Cuando hablamos de internet, la definimos como una red de redes. En realidad, la red de redes con mayúsculas, por su tamaño y extensión. Internet es una red descentralizada de redes conectadas entre sí. Ordenadores, servidores y toda clase de aparatos conectados unos con otros a través de kilómetros de cableado o a través de redes inalámbricas. Pero más allá de esta definición, internet es una amalgama de servicios y contenidos. Algunos de ellos de difícil acceso. Otros, ocultos tras capas de seguridad. Y otros, directamente, ilegales en la mayoría de países. Para englobarlos se emplean conceptos como Deep Web, Dark Web y Darknet.

De alcance mundial y con millones de usuarios, según Statista, en enero de 2021 la población de internet era de 4.660 millones de usuarios. El 59,5 por ciento de la población. Y no todos tienen las mismas intenciones ni intereses. Hay particulares, empresas, organismos públicos, agencias de seguridad, grupos criminales, adultos, niños… Como se suele decir, internet es el reflejo digital de nuestro mundo real. Para lo bueno y para lo malo.

Como consecuencia de lo que es internet y de cómo está organizada, hay zonas de internet que no están al alcance de todo el mundo. En ocasiones se debe simplemente a redes privadas de empresas o administraciones públicas. A veces son contenidos o direcciones que escapan al indexado de los buscadores, nuestra principal puerta de entrada a internet. Así pues, ¿es lo mismo Deep Web, Dark Web y Darknet? ¿Todo es ilegal o truculento en estas caras ocultas de internet? ¿Cuánto hay de cierto y cuánto de leyenda urbana en los rincones menos públicos de internet?

Deep Web y Dark Web se suelen representar haciendo un símil a las profundidades del océano. Fuente: Ranjithsiji (Wikipedia)

Deep Web, la internet profunda

Empecemos por Deep Web. En español la conocemos como internet profunda, internet invisible o internet oculta, según reza Wikipedia. Sin embargo, se refiere a la web, no a toda internet. Internet la conforman una serie de servicios y contenidos. Lo que conocemos como Web o World Wide Web, es solo una parte de internet. Y la Deep Web es una parte de esa World Wide Web con mayúsculas.

El concepto de Deep Web tal y como lo conocemos hoy en día se lo debemos al informático estadounidense Michael Bergman, que ha dirigido empresas como The WebTools o BrightPlanet. Esta última dedicada a ayudar a empresas y particulares a aprovechar la información oculta precisamente en la Deep Web. El concepto como tal aparece por primera vez en 2001 en el artículo de investigación o paper titulado “The Deep Web: Surfacing Hidden Value”. Puedes consultarlo aquí. A su vez, Bergman se inspira en el concepto Invisible Web, acuñado por Jill Ellsworth en 1994 y que fue citado posteriormente. Es más, el vocablo Deep Web ya aparece a finales de los años 90 en publicaciones varias. Pero vayamos al meollo. ¿Qué es esa parte de internet con nombre exótico? Básicamente, la Deep Web es esa parte de la web que no indexan los buscadores de internet.

Hay dos maneras de acceder a la web. Tecleando una dirección en la barra de direcciones de tu navegador o hacer una búsqueda en un buscador. Ese buscador te ofrecerá enlaces a páginas web. Enlaces que también podemos encontrar en redes sociales o en otras páginas. Enlaces que los buscadores han encontrado durante sus procesos de indexación. De esta ardua tarea se encargan de manera automatizada unos bots llamados en inglés web crawlers o spiders. Escudriñan páginas y enlaces a partir de listas de enlaces conocidos. A partir de esos enlaces primarios, encuentran otras direcciones que envían al buscador. Y éste las indexa, organiza, categoriza, prioriza o deshecha.

En la práctica, casi todos acudimos directamente a Google, Bing o DuckDuckGo. Para qué teclear un enlace si puedes encontrarlo con una búsqueda de unos pocos segundos. Es más, normalmente el resultado que queremos está en la primera página de resultados. Hay quien, medio en broma medio en serio, considera que las demás páginas de resultados también son parte de la Deep Web. Y es que lo que no está en los buscadores, es difícil que nos llegue.

