Madre/Androide, de Mattson Tomlin para Netflix, asume el futuro como una tragedia a punto de estallar. Y la premisa sería válida, a no ser que de nuevo el director comete el mismo error que con el guion de Project Power, también de Netflix. La de descuidar casi de manera negligente a sus personajes. Mientras la premisa de un futuro asediado por una rebelión de la inteligencia artificial se muestra, los rostros que deberían narrar el horror se desdibujan. 

Lo hacen, a medida que la película decae en interés, inteligencia e ingenio hasta convertirse en otra distopía genérica. Para Tomlin, parece de considerable interés relatar la idea sobre el fin del mundo tal y como lo conocemos, desde las consecuencias inmediatas. Y el gran problema de Madre/Androide es que termina por debatir esas ideas en medio de un espectáculo sin profundidad que no profundiza en sus aspectos más importantes

Eso, a pesar de que la actriz Chloë Grace Moretz brinda una actuación comedia y sólida en medio de un escenario caótico. Pero el problema radica en que el guion es incapaz de establecer tensión o una atmósfera creíble. Georgia, el personaje de Moretz, tiene un más que preocupante parecido con Evelyn Abbott de Emily Blunt, rostro visible de la duología Un Lugar en silencio

Pero mientras Blunt logra utilizar el contexto para mostrar una emoción creíble, intensa y por momentos abrumadora, Moretz batalla con las inconsistencias del argumento. Madre/Androide no logra remontar la idea central de mostrar y relatar lo que ocurre, a la vez de explorar a sus personajes. De hecho, la gran mayoría de ellos parecen excusas para explosiones, golpes de efectos y al final, trucos de guion previsibles. 

Madre/Androide, un trayecto hacia ninguna parte 

Si algo se echa de menos en Madre/Androide es el sentido del propósito. Eso, a pesar que Georgia, embarazada y a punto de dar a luz, podría ser el centro de una pulsión de urgencia legítima. El personaje trata de escapar junto a su novio Sam (Algee Smith) de un Apocalipsis de dimensiones catastróficas. Pero el burdo guion, también firmado por Tomlin, atraviesa con dificultad los clichés más notorios de la ciencia ficción. Sin alma, brillo o coherencia, lo que podría suponer una travesía angustiosa, se convierte en una carrera de obstáculos a ninguna parte. 

El argumento parece incapaz de analizar la idea central  — la rebelión de la inteligencia artificial —  y utilizar lo que eso podría significar a su favor. Después de todo, en su primera escena deja claro que los robots  — una mezcla de servidumbre con asistentes de alta tecnología —  forman parte de la vida humana.

Pero ¿qué tanto lo son?, ¿qué ha ocurrido en el intervalo del primer tramo film y el estallido del conflicto?; La película no tiene muy claro hacia qué lugar dirigir sus esfuerzos. Y el desorden es tan claro, que cuando la historia utiliza el embarazo de Georgia para contar el tiempo, no puede profundizar en el entorno. El film tiene algo de incompleto, de construido a las prisas, pero en especial, de hacer énfasis en los lugares equivocados. 

Para su segundo tramo y cuando el guion intenta un giro en apariencia sorprendente, la película perdió toda su fuerza. En especial, porque intenta replicar el poder y lo terrorífico de otras películas, en que el escenario de exterminio cambia con rapidez. Sin una pieza concreta sobre la cual apoyarse, Madre/Androide termina por ser una mezcla poco afortunada de tonos y puntos bajos. Y en el mejor de los casos, un repaso a referencias mucho mejores sobre el tropo de la inteligencia artificial en rebeldía. Quizás, su único lugar de interés.