Lo primero que sorprende de la película de Netflix Fin de semana en Croacia es su cualidad imprevisible. Eso, a pesar de parecer el heredero directo de todos los thrillers de la década de la década de los ’90 que encajan en el tropo “nada es lo que parece”. Pero esta adaptación de la novela del mismo nombre de Sarah Alderson, es mucho más que juegos de guion y una percepción extravagante del peligro. 

La película de Netflix trata de una exploración al miedo, la desconfianza y la idea del desconcierto. Todo, en medio de un escenario engañosamente inofensivo. Al final, Fin de semana en Croacia desafía las líneas argumentales convencionales para crear una idea compleja acerca de lo evidente. ¿En quién confiar cuando todos en los que deberías hacerlo te pueden traicionar? No se trata de una idea retórica, sino el hecho que los personajes se encuentran en un escenario en que cualquier error puede volverse un evento trágico. 

Claro está, desde esa perspectiva Fin de semana en Croacia parece obedecer a la idea abstracta de la paranoia. Sin embargo, el guion toma la decisión de mostrar de inmediato que algo violento ocurrirá. Que el peligro es real y que se trata de una amenaza peligrosa con la que los personajes deberán lidiar con dificultad. De la misma manera que el libro, la historia recorre lugares incómodos sobre la posibilidad del miedo y también, a la manera directa del material original.

Lo hace con la imagen de un cadáver que flota en medio de aguas oscuras y densas. Pero lo que podría ser una metáfora elaborada o excesiva información que disolviera el núcleo argumental, resulta ser una extraña variación del recurso para esta película de Netflix. Un apropiado uso del miedo y del secreto a cuestas, lo que hace que Fin de semana en Croacia pueda sostener una singular percepción sobre el temor. 

Fin de semana en Croacia, Un viaje a las sombras de Netflix

En Fin de semana en Croacia, Beth atraviesa un duro momento, cuando su amiga Kate le ofrece un breve respiro a la crisis que vive. El argumento se asegura de dejar claro que Beth realmente necesita esa breve escapada de la realidad. Esta esposa y madre de mediana edad, sufre las consecuencias de un divorcio y también, las inevitables heridas de una relación rota. A su alrededor, el mundo parece desplomarse y dejar a Beth con pocas a las cuales aferrarse. 

Por si eso no fuera suficiente, Aster, su bebé recién nacido, consume sus escasas energías. Para el personaje de Fin de semana en Croacia, agobiado por el peso de la responsabilidad, un respiro sería tan necesario como indispensable. Una idea que el film explora con cuidado. La tentación de dejar en manos de alguien más todo lo que pudiera resultar un agobio ¿En quién puede confiar Beth, ahora que todo lo que consideraba real se desploma a su alrededor?

Fin de semana en Croacia prepara el terreno que para cuando la inevitable violencia llegue, sea el doble de dura y desconcertante

Kate tiene la respuesta en esta película de Netflix. No solo se ocupa de pagar todo lo referente al casi improvisado viaje sino de asegurarse, que para Beth la experiencia sea liberadora. Hay algo engañoso y levemente confuso en esa frenética sensación de romper lazos y avanzar hacia lugares nuevos. Y para Beth, todo lo que ocurre tiene el doble rasante de vivir con la intensidad de la época universitaria en que ambas se hicieron amigas. Fin de semana en Croacia prepara el terreno que para cuando la inevitable violencia llegue, sea el doble de dura y desconcertante. Pero mientras eso ocurre, la película cumple con todos los pasos inevitables de la desgracia a punto de estallar. Con el brillante escenario de Split (Croacia) como telón de fondo, las improvisadas vacaciones no pueden ser más exuberantes . Y la presencia de Kate más necesaria. 

Es entonces, cuando Beth se encuentra en medio de un hecho violento en el que debe decidir que es cierto y que no es. ¿Parece un inevitable cliché sobre pequeños horrores al acecho? Fin de semana en Croacia es mucho más que eso, en la medida que logra establecer que la confianza y la paranoia, son caras opuestas de la misma moneda. Y además, empujar a sus personajes a zonas oscuras en las que deberán atravesar cuestionamientos desconcertantes para salvar la vida. Eso, mientras la fotografía y el contexto se vuelven súbitamente más tenebrosos. Lo que parecía un juego de espejos, se convierte en una revisión siniestra sobre la posibilidad de la violencia y sus límites. 

Las puertas se cierran en medio del miedo 

Beth, aterrorizada, en terreno desconocido y en medio de la incertidumbre deberá descubrir qué ocurrió una noche. Y la pregunta se repite, ¿esta no es la premisa de la mitad de los thriller del finales de la década de los noventa? No todo es tan sencillo cuando la directora subvierte el sentido del miedo — el absurdo y la búsqueda d respuestas — además, de crear algo nuevo. 

Desde el horror a la rabia, la capacidad de los personajes de resultar verosímiles, lo es todo en Fin de semana en Croacia. Y no sólo lo logran, sino que tanto el elenco como el inteligente guion, transforman una historia tópica en una mirada al miedo efectiva. ¿En quién creer cuando el peligro está en todas partes? La película no responde de inmediato la cuestión, pero sí profundiza en la raíz de la desconfianza. Su mayor logro.