Cada generación tiene su marca fetiche. O al menos su estilo predilecto. Los que ya rondan la treintena, o han rebasado ese umbral psicológico, aún recordarán los desvaríos de Loreak Mendian o Gurú –jamás te lo perdonaremos Fernando Alonso–. De sudaderas con logos iba el asunto. Ahora, la cosa no ha cambiado demasiado. Cortejados en este caso por influencers, las marcas de ropa como forma de asociación e identificación siguen estando en boca de todos. Aún podemos ver colas infinitas en las tiendas de Blue Banana para hacerse con una sudadera impresa con la gran equis o las grandes colas para el calzado deportivo de las grandes marcas. De forma paralela, y a través de Internet en este caso, Nude Project tiene su propio ejército de fans con sus propias colas virtuales. A su manera, sin duda alguna. Porque en esto de la moda aún hay mucho camino por delante.

Fundada en 2019, esta nueva marca de ropa de streetstyle goza de buena salud. Y la razón es sencilla: Nude Project ha buscado a su público objetivo en el lugar donde está. Sin tienda física, al menos hasta ahora, el proyecto fundado por Bruno Casanovas y Alex Benlloch nace y crece en Instagram y TikTok listo para la Generación Z y las que vengan detrás. Han sabido hablar el idioma de sus compradores potenciales.

Con un público objetivo de entre 16 y 28, amantes de las sudaderas unisex, han conseguido el hito de vender casi 700 unidades de su modelos en menos de una hora. El 50% en España, el resto de Europa con Alemania, Holanda y Francia a la cabeza. "Somos una marca Streetwear, un estilo mucho más avanzado en Europa, pero que está empezando a llegar a España y estamos aquí de los primeros", explica Casanovas a Hipertextual.

Nacidos en un viaje, una empresa de la vieja escuela

La historia de Nude Project parece una de tantas otras del universo startup. Cambiamos garaje en la casa de los padres por una residencia de estudiantes –a la que le sumamos las redes sociales– y ordenadores de última generación por sudaderas de moda para jóvenes.

Bruno Casanovas vivía en Balí y Alex Benlloch en Burgos. Ambos amantes del contenido "diferente" en las redes sociales terminaron conectando de alguna manera a través de Instagram. Un viaje conjunto a Tenerife para conocerse en persona terminó perfilando la idea inicial de negocio.

Casanovas venía del universo de la moda y Benlloch tenía predilección por el e-commerce. "Fue un macth bastante perfecto", apunta Bruno. De ahí nacía el germen de Nude Project al menos en espíritu. Ambos andaban por esas fechas estudiando marketing –un dato a tener en cuenta para calcular su tierna edad–. "Llegó un punto en el que no podíamos estar con la carrera y trabajar. Tenía miedo de que si hacía ambas cosas al final no iba a salir bien ninguna de las dos; fue una decisión muy dura", explica. A colación sale a relucir la madre de Bruno, no muy de acuerdo con la decisión en aquel momento.

Lo que Inditex no necesita, pero el resto sí y Nude Project también

Inditex, con su imperio liderado por Zara, Stradivarius, Oysho y una larga lista de marcas que siembran las grandes calles comerciales, ha conseguido lo que tantos otros sueñan. Con un gasto en marketing prácticamente nulo, han conseguido estar en boca de todos. No es fácil lograr ese hito y el esfuerzo para competir es atroz.

"El sector de la moda es muy difícil y eso lo aprendimos rápido. Entendimos por qué hay grandes y por qué hay marcas que no llegan", explica Bruno. Es una carrera de fondo en la que el gigante de la moda siempre estará a la zaga de sus movimientos.

Nude Project tiró por los contenidos digitales como forma de salir a la superficie; de esta forma lograron casi 100.000 seguidores en Instagram en apenas 10 horas. A diferencia que el ideal de Ortega, Nude Project primero creó una comunidad, después llegaría la ropa. Nada como el sentimiento de pertenencia como para sentir la necesidad de tener algo.

"Hemos tenido que rompernos la cabeza para encontrar una manera para hacerlo orgánico. Que te compran porque se sienten parte de un nucleo y de una forma de pensar".

Bruno Casanovas

Y en 2020, con apenas un año de vida, llegó la pandemia. Y para Nude Project, a diferencia de otras marcas del sector de la moda que vieron como sus ventas se iban al traste, las cosas tenían buena pinta. "No notamos del todo la pandemia porque estábamos creciendo mucho en ese momento. Teníamos stock para abastecer toda la demanda, aunque sí hemos tenido problema en la producción porque no sabías si te iba a llegar la ropa o no. Pero no notamos ningún bajón", apunta Bruno. El resultado son 2,5 millones de ingresos como objetivo, logrados de sobra. Sin ninguna aportación de capital por parte de inversores.

"De momento queremos que el crecimiento sea orgánico, que creo que al ser tan jóvenes nos viene bien crecer de esta manera para que nos dé tiempo para nosotros crecer como socios. Cuando entra mucho dinero a los socios no les da tiempo a llevar y crecer con la empresa".

Bruno Casanovas

Con todo, las redes sociales fueron esenciales para esta historia. Con contenido diario, Nude Project tenía la necesidad de hacer que sus seguidores se sintiesen cerca. Como si de un influencer se tratase. Influencers con los que, dicho sea de paso, han trabajado bajo el modelo del gifting –o regalo sin compromiso a ser expuesto en sus cuentas públicas–. Don Patricio, Manu Ríos, de la Osa, Martina Cari, Carla Díaz… Son solo algunos de los que han publicado contenido que ha ayudado a lanzar la joven marca de moda.

Fast Fashion y la moda para siempre

El concepto de la moda sostenible es, desde hace tiempo, una impronta que hasta los adalides del fast fashion han querido hacer suyo. Y no es para menos. Según Fast Feed Grinded, se producen 100.000 millones de prendas al año en todo el planeta. Y un total de 23.500 millones de zapatos. El 95% de estos últimos termina inutilizado en vertederos y casi el 40% del textil nunca llega a ser usado. Son cifras que las nuevas marcas deben de tener en cuenta.

Nude Project no tuvo unos primeros pasos certeros en este caso. "Ahora tenemos mucha calidad, pero al principio no era así; comprábamos en China e imprimíamos aquí como podíamos", apunta Bruno. Ahora la cosa ha cambiado porque el público objetivo así lo quiere.

"Aunque no es el foco de nuestra marca, tenemos que tocar ese tema sí o sí, porque la gente quiere que las prendas les duren muchos años", explica. De hecho, ahora han pasado a fabricar en Portugal, a investigar el asunto de los algodones orgánicos y a huir de esa moda efímera y poco sostenible que tiene al planeta en jaque desde hace algunos años. Concretamente desde el año 2000, momento en el que suplicó una producción mundial que ahora busca cifras más sensatas.