Hace poco más de un año, la plataforma ArtStation se convirtió en foco de críticas negativas después de haber anunciado que lanzaría un espacio para los NFTs. Por supuesto, los usuarios, medios y ambientalistas no tardaron en denunciar con severidad que esta tendencia multimillonaria no solo estaba afectando al mundo del arte, sino también contaminando al medio ambiente.

Poco después, ArtStation acabó disculpándose por lo sucedido; asegurando que "claramente cometimos un error y admitimos fallas", poniendo fin a la carrera de la compañía en el mundo NFT. No obstante, ¿qué tan severo es el daño medioambiental que puede causar el uso de tokens no fungibles? ¿Está justificada la reacción del público hacia la compañía? La respuesta, lamentablemente, es un rotundo sí.

Más allá de los debates sobre la validez de los NFTs como algo positivo o significativo en el mundo real, existe una verdad innegable: son extremadamente dañinos para el ambiente. A principios de 2021, The Independent lanzaba un reportaje sobre los devastadores impactos del Bitcoin en este sentido. Pero, ¿cómo se traduce esto al mercado NFT?

El lado oscuro del mercado NFT

Producción de NFT

El mercado NFT está sostenido sobre la tecnología blockchain, sobre la cual también basan su existencia las criptomonedas como Bitcoin, Ethereum y otras. ¿Qué significa esto? Que este tipo de tokens no fungibles utilizan una red de computadores que, a su vez, consumen energía eléctrica para poder generar y alimentar las cadenas de bloque que componen estos activos digitales.

Debido a este gasto eléctrico tan alarmante que generan las transacciones de NFT, el artista digital Memo Akten decidió fundar su sitio web CrypoArt.wtf. En dicha web, que ahora se encuentra cerrada, Akten calculó que el NFT promedio posee una huella de carbono equivalente a la huella mensual de un ciudadano de la Unión Europea.

Asimismo, otras estimaciones similares arrojan que vender un total de 100 obras genera una huella de carbono de 10 toneladas de CO2. Este número puede ser entendido como la huella anual per cápita de un ciudadano de la UE, "incluidas todas las emisiones de la industria y el comercio".

Según el sitio web WIRED, minar un NFT consumió un aproximado de 35kWh de electricidad; que a su vez emitió una huella de carbono de 20 kilogramos de CO2, un alto nivel de contaminación. Este proceso, que según describe el sitio comienza "desde el clic del ratón hasta reclamar el derecho a producir el bloque", produjo una elevada cantidad de consumo eléctrico. En comparación, comentan que ver Netflix durante una hora apenas produce 36 gramos de CO2.

Otros que examinan los NFTs y los estudios sobre el Bitcoin han encontrado emisiones aún mayores. Aunque la gente discute los cálculos, el punto innegable es que las emisiones de carbono deben ser reconocidas y abordadas, ya que las emisiones son responsables de la crisis climática, el aumento de la temperatura y de la acidificación de los océanos, factores que matan la vida existente.

WIRED

La red Ethereum, una de las más comunes en el sector de los NFTs, se ha convertido también en una de las más contaminantes. Según arrojan estudios como el de Digiconomist, una transacción NFT en esta red consume un aproximado de 45,54 Kg de CO2. Asimismo, el consumo energético total de esta red era de 44,49 TWh (teravatios por hora); un número que podría compararse al generado por un país pequeño, y el cual dice mucho sobre la contaminación NFT.

¿Existe alguna solución?

Aunque los números son bastante alarmantes, nada hacemos con sacar cálculos estratosféricos y no tomar medidas para abordar el asunto. Afortunadamente, en la actualidad ya existen varias medidas que se están tomando en consideración para reducir la contaminación generada por los tokens no fungibles que cada vez se vuelven más populares.

Existen propuestas como Ethereum 2.0 y Layer 2. La primera se encuentra en modo de prueba, y tiene la capacidad de reducir su consumo energético en un 99,95 por ciento. Una cifra que, por supuesto, resulta extremadamente esperanzadora en términos de contaminación NFT.

Layer 2, por su parte, ha sido descrita como "una segunda capa de Ethereum por encima de la principal". Desarrollada por la plataforma de NFT Soare, permite a la plataforma "reducir el consumo en 30.000", según ha comentado su CEO y fundador, Nicolas Julia. De esta forma, la contaminación de la plataforma pasaría de 3000Wh a los 110Wh; disminuyendo eventualmente hasta situarse en 11Wh.

Reduciremos efectivamente nuestro consumo de 3000 a 110Wh. Vale la pena señalar que, a medida que escalamos, este número disminuirá eventualmente alcanzando los 11Wh.

Nicolas Julia, CEO de Soare, Europa Press

Por supuesto, el consumo eléctrico y la contaminación causada por los NFTs no bajará de forma drástica a corto plazo. No obstante, medidas como estas nos aseguran que los grandes de la industria se están tomando la tarea en serio. Todavía queda mucho por resolver con los tokens no fungibles, y también muchas regulaciones por delante para que sus "beneficios" no acaben costando la vida entera en la Tierra.