No todas las páginas web quieren aparecer en los buscadores

¿Por qué se produce la Deep Web?

A veces es algo que quieren los responsables de las páginas no indexadas. Para hacer esto, basta con incluir un archivo llamado robots.txt. En principio, los bots que buscan nuevos enlaces deberían hacer caso a ese archivo y no incluir dicho enlace o página. Ese archivo indica qué parte de la página es indexable o si toda la página debería quedar fuera de la indexación.

En ocasiones, se trata de páginas de uso interno de empresas, administraciones públicas o particulares. Es decir, para acceder a ellas necesitas unas credenciales. Los web crawlers no hacen milagros, así que si un enlace no está disponible o no es accesible, pasan a otro. Si una página entera está protegida por contraseña, su contenido queda fuera de los buscadores. En este caso por seguridad.

Para que quede claro, Deep Web es lo que queda fuera del alcance de los buscadores. Pero no significa que sea contenido ilegal. Es más, cada día accedes a la Deep Web sin darte cuenta. Cuando consultas tu correo desde el navegador, miras tu cuenta bancaria, accedes a grupos privados de Facebook o perfiles restringidos de Instagram, cuando entras a un foro de internet… Todo este contenido es Deep Web y es perfectamente legal.

En cuanto al tamaño de esta parte de internet que queda fuera de los buscadores, la investigación de 2001 de Michael Bergman apuntaba a entre 400 y 550 veces mayor que la World Wide Web que conocemos. Unos 7.500 terabytes de información. Más de 200.000 páginas. Y, repito, estos datos son de 2001. Hoy en día las cifras deberían ser mucho mayores, ya que la internet privada y comercial se ha desarrollado mucho estos años.

El propio estudio de Bergman hace un ranking de algunas de las páginas que más contenido albergan en la Deep Web. Por ejemplo, agencias públicas estadounidenses como la NASA, la NOOA (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica) la Librería del Congreso o el Censo, empresas como Alexa, IBM o Amazon…

Cualquiera puede acceder a la Dark Web con el software adecuado

Dark Web y Darknet, la internet oscura

Ahora que ya sabemos que internet se compone de distintos servicios y contenidos, uno de ellos la Web o World Wide Web, y que ésta, a su vez, se divide entre la parte que conocemos (a veces llamada Clearnet) y la que no, toda ir más profundo. Hay quien usa el símil de un mar u océano en el que nos sumergimos poco a poco. En la superficie, la Web que nos ofrecen buscadores como Google, Bing, Yahoo!, Baidu o Yandex. Debajo, la Deep Web, la parte que vemos porque somos clientes, empleados o usuarios, pero que no todo el mundo conoce por las limitaciones de privacidad o seguridad.

Pero hay un tercer contenido que forma parte de la Web y que está oculto por motivos legales mayormente o políticos, en ocasiones. Se conoce como Dark Web y, en ocasiones, los medios confunden ambos conceptos, Deep Web y Dark Web. En parte, porque la segunda forma parte de la primera. Es decir, es contenido web que no aparece en los buscadores. Pero se diferencia en que no puedes acceder a él desde tu navegador. Necesitas un navegador especial o una aplicación específica. Las dos más populares son TOR (y sus enlaces ONION) y también I2P (y sus enlaces I2P). El principal motivo es que el contenido expuesto en la Dark Web suele ser ilegal.

Otra particularidad de la Dark Web es que está hospedada en lo que se conoce como Darknet, traducción literal, red oscura. Se trata de redes que operan en internet pero que son accesible mediante un software específico que utiliza un protocolo propio. Es decir, la Web emplea los protocolos HTTP y WWW. Por su parte, una Darknet emplea protocolos alternativos, normalmente cifrados o con varias capas para proteger la privacidad de los miembros de la red. Es el caso de Freenet, I2P y TOR (The Onion Router).

La Dark Web permanece oculta pero funciona en gran parte como la Web a la que accedemos desde los buscadores. En palabras de Kaspersky, especialistas en seguridad informática, “La Dark Web es el conjunto oculto de sitios de Internet a los que solo se puede acceder mediante un navegador web especializado. Se utiliza para mantener la actividad de internet privada y en el anonimato, lo que puede ser útil tanto en aplicaciones legales como ilegales. Si bien algunos la utilizan para evadir la censura del gobierno, también se sabe que se utiliza para actividades altamente ilegales”. Cada página tiene su propia dirección, puede enlazar a otras páginas e incluso existen buscadores que indexan enlaces TOR o I2P. DuckDuckGo, por ejemplo, tiene una versión para la red TOR.

