Hace un par de semanas, Disney compartió la primera imagen de Tom Hanks interpretando a Geppetto, el carpintero que al ver una estrella fugaz pidió un deseo. Quería que la figura que acaba de crear tuviera vida propia. El frame sirvió como carta de presentación para el próximo live action que será estrenado. Se trata de Pinocho, la película que volverá a contar la historia de uno de los personajes más importantes dentro de los relatos infantiles, tanto en clave literaria como en el cine, mediante distintas adaptaciones. 

Su relato volverá a ser contado porque hace muchos años, en 1940, Disney lanzó una película animada del personaje. Puede que esta, después de otras adaptaciones, sea la más reconocida en relación con el personaje. Esa película también tiene un significado particular para la empresa: fue el segundo largometraje que desarrollaron y el primero lanzado en plena Segunda Guerra Mundial. Se intuye que la compañía está cuidando cada detalle sobre la nueva producción. A Pinocho le siguieron, a través de los años, un puñado de producciones que con el tiempo también se convirtieron en clásicos animados.

Son películas que, más allá de la licencia interpretativa en la adaptación –los cuentos suelen ser más crueles–, marcaron a varias generaciones de niños y adultos. Son producciones de época, tanto por sus dibujos como por la historia; incluso, varias de esas figuras animadas en la actualidad son vendidas como parte de la cultura pop, aunque hayan pasado varios años desde su estreno. Se han quedado en el imaginario colectivo y esta es una de las razones por las que hacer live actions de este tipo de films es un riesgo.

Los live actions
y los antecedentes recientes a Pinocho

Disney ha hecho al menos 17 adaptaciones de películas animadas en formato live actions. Su historia dentro de estas versiones comenzó en 1994, con El Libro de la Selva: La Aventura Continúa. La producción, dirigida por Stephen Sommers, venía relacionada con el film original titulado El libro de la selva, estrenado en 1967. La más reciente de las reinterpretaciones de este estilo fue Cruella, dirigida por Craig Gillespie e inspirada en los 101 Dálmatas. Antes de esta última, vino Mulán, dirigida por Niki Caro, con base en la historia animada estrenada en 1998.

Mulán. Fotografía de Disney Enterprises.

En el caso de Mulán y Cruella, Disney realizó algo interesante en relación con los otros estrenos. El primero fue parte de una estrategia de promoción y captación de suscriptores, condicionada por la pandemia ocasionada por la COVID-19 y el aislamiento como medida sanitaria. El segundo film no formó parte de una campaña dirigida a captar nuevos usuarios pero sí representó una vuelta de tuerca en relación con las adaptaciones más tradicionales. Se basó en el personaje de una historia, con una mirada, una perspectiva clara, antes que volver a contar un relato adaptado en clave animada. 

En cambio, el grueso de las otras adaptaciones han sido más conservadoras y clásicas en relación con la obra que les precedió. Quizá solo Dumbo, dirigida por Tim Burton, permite varias lecturas más. La ascendencia de la obra animada parece haber condicionado cualquier posible revisión en muchos casos. Por tanto, varias de ellas parecen un calco de la historia presentada a través de dibujos. La referencia reciente más clara, en ese sentido, es El Rey León (2019), dirigida por Jon Favreau, después de que la película animada fuera lanzada en 1994 para convertirse en uno de los clásicos más importantes de Disney. 

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El riesgo con los live actions

La sensación, en la mayoría de los casos, es que la adaptación live actions no hace justicia a la versión animada. Llegados a este punto conviene tener en cuenta algunos matices. El primero de ellos: una versión no tiene por qué rendir tributo a otra y puede que, desde la crítica, también deberían ser vistas como producciones independientes. Aún teniendo similitudes, funcionan como relatos distintos. A su vez, este aspecto tiene un pero: es probable que el grueso de los seguidores vaya a ver una película porque le gustó la otra.

Entonces, su mirada está condicionada por este detalle. En esto se involucra otra cuestión: muchas de las películas live actions que Disney ha adaptado en los últimos años son parte de la infancia y los primeros años de adultez de muchas generaciones. Representar esa historia es remover recuerdos, es entrar en una zona donde las emociones son el primer filtro al momento de validar o no esa nueva obra. Puede que esto no sea lo más justo, pero son las leyes del mercado. 

Con base en eso, lo hecho con Cruella y Mulán en los últimos, y con Maléfica (Robert Stromberg, 2014) tiene aún más valor. Si bien conservan referencias de las historias animadas, el marco semántico en el que funciona todo relato, intentan (y logran) diferenciarse. La primera lo hace con solvencia, hasta convertirse en un film que vive más allá de la historia animada porque cuenta el origen de uno de los personajes de esa narración; ocurre algo similar con Maléfica. No recrea de vuelta la película. El segundo, si bien tiene más relaciones con la producción animada, se toma varias licencias para darle al espectador algo nuevo.

Disney y la oportunidad presente

Si se tomamos Cruella y Mulán como ejemplos, Disney podría encontrar una vía sobre la cual construir sus nuevas adaptaciones. Estas producciones, sin dejar de ser fieles a un universo construido con anterioridad en otro formato, refrescan parte de esos relatos a partir de algún detalle o explorando una historia específica. ¿Qué ocurrió en estos casos? El espectador que creció viendo aquellas producciones encontró una serie de referencias que conocía y, a su vez, halló algo nuevo. 

En otros casos, parte de la experiencia se trunca al tratarse de historias con muchas similitudes. Puede que en contadas ocasiones, cuando se pone en la balanza la emotividad y la representación de una historia, gane lo segundo. Si la industria en general (y Disney en particular) desea volver sobre estos clásicos animados y evitar lo anterior, una manera de hacerlo sin cortar los lazos con esa tradición y a su vez proponer un discurso nuevo puede ser a través de esos personajes con potencial y que no fueron explorados en toda su dimensión o incorporando otros elementos narrativos, como la fantasía.

A Walt Disney se le atribuye la frase de que “cuando tienes curiosidad, encuentras muchas cosas interesantes que hacer”

Pinocho, dirigida por Robert Zemeckis, volverá a traer este debate sobre la mesa. A Walt Disney se le atribuye la frase de que “cuando tienes curiosidad, encuentras muchas cosas interesantes que hacer”. Con base en esa premisa, la empresa podría adentrarse en esos clásicos animados y hallar aquello con potencial narrativo. Así, traer de vuelta esas historias de una forma original, como ya ha hecho en algunos casos.

¿Un resultado posible? Convocar a aquellos que crecieron con ellos y cultivar parte de ese legado en otras generaciones. El formato animado tiene un encanto único. Se puede explicar desde el tipo de dibujo hasta la etapa de vida en la que se suelen descubrir, la infancia. El recurso permite una serie de libertades que, quizá, en otro lenguaje puede no funcionar. Por eso conviene respetarlo y, si se trata de tomar relatos de ese estilo, mirarlos desde otro lugar para que crezcan y descubran algo que no fue presentado con anterioridad.