Buena parte de la tercera temporada de Killing Eve fue una búsqueda de identidad que puso a Villanelle (Jodie Comer) en la singular situación de replantearse su propia historia. Por supuesto, Carolyn (Fiona Shaw) no dejó de recordarle que su único objetivo es matar. Tantas veces y en todas las formas en que fuera necesario. Pero para la asesina más querida de la cultura pop reciente, las cosas no son tan sencillas. 

La búsqueda de identidad de Villanelle es una idea global sobre el control de su vida. Había una nueva perspectiva, una decisión en puertas, una búsqueda incómoda de una percepción más elaborada sobre sí misma. A la vez, una serie de preguntas acerca de Eve (Sandra Oh) y la forma en que ambas se relacionan. Unas preguntas que están destinadas a no responderse de inmediato.

La escena del capítulo final de la tercera temporada no solamente marca un punto y aparte, también define toda la temporada. Específicamente, cuando Eve y Villanelle están en un salón de baile y salen a la luz las confesiones de Villanelle sobre sus crímenes. En ese momento, la larga búsqueda y persecución entre ambas llegó a un nuevo punto.

Por otro lado, la creciente tensión que une inevitablemente a los personajes les llevará al desastre. Al fin y al cabo, Killing Eve se basa en la capacidad de los protagonistas para sostener una historia dura y tensa. Para que la enrarecida atmósfera que une a dos mujeres brillantes se sostenga durante el mayor tiempo posible. De modo que la cuarta temporada tiene la extraña responsabilidad de cerrar no sólo la historia, sino la manera en la que se relacionan Eve y Villanelle.

Con una historia llena de altibajos (se insistió que la tercera temporada había sido innecesaria y blanda), Killing Eve llega al final con un puñado de preguntas. En especial, la forma de resolver los conflictos entre dos personajes poderosos, descubrir el enigma de los Doce, incluso la muerte de Konstantin (Kim Bodnia) a manos de Carolyn. ¿Qué puede esperarse del final de una historia en la que la mayoría de los personajes están destinados a un destino brutal?. ¿Cumple Killing Eve con todas las promesas de ese desconcertante capítulo final de la tercera temporada? 

Dos rostros sobre un eje de sombras 

En realidad, la cuarta temporada (y final) de Killing Eve, es más una recapitulación que una conclusión. Y eso es evidente desde los primeros minutos de su primer capítulo. El tiempo ha transcurrido  — ¿semanas, meses? la serie no lo aclara — y sus personajes han evolucionado. Como si se tratara de un recorrido a través de los mundos misteriosos de cada uno de ellos, la serie les muestra en nuevos escenarios. Por un lado, Villanelle atraviesa un viaje de introspección y comprensión de sus capacidades. Algo que buena parte de la crítica y los fanáticos de la serie habían esperado durante las últimas temporadas. 

Al otro lado del espectro, Eve se encuentra todo lo lejos que puede estar del riesgo y el peligro. O al menos, de la sensación de inminente acecho que fue el músculo de su personaje en los anteriores capítulos. Poco a poco se vuelve evidente que la serie intenta dar a entender que los conflictos están, por ahora, en suspenso.

O al menos detenidos mientras sus personajes encuentran un tránsito de regreso a un espacio ciego. Incluso Carolyn parece haber perdido el impulso. ¿Significa que finalmente Killing Eve explorará una nueva dirección? Al menos, para el primer tramo de su capítulo inicial, es la premisa más evidente. 

La obsesión tiene solo un camino

Pero por extraño que parezca, lo que se muestra como un desvío del centro medular de Killing Eve, termina por ser una trampa que se revela en el primer episodio. Una no demasiado ingeniosa para dejar claro que la serie sigue el argumento desgastado de sus anteriores temporadas. De hecho, una de las cosas más sorprendentes de los nuevos capítulos es la rapidez a la que regresa a su trama principal.

De nuevo, la obsesión entre Eve y Villanelle es obvia; la necesidad de Carolyn de comprender el alcance y la influencia de los Doce, también. Así que la pregunta de la serie es evidente. ¿Cambió en algún punto de escenario?, ¿se transformó hacia algo más ingenioso basado en sus temas habituales? Resulta complicado y decepcionante que la serie evite mostrar cualquier cambio a su historia básica. Incluso los puntos novedosos parecen llegar a la misma estrategia en la que se ha movido desde su inicio. 

Al final, una gran sonrisa de satisfacción 

Por supuesto, hay un toque de autocomplacencia en regresar al astuto juego del gato y el ratón entre dos mujeres formidables. También, a una renovada puesta en escena que recupera de su primera temporada el gusto por lo simbólico y lo tenebroso. Killing Eve basa su eficacia en la resplandeciente química entre sus personajes. Asimismo, en su capacidad para hacerse más retorcida a medida que la muerte acecha y la necesidad de violencia se hace cada vez más satisfactoria.

De hecho, en sus mejores momentos, esta tenebrosa visión sobre el poder, el amor y la atracción física e intelectual alcanza niveles brillantes. Pero para cuando el argumento avanza, es evidente que esta despedida  — que responde las preguntas del final de temporada de la tercera temporada — es conveniente. No especialmente imaginativa o poderosa. Pero es necesaria para acabar con la relación extraña con una serie inclasificable que se despide recordando su esencia.

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El humor retorcido, la química casi erótica entre el elenco, la malicia escondida al margen. ¿Es suficiente algo semejante para una serie como Killing Eve? Al menos es respetuoso con una de las mejores historias de la década. Queda por ver si los episodios (que se estrenarán semanalmente), sostienen el lenguaje elaborado y la búsqueda de un mensaje elocuente. Algo más que suficiente para una despedida.