Ser activista o estar informado, en algunos países, te obliga a usar la Dark Web

Del activismo a lo criminal

Curiosamente, el origen de internet y de la Dark Web tienen mucho en común. Internet como tal fue creada a partir de ARPANET, la primera red de redes que empleaba el protocolo TCP/IP. El objetivo era crea un sistema de comunicaciones seguro y descentralizado que pudiera seguir en pie a pesar de perder elementos de la red en un conflicto armado. Detrás del proyecto estaba el Departamento de Defensa de Estados Unidos, si bien con el tiempo se fueron uniendo investigadores y estamentos científicos.

Por su parte, el origen de TOR (The Onion Router) también se encuentra en la búsqueda de un sistema de comunicaciones anónimo y seguro. El gobierno de Estados Unidos buscaba una manera de facilitar la comunicación anónima en países dirigidos por dictaduras o regímenes opresores. El proyecto pasó por varias manos gubernamentales hasta que se patentó. Esto generó un proyecto en paralelo, lo que conocemos como TOR, con el propósito de ofrecer esta tecnología gratis y con licencia libre.

Con el tiempo, ambas tecnologías han servido fines loables. Internet ha acercado a millones de personas, empresas y administraciones, nos ha facilitado mucho las cosas y ha democratizado la comunicación y la difusión de contenido. Sin embargo, hay quien lo usa con fines cuestionables. Lo mismo ocurre con TOR. Hay activistas y periodistas que lo utilizan para salvaguardar su identidad en países no democráticos. Pero los ciberdelincuentes también se aprovechan de su anonimato.

En Wikipedia se hace un listado de contenido que podemos encontrar en la Dark Web: Ransomware, botnets, mercados ilegales (darknet markets de drogas, medicamentos, armas, pornografía o contenido extremo, servicios relacionados con Bitcoins, grupos y servicios de hacking y equipos infectados, contenido sexual ilegal, fraudes y un largo etcétera. Vamos, todo cabe en la Dark Web, sea legal o ilegal. Algunos de los contenidos más populares son la compraventa de números de tarjetas bancarias, bases de datos con credenciales o datos personales o la venta de cuentas de servicios de pago como Spotify, Netflix o HBO.

No hace falta entrar en la Dark Web para encontrar contenido ilegal

Cibercrimen en la internet visible

La ficción y los medios de comunicación, de manera intencionada o por descuido, han simplificado lo que significan Deep Web, Dark Web y Darknet. Dándoles además una imagen que los convierte en una herramienta exclusiva de los cibercriminales. Precisamente, en 2011 se dio a conocer la Dark Web y la Darknet al gran público con el cierre de Silk Road, un mercado ilegal de drogas y medicamentos. Pero como hemos visto, nada más lejos de la realidad. Internet y lo que contiene es mucho más complejo que lo claro (Clearnet) y lo oscuro (Darknet).

Por un lado, en internet se producen ilegalidades sin necesidad de acudir a la Darknet. La difusión de claves y contenido personal sin permiso de sus dueños o la difusión de cuentas de servicios de pago, por ejemplo, están a la orden del día. También podemos encontrar foros en los que se difunde contenido ilegal o en los que se realizan intercambios que incumplen varias leyes internacionales. Pero esto ocurre en páginas web y también en redes sociales o en redes de comunicación instantánea como WhatsApp o Telegram. Incluso en portales como Facebook o YouTube se cuelan vídeos explícitos ilegales.

Por otra parte, en según qué países, acceder a la internet que todos vemos a diario implica utilizar navegadores compatibles con enlaces TOR o I2P para saltarse la censura. Medios de comunicación como BBC, Deutsche Welle, The Guardian, Propublica o The New York Times tienen versión Onion para quienes no pueden acceder a través de World Wide Web y se ven obligados al anonimato que ofrece la Dark Web a través de la Darknet.