Tabú es el nuevo éxito de las series de Netflix en Latinoamérica; en España se mantiene en HBO Max. Pero además, es un curioso fenómeno que desafía toda explicación. La obra menos conocida del creador de Peaky Blinders estrenada en el 2017 y protagonizada por Tom Hardy, pasó desapercibida por años. O en el mejor de los casos fue considerada una rareza argumental y visual con escasa resonancia más allá de Inglaterra. Pero ahora, como parte del catálogo de Netflix, se ha convertido en un éxito. 

La serie de Netflix, que tuvo una única temporada de ocho episodios, pareció formar parte de una larga lista de proyectos singulares e inconclusos. Estrenada en BBC y distribuida en EE.UU. por Fox no alcanzó la resonancia esperada. Tabú, con su aire tétrico y extravagante, muestra a un Tom Hardy que sale de sus registros habituales. La historia de James Delaney, un misterioso hombre que regresa a la Inglaterra de 1814 con una venganza a cuestas, sorprende por su oscuridad. También, por la capacidad de Steven Knight de crear una rara obra con una personalidad profunda, que desconcierta por su crudeza.

El nuevo éxito de Netflix se aparta por completo de buena parte del catálogo de la plataforma. Esta pieza siniestra, tenebrosa y salpicada de elementos en apariencia sobrenaturales, se sostiene sobre la posibilidad del secreto. En su momento, Tabú fue descrita como “un cuento victoriano en exceso macabro”. Pero en realidad es una obra madura, inquietante y densa, basada en relatos de pesadillas morales y espirituales de sorprendente inteligencia.

Ambientada en una Londres inspirada Charles Dickens, con toques de Wilkie Collins y Joseph Conrad, este viaje a las tinieblas es una historia claustrofóbica. Tabú, más allá de su aire inquietante, es también una mirada a un tipo de historia televisiva que no se atiene a convenciones. Y de allí su éxito. 

Una caja de misterios con Tom Hardy a la cabeza 

Al momento de su llegada a la pantallas de la BBC, Steven Knight ya disfrutaba del éxito de Peaky Blinders. Pero también estaba obsesionado con la posibilidad de crear una historia de aire autoral mucho más densa. De hecho, todo en Tabú parece estar relacionado con una historia fragmentada. Los ocho capítulos son prodigios de guion que enlazan varios hilos en paralelo. En especial, la percepción de un tipo de mal tenebroso que pocas veces llega a historias destinadas a todo público.

A mitad del camino entre una obra de terror psicológico y algo más denso, Tabú es una mezcla de registros

Desde la superstición, el miedo, la ultraviolencia hasta el incesto. Tabú es una obra extraña que avanza por terrenos oscuros de los que no siempre sale bien parada. Buena parte de las críticas que recibió en el momento de su estreno se debieron justamente a su incapacidad de explicar el trasfondo inquietante que la sostiene. ¿Es magia todo lo que no se cuenta en Taboo? ¿O se trata de trucos y fallos narrativos? Steven Knight tomó una serie de riesgos narrativos para crear una obra pesarosa y violenta, que se aleja de cualquier otro de sus trabajos. Y si Peaky Blinders ha sido en ocasiones acusada de romantizar y embellecer la violencia, Tabú se desliza al otro lado del espectro.

La serie es un compendio de horrores a pequeña escala. Todo envuelto en una estética sucia, terrorífica y que sublima el detalle histórico hasta un tipo de belleza retorcida. Con su aire profundamente británico pero en específico, su concepción literaria de lo moral y lo inexplicable, Tabú juega con las expectativas. Lo hace, al crear una connotación misteriosa sobre los motivos del Delaney para regresar de África, el horror que le acompaña y la posibilidad del miedo. A mitad del camino entre una obra de terror psicológico y algo más denso, Tabú es una mezcla de registros. Una que abruma por el hecho de ser inexplicable, visualmente atractiva y al final, un producto terrorífico de enorme calidad. 

Tabú, una estrella oscura en el firmamento de la BBC 

En el momento de su estreno, la obra de Steven Knight fue comparada con los dramas crepusculares de Hammer y películas de terror clase B. También, una mezcla de registros y texturas que la convirtió en un producto de riesgo. A pesar de la extraordinaria actuación de Hardy, el aire gótico cada vez más evidente y elegante, Tabú no conquistó al público. Ahora, desde el catálogo de Netflix, no solo lo hace sino que se convierte en una atractiva producción que sorprende y cautiva.

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Tabú encontró su lugar en la gran audiencia mundial de Netflix. Y quizás, también los adeptos a la oscuridad turbia, violenta y sustancial de una historia complicada de analizar.