. “Noventa y cuatro hermanos” puede leerse en pantalla. “Y contando”, agrega después, para dejar claro, que la tragedia de los niños Cline continúa. Se hace más aterradora y dolorosa.